Terremotos estresan atención a desastres en México
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Terremotos estresan atención a desastres en México

El terremoto del martes 19 derrumbó medio centenar de edificios de Ciudad de México y dejó inhabitables otros muchos. En la imagen, bomberos inspeccionan un día después un edificio de apartamentos que quedó a duras penas en pie pero que tendrá que ser derribado, en un barrio del centro de la capital mexicana. Crédito: Emilio Godoy/IPS

El terremoto del martes 19 derrumbó medio centenar de edificios de Ciudad de México y dejó inhabitables otros muchos. En la imagen, bomberos inspeccionan un día después un edificio de apartamentos que quedó a duras penas en pie pero que tendrá que ser derribado, en un barrio del centro de la capital mexicana. Crédito: Emilio Godoy/IPS

MÉXICO, 20 sep 2017 (IPS) - La zona central de México trataba este miércoles 20 de comenzar a recomponerse del mortífero terremoto de 7,1 grados de magnitud que devastó el día antes a la capital del país y los vecinos estados de México, Morelos y Puebla.

En Ciudad de México el aire huele a polvo, destrucción, muerte, pánico y esperanza, todo ello sembrado por el sismo, cuyo epicentro se situó en Morelos –a unos 120 kilómetros al sur de la urbe- y que según cifras oficiales provisionales dejó al menos 230 muertos, cientos de heridos y 44 edificios capitalinos derrumbados.

“Todo está cuarteado (agrietado), todo está por caerse. Ahora no sé qué voy a hacer”, relató a IPS, agitada y con ojos vidriosos, Verónica, habitante de un edificio nuevo a punto de colapsar en el sur de la capital, que tiene casi nueve millones de habitantes, que al sumar su área metropolitana se elevan a casi 22 millones.

La mujer, madre de tres hijas y que prefirió resguardar su apellido, vivía sola en el inmueble desde hace dos años y rescató cosas valiosas, como documentos, joyas y una televisión. Su opción temporal es vivir con una de sus hijas en el contiguo estado de México.

En Ciudad de México, las delegaciones (municipios) Benito Juárez  Cuauhtémoc –dos de las 16 en que se subdivide la metrópoli y que juntas suman casi un millón de habitantes- resultaron las más golpeadas, junto con zonas de los estados de Morelos y Puebla.

La urbe se yergue sobre un lecho lacustre, constantemente dragado desde la colonización española del siglo XVI, y lo que provoca mayor sensibilidad a los movimientos telúricos.

La Secretaría (ministerio) de Gobernación declaró el mismo martes emergencia extraordinaria para la capital y 150 municipios de Guerrero, Morelos y Puebla afectados por el temblor. De esa forma, esos territorios pueden optar al Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden).

Berenice Rivera es costurera y, al temblar, la evacuaron con sus compañeras. “Corrí a recoger a mis hijos a la escuela y regresé a casa a revisar que todo estuviera bien”, contó a IPS esta madre de una niña y un niño.

Ante el daño estructural de un elevado edificio vecino, Rivera considera difícil habitar en su complejo habitacional, donde viven unas 80 personas. “Vamos a sacar cosas y ver dónde nos reubicamos, es lo que toca”, dijo resignada.

Los albañiles fueron los primeros en acudir al rescate de personas, abandonaron las construcciones en las que trabajan y con sus manos como picos y palas empezaron a remover el ripio para encontrar a sobrevivientes. Fue el comienzo de una corriente de apoyo ciudadano que no hace más que extenderse por calles y avenidas.

Un rescatista trata de asegurar el perímetro de un edificio caído el 19 de septiembre por el sismo de 7,1 grados, para evitar que alguno de sus antiguos residentes intente penetrar en sus ruinas, como ha sucedido en muchos de los edificios colapsados por el terremoto en Ciudad de México. Crédito: Emilio Gody/IPS

Un rescatista trata de asegurar el perímetro de un edificio caído el 19 de septiembre por el sismo de 7,1 grados, para evitar que alguno de sus antiguos residentes intente penetrar en sus ruinas, como ha sucedido en muchos de los edificios colapsados por el terremoto en Ciudad de México. Crédito: Emilio Gody/IPS

Como ocurrió luego del temblor de ocho grados de magnitud del 19 de septiembre de 1985, que arrasó la ciudad y dejó unos 25.000 muertos según cálculos no oficiales, los ciudadanos se movilizaron masivamente para ayudar en la remoción de los cascotes y rescatar personas, en una contribución solidaria, valiente y a menudo desorganizada.

El presidente Enrique Peña Nieto expresó “mi admiración a la unidad, trabajo y generosidad con que una vez más miles de mexicanos han respondido a la emergencia”, al recoger un sentimiento de orgullo colectivo por la reacción ciudadana ante el desastre.

Aunque los servicios básicos ya están restablecidos, las actividades económicas, comerciales y educativas están paralizadas. Las tareas se concentran en hallar a más personas bajo los escombros, evaluar construcciones dañadas y, según sea el perjuicio, demolerlas, reubicar a los afectados y empezar a planear la reconstrucción.

Pero más edificaciones se caen por el menoscabo padecido. Además, están por verse las secuelas ambientales y sanitarias del fenómeno acaecido precisamente en el 32 aniversario del más devastador de la historia del país y en una jornada dedicada a realizar simulacros sobre cómo afrontar un terremoto.

“La situación está muy difícil. Hay edificios dañados que pueden derrumbarse”, aseguró a IPS el mexicano estadounidense Juan Cota, que vive en la capital  desde 2011 y trabaja en el ramo financiero.

Cota estaba en un café del centro-sur de la ciudad cuando se desató el temblor. Su apartamento resistió, pero vecinos suyos no tuvieron tanta fortuna.

El gobierno capitalino abrió al menos 41 albergues por toda la metrópoli para socorrer a sobrevivientes.

En su cuenta de la red social Twitter, el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, indicó que la Organización de Naciones Unidas encabezará las labores de rescate y ayuda.

En sus modelos predictivos, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, en inglés) estima que las víctimas mortales podrían elevarse hasta 1.000, mientras calcula los daños económicos entre 100 y 1.000 millones de dólares.

Esa institución califica de “probable” un daño extenso. “Las pérdidas económicas estimadas equivalen a menos de uno por ciento del PIB (producto interno bruto) de México. Sucesos pasados con este nivel de alerta han requerido de respuesta nacional o internacional”, apunta.

El sismo ha puesto en tensión al sistema de atención de desastres, de por sí rebasado luego del terremoto del 7 de septiembre de 8,1 grados de magnitud –con epicentro frente a las costas del sureño estado de Chiapas- y que azotó también al estado de Oaxaca y Ciudad de México.

La cantidad de afectados por este primer terremoto rebasa los dos millones, incluyendo unos 90 muertos, según estadísticas gubernamentales.

En agosto,  el gobierno mexicano emitió un bono para desastres naturales en los mercados financieros internacionales, con apoyo del Banco Mundial y la aseguradora suiza Swiss Reinsurance Company.

El seguro, dividido en tres tramos, cubre pérdidas por terremotos y tormentas en los océanos Pacífico y el Atlántico mexicanos y le permite al país contar con una fuente de capital para financiar la asistencia postdesastre.

Una de las porciones por 150 millones de dólares garantiza por tres años protección contra sismos e incluye un rembolso desde 25 a 100 por ciento de la prima, según las características del desastre. El fondo restante se destina a huracanes.

México vendió bonos similares en 2006, 2009 y 2012.

Cada año, este país latinoamericano destina unos 1.500 millones de dólares para la reconstrucción de infraestructura pública y vivienda social afectados por desastres naturales. Entre 2014 y 2015, el Fonden desembolsó 137 millones para atender impactos de huracanes, lluvias fuertes e inundaciones.

El terremoto ha reavivado el debate sobre las normas de construcción vigentes en Ciudad de México, actualizadas después del terremoto de 1985. “Dicen que son más estrictas, pero vea este edificio. Es nuevo y está por caerse”, denunció Verónica.

Para Cota, las normas no son del todo eficaces, especialmente por la corrupción. “Se las saltan, hay que revisarlas y hacer que se respeten, porque seguirá temblando y habrá más daños”, declaró.

El origen del movimiento telúrico se debe al choque de la placa tectónica de Cocos, localizada frente a la costa del Pacífico mexicano, con la de Norteamérica. Esa pugna anticipa la continuidad de los cataclismos.

Editado por Estrella Gutiérrez

 


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