Los hombres buenos no deben ser espectadores silenciosos del acoso sexual
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Los hombres buenos no deben ser espectadores silenciosos del acoso sexual

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Una de las numerosas protestas contra el acoso sexual hacia las mujeres que se repiten en el mundo, en esta ocasión en Egipto. Crédito: ONU Mujeres

Una de las numerosas protestas contra el acoso sexual hacia las mujeres que se repiten en el mundo, en esta ocasión en Egipto. Crédito: ONU Mujeres

NUEVA YORK, 24 oct 2017 (IPS) - El dolor y el coraje de más de un millón de personas que publicaron en Twitter #MeToo y #YoTambién los últimos días han llenado las redes sociales de historias personales sobre acoso y agresiones sexuales.

Esta protesta virtual resalta tanto la urgencia de encontrar una voz compartida como la escala oculta que habían tenido estas agresiones que previamente no habían sido registradas. Cuando las mujeres son casi invisibles, cuando no son vistas realmente, parece que a la gente no le tiene que importar lo que les sucede.

Esta protesta en línea es importante porque está dando voz a actos que son públicos, pero que habían sido silenciados y neutralizados convencionalmente. Es un cruel privilegio acosar a una niña o una mujer con impunidad, pero en muchos casos esta es la norma.

Lo que estamos viendo ahora, mientras las mujeres construyen estas narrativas y se refuerzan unas a las otras, y los hombres se unen a la conversación para admitir su rol, es la validación del derecho a denunciar estos actos públicamente. También estamos viendo en números la fuerza que tienen estas experiencias individuales que normalmente se callan y no se denuncian.

Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres. Crédito: Devra Berkowitz/ UN Photo

Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres. Crédito: Devra Berkowitz/ UN Photo

Mientras se construye una multitud a partir de las mujeres que cuentan su historia, vemos emerger una imagen de la vida real. Una masa crítica que está creciendo y que demuestra cuántas cosas están mal cuando la gente puede actuar con impunidad en una cultura de silencio.

Esta ola en línea se une a una gran cantidad de movimientos masivos que colectivamente expresan el activismo de las mujeres: las marchas Ni una menos en América Latina para protestar por la violencia contra las mujeres, particularmente contra aquellas menos privilegiadas; las marchas de mujeres que tuvieron lugar alrededor del mundo a principios de este año en apoyo a los derechos de las mujeres y otras libertades; así como las marchas en Polonia e Irlanda en contra de la prohibición de abortos.

El manto de silencio también había protegido a los perpetradores de agresiones contra la comunidad LGBTI y otras comunidades que son más vulnerables por motivos étnicos, de pobreza o de edad. Estas mujeres son las más afectadas, las menos visibles y son las que tienen más por ganar de esta fuerza colectiva de voces que construyen una cultura del cambio y presión.

Después de todo, fue Tarana Burke, una organizadora comunitaria de Nueva York que trabaja con las mujeres de color que dieron origen al movimiento “yo también”, y su amiga Alyssa Milano, quien lo retomó y se volvió la catalizadora para millones de personas que han sido alcanzadas por este mensaje.

La participación plena y libre de las mujeres en la sociedad, en la política y en el lugar de trabajo es esencial para que las voces de las mujeres sean escuchadas y para que sus derechos sean respetados.

Mientras más mujeres ocupen altos puestos de representación tanto en el sector público como en el privado, más oportunidades habrá para cambiar la cultura de invisibilidad e impunidad, donde más hombres con poder pueden acosar a las mujeres. El acoso sexual y de otros tipos en el trabajo, en el hogar y fuera del hogar no son aceptables y no deben ser ignorados.

La indiferencia casual, y gente que dice “no es nada”, es algo que debe parar. El número de hombres que se han unido a esta campaña es prometedor pero todavía está lejos de ser suficiente (30 por ciento, de acuerdo a este reporte).

Ya ha sido demasiado tiempo en el que la ceguera permisiva ha sido la norma. Esto se trata de que ambos, hombres y mujeres, cambien sus respuestas a los actos de agresión sexual y que actúen con solidaridad para hacerlo visible e inaceptable. Los hombres buenos no deben ser espectadores silenciosos.

Necesitamos que todas las mujeres estén empoderadas para hablar, para que sus derechos y sus cuerpos sean respetados, y que las conductas sean establecidas y arraigadas como normales para que nadie se quede fuera. No más impunidad.

Saludamos a las miles de mujeres que han peleado en contra de todas las violaciones a los derechos de niñas y mujeres, y hacemos un llamado a renovar la inversión en la lucha para terminar con todos los tipos de violencias contra las mujeres.

Revisado por Estrella Gutiérrez

 


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