Convivencia y no combate con sequías del Nordeste brasileño
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Convivencia y no combate con sequías del Nordeste brasileño

CAJAZEIRAS, Brasil, 13 nov 2018 (IPS) - Las comunidades de la ecorregión brasileña del Semiárido,  de 1,03 millones de kilómetros cuadrados, impulsan una convivencia activa con las recurrentes sequías en su agreste territorio, que ha  mejorado sus vidas y ha evitado las muertes que los asolaban en el pasado.

En ese ecosistema de la región del Nordeste viven 27,2 millones de los 208 millones de habitantes que tiene Brasil, según datos oficiales y acaban de sortear la última y larga sequía que se prolongó entre 2012 y 2017, y aún persiste en algunas zonas del llamado sertón.

Los agricultores familiares que habitan en los municipios de Sousa (69.000 habitantes), Cajazeiras (62.000), Pombal (33.000) y otros municipios del estado de Paraíba, en pleno Semiárido, impulsan valiosas y buenas prácticas para sostener sus cultivos agroecológicos, llueva lo que llueva.

Entre las prácticas impulsadas para convivir con la sequía están el uso de cisternas para acopiar agua de lluvia, en un plan que apunta a instalar un millón de ellas en la ecorregión, la instalación de paneles solares para generar energía y la construcción de biodigestores que recuperan desechos de los animales para obtener gas y, además, producir abonos para cultivos agroecológicos.

Un ejemplo es la  Asociación Comunitaria Rural de Varzea Comprida Dos Oliveiras, en Pombal, integrada por 67 familias. “Hoy ninguna de sus mujeres está en estado de vulnerabilidad social”, dijo orgullosa a IPS su presidenta María Solange de Oliveira.

 

En la panadería de la Asociación, 19 mujeres son protagonistas.  Con paneles solares obtienen la mitad de la energía eléctrica que requieren para producir unos 600 kilógramos de pan por semana.

Gracias a un biodigestor tienen gas metano para sus hornos y, además,  generan seis metros cúbicos de fertilizantes al mes para mejorar la producción agroecológica de otros socios. El agua lluvia la recolecta en una cisterna y las aguas grises del proceso de fabricación de pan la recuperan y reutilizan.

Estas 19 mujeres obtienen ingresos con los alimentos sanos que producen y venden a colegios de la zona. La Asociación creó incluso un papel moneda para el intercambio de productos agrícolas con otras comunidades.

Son maneras de dejar de combatir con las sequías y otras realidades de su territorio y, por el contrario, convivir activamente con su entorno, generando experiencias que ahora se comenzaron a replicar en otros países, como Argentina, El Salvador o Perú, entre otros.

Edición: Estrella Gutiérrez

 

 

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