Barriadas grandes, servicios pequeños en urbes latinoamericanas
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Barriadas grandes, servicios pequeños en urbes latinoamericanas

Centenares de miles de personas viven apretujadas y sedientas de servicios en las diferentes laderas de Petare, en el extremo este de Caracas, la mayor barriada informal de Venezuela y según diferentes expertos también de América Latina. Crédito: Humberto Márquez/IPS

Centenares de miles de personas viven apretujadas y sedientas de servicios en las diferentes laderas de Petare, en el extremo este de Caracas, la mayor barriada informal de Venezuela y según diferentes expertos también de América Latina. Crédito: Humberto Márquez/IPS

CARACAS, 31 oct 2017 (IPS) - Los servicios públicos “parecen tomar turno para fallar y reaparecer en todos nuestros barrios y nunca son suficientes”, expresa Cristina Sánchez, una oficinista ya retirada que habita en el sector Mesuca de Petare, que se considera la más populosa barriada de Venezuela y quizá de América Latina.

“El transporte se ha vuelto un problema, hasta no hace mucho ha sido la basura, el agua siempre es intermitente, como racionada, a veces falla la luz, no hay problema en cambio con la escuela o las canchas para el deporte de los muchachos, pero está el tema de la inseguridad, que abunda”, enumeró Sánchez, de 62 años, a IPS en este asentamiento solo parcialmente consolidado del extremo este del valle de Caracas.

Son problemas compartidos por muchas urbes en América Latina, de cuyos 625 millones de habitantes 473 millones viven en ciudades y de ellos 111 millones en asentamientos precarios o irregulares, según un informe de ONU Hábitat, con viviendas mayormente autoconstruidas y servicios insuficientes, pobres o intermitentes, cuando no inexistentes.

En la “favela” (barrio pobre y hacinado) de La Rocinha, de unos 80.000 habitantes, en Río de Janeiro, Roseli Gomes, de 56 años, dos hijas y dos nietos, con trabajo doméstico a destajo, cuenta a IPS el sobresalto en que vive por la delincuencia, con enfrentamientos entre bandas y de estas con la policía.

“Una tiene que caminar escondida, hubo tiroteo el miércoles y jueves. Vivo en el medio de la ladera, al lado de la UPP (Unidad de Policía Pacificadora), no hay tiroteo acá, pero sí donde camino para ir a trabajar. Hace unos días salí a las 8:30 horas en una van (transporte público) que pasó entre policías y bandidos disparando balas. Horrible”, narró Gomes.

Las carencias en seguridad afectan al conjunto de los servicios, según el relato de Gomes: el comercio y las escuelas cierran en los días de tiroteos, algunos bancos han retirado sus oficinas, del hospitalillo público se ausentan los médicos, merma la recolección de basura y el suministro de agua y luz se ha vuelto intermitente.

Un grupo de niños llega a una práctica de fútbol en el centro deportivo Mesuca, en ese sector del gran asentamiento de Petare, este de la capital de Venezuela, en una de las iniciativas municipales con respaldo privado que mejoran la vida en el sector. Crédito: Humberto Márquez/IPS

Un grupo de niños llega a una práctica de fútbol en el centro deportivo Mesuca, en ese sector del gran asentamiento de Petare, este de la capital de Venezuela, en una de las iniciativas municipales con respaldo privado que mejoran la vida en el sector. Crédito: Humberto Márquez/IPS

Asegura que no alcanzan los cupos de las escuelas y, en transporte, “los autobuses siempre están llenos, a veces hay que esperar horas por ellos, hay demasiada gente acá”.

La pobreza urbana rica en nombres

En América Latina, los asentamientos precarios, irregulares o informales, muchas veces hacinados, son ricos en nombres distintivos en cada país. A las denominaciones de barrios, tugurios, colonias o asentamientos se suman otros como villas miseria (Argentina), favelas (Brasil), comunas (Colombia), campamentos o callampas (Chile), llegaypon (Cuba), bidonvilles (Haití), barrios bruja (Panamá), pueblos jóvenes (Perú), cantegriles (Uruguay) o ranchos (Venezuela).
En Caracas, acogida en un valle estrecho a 1.000 metros de altura y separada del mar por la cordillera de la Costa, las montañas cambian de nombre según quienes la habitan. Se llaman cerros, si sus pobladores son pobres o del sector medio bajo, colinas si las habitan personas de clase media, y lomas si sus residentes son de clase media-alta.

El transporte emerge como problema grave para los asentamientos precarios de las ciudades de Venezuela, porque una inflación de tres dígitos y la escasez de piezas de repuesto diezman la flota de microbuses, que prestan ese servicio público pero son de propiedad privada.

Transporte, seguridad, salud y educación son sentidos en las comunidades, “aunque la  gente en las barriadas le da mucha importancia al tema de la infraestructura, porque necesita que su espacio se consolide físicamente”, apuntó Vicente Mijares, presidente de la Fundación para el Desarrollo Integral de los Servicios Públicos del Municipio Sucre (FundaSucre), entidad de la Alcaldía de Sucre para impulsar un área determinante.

El programa “Rumbo propio” o de “presupuesto participativo” de FundaSucre busca apoyar, en las 62 zonas del municipio de casi un millón de habitantes, entre ellas Petare, proyectos requeridos, planificados y ejecutados por “expresiones organizadas” de la comunidad, dijo Mijares a IPS.

En Río de Janeiro, el geógrafo y docente universitario Jorge Barbosa, director del Observatorio de Favelas, dijo a IPS que algunos servicios “son un desastre en toda la ciudad, peores aún en las favelas y la periferia” y la solución de ese “problema estructural de Río” exige “el reconocimiento de las favelas como sujetos legítimos de la ciudad”.

Al respecto, “quienes viven en asentamientos autoconstruidos en situación de pobreza, no pretenden que de la noche a la mañana aparezcan todos los servicios básicos, pero  velar por un acceso justo es esencial”, dijo a IPS desde Santiago de Chile el director de áreas sociales de Techo Internacional, Juan Pablo Duhalde.

Minibuses, vehículos rústicos y motocicletas trasladan a los habitantes por los empinados cerros de Petare, en el este de Caracas, que en su parte plana cuenta con conexión al metro (tren subterráneo). La carencia de repuestos para las unidades y la delincuencia dentro de ellas, convirtió el transporte en un grave problema para los habitantes de la populosa barriada. Crédito: Humberto Márquez/IPS

Minibuses, vehículos rústicos y motocicletas trasladan a los habitantes por los empinados cerros de Petare, en el este de Caracas, que en su parte plana cuenta con conexión al metro (tren subterráneo). La carencia de repuestos para las unidades y la delincuencia dentro de ellas, convirtió el transporte en un grave problema para los habitantes de la populosa barriada. Crédito: Humberto Márquez/IPS

Techo es una organización no gubernamental que promueve la vivienda digna en los asentamientos precarios de las urbes de América Latina y el Caribe, como aporte al objetivo de largo aliento de superar la pobreza en que viven millones de personas en la región.

Caracas y Río en contexto

El Área Metropolitana de Caracas, la llamada Gran Caracas, que se desparrama por municipios vecinos a su gran valle, congrega a cinco millones de habitantes, aunque los cinco municipios que constituyen la capital reúnen 3,31 millones de personas, según las proyecciones para 2017 del Instituto Nacional de Estadísticas.
Carmenofelia Machado, urbanista de la Universidad Central de Venezuela, establece que 40 por ciento de los habitantes de la Gran Caracas viven en asentamientos precarios, buena parte sin consolidar y en general carentes de infraestructuras y servicios.
El Área Metropolitana de Río de Janeiro, en tanto, congrega a 12,3 millones de personas, 6,5 millones de ellas en su gran municipio urbano. En la ciudad hay 1.018 “favelas”, que acogen a 22 por ciento de los habitantes cariocas.
Esos asentamientos son muy diferentes, pero les une su origen: comenzaron por una ocupación de tierras, son irregulares, carentes de infraestructura adecuada, sin vías definidas y sin ordenamiento. Algo parecido puede decirse de las demás barriadas populosas en América Latina, en una deuda social y urbana de una región donde su población se agolpa en sus ciudades.

En un recodo de Petare, el activista comunitario Carlos Valbuena registra, en la oficina de asuntos vecinales que tiene la alcaldía en el sector José Félix Ribas, las demandas y propuestas de la comunidad en materia de servicios.

“Recogemos necesidades, peticiones, reclamos y propuestas, y canalizamos las que podemos. Asuntos como transporte o seguridad son parte de problemas nacionales, mientras que nosotros trabajamos sobre temas y servicios que se manejan interactuando con las comunidades reunidas en distintas clases de consejos”, dijo Valbuena a IPS.

Valbuena y vecinos que le ayudan están atentos al trabajo de los dispensarios de salud, al mini-parque de béisbol infantil a un costado de la oficina vecinal, a la recolección de basura –con un largo problema político entre las municipalidades de la capital-  y a la redistribución del agua que suministra la empresa hídrica estatal.

“El municipio no trae el agua, sino que la distribuye, en una especie de racionamiento. Dispone sistemas de bombeo y aducciones para llevarla unos días a unos sectores y otras veces a otros. Nunca es suficiente”, señaló a IPS el concejal Vicente Páez.

La recogida de basura se hace lenta porque los camiones recolectores de Petare no pueden llevarla a la estación de transferencia de Caracas, ubicada en un municipio políticamente rival, en el oeste de la ciudad, y deben cargarla hasta un relleno sanitario ubicado a varias horas de camino, con mayores costos, retrasos y desgaste de equipos.

Es decir, casi para cada servicio un obstáculo.

En Río de Janeiro “las favelas ya disponen prácticamente de todos los servicios, pero afectados por el control territorial de criminales, en general dedicados al narcotráfico”, apuntó Mauro Osorio, presidente del Instituto Pereira Passos, de información e investigaciones en la Prefectura (alcaldía) de Río.

“La precariedad en el acceso y calidad de los servicios se ha acentuado al alejarse del centro de la ciudad. La desigualdad entre ciudades periféricas y el centro es más grave que entre favelas y el resto de la ciudad en zonas centrales de Río de Janeiro”, indicó Osorio a IPS.

Las “favelas” de Moré dan la bienvenida en la ciudad brasileña de Río de Janeiro a quienes llegan desde el aeropuerto, y sus tanques plásticos para agua evidencian las fallas en el servicio. Crédito: Mario Osava/IPS

Las “favelas” de Maré dan la bienvenida en la ciudad brasileña de Río de Janeiro a quienes llegan desde el aeropuerto, y sus tanques plásticos para agua evidencian las fallas en el servicio. Crédito: Mario Osava/IPS

Municipios periféricos de la Región Metropolitana de Río de Janeiro están entre los peores en una lista de 59 municipios, incluyendo análogos de São Paulo y Belo Horizonte, otras dos grandes áreas metropolitanas de Brasil, en índices de educación, salud y de proporción entre empleos industriales y población total, agregó el funcionario..

Al lanzar una mirada global, “la privación de servicios esenciales como el agua potable, saneamiento, y electricidad, la situación de incertidumbre sobre la tenencia de la tierra, sumados a las grandes distancias a los servicios de salud y educación, conforman la realidad en la que viven más de 100 millones de personas en la región”, dijo Duhalde.

En la apretujada Petare también hay esfuerzos para ganar con nuevos espacios el derecho a la ciudad, como muestra el complejo deportivo Mesuca –dos piscinas, canchas de baloncesto, vóleibol, de fútbol con grama artificial- construido por la Alcaldía de Sucre, con apoyo de algunas empresas, donde antes hubo un descampado para todo tipo de desechos.

“Aquí practican unos 1.500 muchachos de la comunidad, los fines de semana vienen más, por intercambios con otros sectores, desde rugby hasta natación. Están aquí, lejos de las drogas”, comentó orgulloso a IPS uno de los coordinadores y entrenadores, Roy Viana.

Para esos logros locales “un componente esencial es que la gente se organice, que sostenga su proyecto, para que puedan conseguir y manejar recursos, y en nuestro caso vemos que la ciudadanía es cada vez más responsable con el municipio”, según Mijares.

Con planchas de madera, plástico y otros materiales precarios, como estas viviendas levantadas en una empinada ladera en la “favela” de La Rocinha, en Río de Janeiro, comienzan las ocupaciones por el derecho a la vivienda en los grandes asentamientos irregulares de las ciudades de América Latina. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS

Con planchas de madera, plástico y otros materiales precarios, como estas viviendas levantadas en una empinada ladera en la “favela” de La Rocinha, en Río de Janeiro, comienzan las ocupaciones por el derecho a la vivienda en los grandes asentamientos irregulares de las ciudades de América Latina. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS

Barbosa subraya que “la población de las favelas tienen gran potencial, inventan sus propias soluciones, como viven juntos en pequeños espacios y callejones angostos, tienden a buscar soluciones colectivas. Pero esas iniciativas populares podrían ser mejor calificadas y ordenadas por la presencia del Estado asegurando derechos”.

También Duhalde considera que “el énfasis tiene que estar en la participación ciudadana, en resignificar las experiencias de la población. La academia y la cooperación internacional, así como los gobiernos locales, nacionales y sociedad civil, son igual de relevantes para construir un territorio justo”.

Betty Díaz, lideresa comunitaria en El Carmen, sector vecino de Mesuca donde impulsó la conversión de una vieja casa en un centro de atención en salud, tareas dirigidas para escolares, farmacia y local de reuniones, ofreció a IPS su resumen: “La clave es el sentido de pertenencia. Aquí lo tenemos”.

Con el aporte especial de Mario Osava desde Río de Janeiro

Editado por Estrella Gutiérrez

Este artículo forma parte de una serie especial sobre las ciudades de América Latina, realizada por IPS con el respaldo de la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI).

 


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