Cubanas frente al cambio climático, protagonistas y vulnerables
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Cubanas frente al cambio climático, protagonistas y vulnerables

Un grupo de mujeres limpia una calle, tras el paso del huracán Irma, en el barrio del Vedado, en La Habana, en Cuba, La Habana, en septiembre de 2017. Las mujeres adquieren un papel protagónico en paliar los impactos del cambio climático, un fenómeno frente al que son también las más vulnerables. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

LA HABANA, 5 sep 2018 (IPS) - Cuando a la bióloga marina Ángela Corvea le preguntan por qué es una niña el ícono de su proyecto ambiental Acualina, que ha trascendido las fronteras de Cuba, responde sin dudar: “Porque en lo femenino está la vida, el cuidado, el apego, la fuerza creadora de la vida”.

Acualina es una niña filósofa que, vestida a la usanza de la antigua Grecia y los colores blanco, azul y rojo de la bandera cubana, enseña, aconseja, advierte y orienta qué hacer para reducir los riesgos ambientales. Su mensaje educativo se difunde en la televisión y diversos soportes, que van desde pegatinas hasta libros.

Esta  iniciativa acaba de celebrar 15 años de creada por Corvea en el barrio costero del Náutico, en el municipio de Playa, en el noroeste de La Habana. Es un área sometida a contaminación, principalmente por la desembocadura de un río, y una costa abierta que provoca, ante eventos extremos, inundaciones y penetraciones del mar o del río.

“Por lo general, las mujeres estamos recargadas de trabajo y ante un desastre todo se magnifica, el cuidado de los hijos y adultos mayores, escasez de alimentos, agua”: Ángela Corvea.

“Esta es mi forma de desarrollar, de forma voluntaria, capacidades organizativas para proteger el medio ambiente, adaptarnos y mitigar los efectos del cambio climático. Esta experiencia la desarrollamos de muchas formas”, dijo a IPS la especialista, de 69 años, premiada internacionalmente por su labor en favor del ambiente.

Corvea destacó que ante los impactos del calentamiento planentario, las mujeres no son solo protagonistas, sino también las más vulnerables. “Por lo general, las mujeres estamos recargadas de trabajo y ante un desastre todo se magnifica, el cuidado de los hijos y adultos mayores, escasez de alimentos, agua”,  señaló.

“El sexto sentido que nos atribuyen se enciende con más potencia que lo normal y no nos queda de otra que actuar, al final terminamos más cansadas que los hombres, ellos se ocupan y nosotras nos preocupamos y nos ocupamos, doble trabajo”, remató la bióloga, cuyos mensajes van a la infancia, pero también llegan a los adultos.

Según informes oficiales, las mujeres cubanas integran actualmente 46 por ciento de la fuerza laboral estatal y 17 por ciento del sector no estatal. A la vez, constituyen 58 por ciento de las personas graduadas en las universidades, más de 62 por ciento de la matrícula y 47 por ciento de quienes trabajan en la ciencia.

En política, nueve de 25 ministros y 14 de los 31 integrantes del Consejo de Estado son mujeres, como también lo son 299 de los 612 diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el parlamento local.  La ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente es Elba Rosa Pérez Montoya desde 2012.

La primera titular de ese ministerio, creado en 1994, fue la científica Rosa Elena Simeón (1943- 2004). Le sucedió José Miguel Miyar Barrueco, antecesor de Pérez Montoya.

Los datos indican un aumento sostenido de la calificación profesional y del nivel de participación femenina en la sociedad cubana. Sin embargo, ellas continúan siendo más vulnerables al impacto del cambio climático, que ha intensificado la fuerza y frecuencia de los huracanes y agudizado los periodos de sequía.

Ángela Corvea ante la imagen de Acualina, el proyecto educativo que creó hace 15 años en Cuba para enseñar a reducir los riesgos ambientales, incluidos los climáticos, en un país insular donde los impactos del incremento de las temperaturas son muy perceptibles. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Ángela Corvea ante la imagen de Acualina, el proyecto educativo que creó hace 15 años en Cuba para enseñar a reducir los riesgos ambientales, incluidos los climáticos, en un país insular donde los impactos del incremento de las temperaturas son muy perceptibles. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

La respuesta de hombres y mujeres ante este tipo de desastres suele ser diferente. “Usualmente la mujer asume la mayor responsabilidad en las evacuaciones, la recogida de los enseres necesarios, agua y comida, muchas veces sola con los hijos y los ancianos a su cargo”, señaló a IPS la periodista Iramis Alonso.

Especializada en temas científicos y ambientales, Alonso añadió que ellas “suelen demorar más en incorporarse a trabajar después de estos eventos, en dependencia de cuán rápido se restablezcan los servicios de apoyo, como círculos infantiles por ejemplo. Eso las afecta desde el punto de vista de los ingresos más que a los hombres”.

“Todos los esfuerzos y conflictos se complican ante los desastres, porque las mujeres en todos los sentidos son más vulnerables, lo son en la casa y lo son en el trabajo, donde aún impera una cultura organizacional machista”, comentó a su vez a IPS la socióloga y académica Reina Fleitas.

En su opinión, la política ante desastres debe incluir la perspectiva de género, porque las soluciones a los problemas que estos generan tienen que estar en relación a las diferentes afectaciones y capacidades creadas por la gente para recuperarse.

La investigadora lamentó que “en los estudios de vulnerabilidad no siempre se incluya el enfoque de género, hay resistencia a reconocer que existe feminización de la pobreza que no quiere decir incremento de mujeres en condiciones de pobreza, sino de la intensidad como se vive”.

“Se sabe que la inmensa mayoría de las cubanas llevan sobre sí dobles jornadas de trabajo y cuando ocurre un desastre natural sus esfuerzos se triplican”, razonó ante IPS el educador ambiental Juan Francisco Santos.

Son ellas las que deben preparar los alimentos para la familia, “las que tienen que inventar y en muchos casos  hasta hacer magia para encontrar cómo cocinar”, comentó.

Varias mujeres caminan en medio de la lluvia hacia sus hogares provistas con víveres, como parte de sus previsiones ante la inminente llegada a Cuba del huracán Gustav, en 2008, en un barrio de La Habana. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Varias mujeres caminan en medio de la lluvia hacia sus hogares provistas con víveres, como parte de sus previsiones ante la inminente llegada a Cuba del huracán Gustav, en 2008, en un barrio de La Habana. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

A su juicio,  son varios los factores que inciden en el aumento de la vulnerabilidad de las mujeres frente a los efectos del cambio climático. Menciona en primer lugar el rol doméstico que asumen la mayoría y como responsables del hogar sufren mayores tensiones ante las carencias durante eventos extremos.

Santos opinó que también influye el envejecimiento poblacional, “pues a ellas en su mayoría les toca los cuidados de los pequeños y los adultos mayores”, así como “la falta de comprensión del ser mujer, por parte de la sociedad, de los hombres y de muchas mujeres”.

El educador atribuyó a “construcciones culturales” las respuestas “diferenciadas” de hombres y mujeres ante el peligro de desastres.

El hombre proveedor, la mujer (madre) protectora, el hombre asegurador del inmueble, la mujer ocupada de lo doméstico, el hombre “en la vanguardia” y la mujer “en la retaguardia”, son los roles estereotipados que se mantiene, planteó.

“Ante un hecho de desastre seguiremos reproduciendo el mundo como lo concebimos”, advirtió Santos.

Según el plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático, aprobado por el Consejo de Ministros el 25 de abril de 2017, denominado oficialmente Tarea Vida, estudios científicos ratifican que el clima de Cuba es cada vez más cálido y extremo.

La temperatura media anual aumentó en 0,9 grados centígrados desde mediados del siglo pasado. A la vez, se ha observado gran variabilidad en la actividad ciclónica y, desde 2001 hasta ahora, esta isla caribeña ha sufrido el impacto de 10 huracanes intensos, “hecho sin precedentes en la historia”.

Desde 1960 el régimen de lluvias ha cambiado, incrementándose significativamente las sequías; y el nivel medio del mar ha subido 6,77 centímetros hasta la fecha. Las inundaciones costeras ocasionadas por la sobreelevación del mar y el oleaje, representan el mayor peligro patrimonio natural y el construido en la costa.

Las proyecciones futuras indican que la elevación del nivel medio del mar puede

alcanzar hasta 27 centímetros en 2050 y 85 centímetros en 2100, provocando la pérdida paulatina de la superficie emergida del país en zonas costeras muy bajas, así como la salinización de los acuíferos subterráneos.

Edición: Estrella Gutiérrez

 


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