Ciudades cubanas carecen de opciones sostenibles en energía

Hoy las ciudades cubanas, que acogen 76 por ciento de la población de 11,2 millones de habitantes, dependen de la electricidad generada con hidrocarburos y gas licuado, petróleo y querosén para cocinar los alimentos, entre otras causas por la casi nula oferta de equipos que usen radiaciones solares, vientos u otras fuentes no convencionales.
Rai García, uno de los dos socios fundadores de la empresa ecológica Arbio, especializada en el diseño, ejecución y mantenimiento de ecosistemas verticales, atiende un jardín en construcción ubicado en el interior del proyecto cultural Fabrica de Arte cubano, en La Habana, en Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Cuando se pasea por las ciudades cubanas, resulta raro ver algún calentador solar de agua en sus azoteas u otros indicios del consumo de energías limpias, mientras que en las zonas rurales sí aprovechan cada vez más el biogás y programas estatales instalan paneles fotovoltaicos en comunidades aisladas.

Hoy las urbes cubanas, que acogen 76 por ciento de la población de 11,2 millones de habitantes, dependen de la electricidad generada con hidrocarburos y gas licuado, petróleo y querosén para cocinar los alimentos, entre otras causas por la casi nula oferta de equipos que usen radiaciones solares, vientos u otras fuentes no convencionales.

Este país insular caribeño obtiene más de 95 por ciento de su electricidad de combustibles fósiles.

“No vemos en Cuba una diversidad de opciones de tecnologías sostenibles o ecológicas. Es una tarea pendiente”, dijo a IPS la arquitecta Alejandra Pino, que junto a Rai García, impulsa desde 2016 un negocio privado, que es pionero en instalar los llamados jardines verticales, que crecen sobre paredes y fachadas de edificaciones.

La propuesta de Arbio, como Pino y García nombraron su emprendimiento, funciona como “una doble piel que actúa como un efectivo aislante térmico” y “puede disminuir en cinco grados Celsius la temperatura interior de los locales”.

Para hacer más verde y amigable la ciudad, los dos socios esperan por proyectos de mayor envergadura que demuestren su aporte en la sostenibilidad energética. “Si instaláramos jardines en las fachadas más soleadas de un inmueble climatizado, sin dudas el ahorro energético sería notable”, explicó Pino.

La emprendedora observa un fuerte desconocimiento sobre ecología en la población. “Los jardines que hemos instalado han sido solicitados por sus valores estéticos y ambientales, y no por su impacto ecológico, aunque este es un valor añadido que nosotros nos encargamos de resaltar”, detalló.

Arbio sustituyó el uso de plástico por un material más amigable  para el ambiente, pero Pino estimó que sus jardines pudieran ser más ecológicos si contaran con otras ofertas en el mercado local. “Si el sistema de riego pudiera funcionar con energía solar sería un sueño alcanzado”, puso como ejemplo.

Esa aspiración de Pino pudiera realizarse este año gracias al gubernamental Programa de Fuentes Renovables de Energía , que persigue elevar del cuatro por ciento actual a 24 por ciento en 2030  la electricidad generada con fuentes renovables.

El plan incluye el incremento de ventas minoristas de calentadores solares y, por vez primera, la posibilidad de adquirir sistemas fotovoltaicos con capacidad de conectarse a la red eléctrica.

Cada vez más extendidos en el mundo, estos sistemas fotovoltaicos se alimentan de paneles solares colocados sobre todo en las azoteas de las viviendas unifamiliares o multifamiliares y otras edificaciones, con el fin primordial del autoconsumo.

Un trabajador manipula un panel solar en la planta de ensamblaje de la Empresa de Componentes Electrónicos “Ernesto Che Guevara”, en la occidental provincia de Pinar del Río, en Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS
Un trabajador manipula un panel solar en la planta de ensamblaje de la Empresa de Componentes Electrónicos “Ernesto Che Guevara”, en la occidental provincia de Pinar del Río, en Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Pero se integran a la red, a la que aportan los excedentes, en un modelo conocido como de generación distribuida o descentralizada. De esa manera, las familias y otros grupos pequeños son más autónomas en energía, cuentan con dos fuentes de abastecimiento eléctrico y obtienen ganancias con la venta del excedente.

“Hay una política ya aprobada para la venta a la población de sistemas fotovoltaicos de inyección a la red de un kilovatio. Las materias primas deben estar aquí sobre septiembre u octubre para hacer los primeros 850”, dijo a periodistas Iván González, director general de la Empresa de Componentes Electrónicos “Ernesto Che Guevara”.

Ubicada en la provincia más occidental de Pinar del Río, esta planta estatal produce, ensambla, diseña y repara equipos electrónicos y asociados a las energías renovables, además de plantas potabilizadoras y desalinizadoras de agua. Es conocida por su línea de paneles solares con materias primas de China, de los que produce 60.000 al año.

Sin ofrecer detalles, González anunció en mayo en la televisión estatal ese proyecto, que  significa un cambio en la política energética cubana, que se ha caracterizado por recambios gratuitos y ventas masivas con facilidades de pago de luminarias y equipos electrodomésticos ahorradores a toda su población.

En esa forma, incorpora más a las personas y su capital en la meta de reducir la dependencia de los combustibles fósiles,  ya que con el petróleo local se cubre 50 por ciento de la electricidad y Cuba está obligada a importar crudo de socios como Venezuela, su mayor proveedor actual y cuyo suministro ha caído y es cada vez más inestable.

“Se trata de un sistema de un kilovatio, son cuatro paneles, con igual cantidad de inversores y estructuras, un contador que indica cuánto estás aportando (a la red), cuánto gastando…”, respondió a IPS el directivo, quien aseguró que el proyecto contempla el pago de los excedentes por parte de la estatal Unión Nacional Eléctrica.

“Estamos hablando de precios entre los 5.000 y 7.000 pesos cubanos”, adelantó, sobre los posibles costos de este sistema en las tiendas minoristas, lo que significa entre 200 y 280 dólares, en un país donde el salario estatal promedio equivale a 29 dólares mensuales, pero donde también prospera un sector privado emergente.

Fuentes oficiales informaron que este año se producirán además 100.000 calentadores solares de agua para entidades estatales y venta minorista.

Un calentador solar de agua, instalado en la azotea de una vivienda, en el municipio de Playa, uno de los que conforman La Habana, en Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS
Un calentador solar de agua, instalado en la azotea de una vivienda, en el municipio de Playa, uno de los que conforman La Habana, en Cuba. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

“Es necesario un diagnóstico previo del estado de cada edificio donde estas tecnologías vayan a ser instaladas”, aconsejó la arquitecta Dania González, que integra la no gubernamental Cubasolar. También requirió que se incorporen en las edificaciones “de manera que no afecte la imagen urbana, lo cual es posible”.

La especialista explicó a IPS que “es más fácil concentrar las instalaciones fotovoltaicas en grandes parques en zonas rurales abiertas para su operación y administración”. “En las ciudades, aunque tienen gran potencial y consumidores cercanos, se complejiza la administración y mantenimiento descentralizado”, contrastó.[related_articles]

Además, precisó que en las ciudades cubanas hoy solo se usan los calentadores solares de agua en el sector público, como hospitales, hoteles y guarderías, y en el residencial, con énfasis en los barrios de edificios construidos por el ejército y el Ministerio del Interior para sus integrantes.

“Más recientemente, se han instalado sistemas fotovoltaicos, que pueden estar o no conectados a la red”, concluyó González, quien defiende la extensión de los calentadores solares de agua “porque a pesar de lo cálido del clima las personas en Cuba acostumbran a bañarse con agua caliente”.

Olvidada en la contabilidad energética cubana, como pasa en la mayoría de los países, el caldeo solar gana popularidad en América Latina, donde Brasil ocupa el primer lugar en la región en capacidad instalada de estos equipos.

“Sería lo mejor poner paneles solares en las casas. Dejas de ser una carga para el Estado, que gasta mucho combustible en energía eléctrica”, expresó a IPS la ingeniera Lourdes Gómez, que presentó desde 2014 junto a otros socios una cooperativa para instalar y reparar equipos de tratamiento de agua.

Gómez y su colectivo esperan por la aprobación de las autoridades a su emprendimiento para cubrir el déficit en servicios de mantenimiento, instalación y reparación a equipos como los calentadores solares de agua, hasta el momento la única tecnología con base renovable vendida en las tiendas minoristas.

“Hoy las ciudades no son sostenibles. Decimos que Cuba es un eterno verano… pero no aprovechamos ese sol para abastecernos el año entero de energía”, opinó Gómez, antes de proponer la divulgación de beneficios ecológicos y económicos para que la población se decida a comprar estos equipos.

Debido a atrasos en la evaluación, aprobación y ejecución de los créditos externos, trascendió en la última sesión parlamentaria que el programa para impulsar las fuentes renovables generó menos avances de los planificados para el primer semestre de 2017.

Editado por Estrella Gutiérrez

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