Encuesta sobre abuso sexual en la ONU vira hacia los fugitivos
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Encuesta sobre abuso sexual en la ONU vira hacia los fugitivos

El Comité Coordinador de Sindicatos y Asociaciones de Funcionarios Públicos Internacionales del Sistema de las Naciones Unidas, divulgó un estudio en diciembre de 2018 sobre acoso laboral, sexual discriminación y abuso de autoridad, que difiere de una encuesta de la ONU, que solo se concentra en el acoso sexual.

El Comité Coordinador de Sindicatos y Asociaciones de Funcionarios Públicos Internacionales del Sistema de las Naciones Unidas, divulgó un estudio en diciembre de 2018 sobre acoso laboral, sexual discriminación y abuso de autoridad, que difiere de una encuesta de la ONU, que solo se concentra en el acoso sexual.

NACIONES UNIDAS, 18 ene 2019 (IPS) - Un estudio sobre acoso sexual en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) generó incomodidad al cambiar su objetivo y concentrarse en las y los altos funcionarios que escaparon a la censura o al castigo, a pesar de una serie de acusaciones en su contra, que incluyen distintos tipos de abuso y de conductas inapropiadas.

La defensora de los derechos de las mujeres Paula Donovan, una de las directoras de AIDS-Free World, y de la Campaña Código Azul, dijo a IPS que es interesante que agencias como Reuters y AFP, cuando se refieren a la renuncia de Michel Sidibé, director ejecutivo de Onusida, parecen implicar que la ONU o el secretario general, António Guterres, le atribuyeron responsabilidades por sus acciones.

Pero la verdad es que Guterres nunca dijo una palabra sobre Sidibé, incluso después de que un grupo de expertos concluyera en diciembre, tras una investigación de seis meses, que el funcionario “creó una cultura patriarcal de tolerancia al acoso y al abuso de autoridad” en Onusida y recomendara su destitución.

“Radio silencio por parte del secretario general, quien permitió que Sidibé decidiera cuándo y si se iba, y luego lo dejó regresar al trabajo, sin censura a seguir con su comportamiento ya documentado”, indicó Donovan, ex enviada especial para VIH/sida en África.

La consultora Deloitte Touche Tomhatsu, contratada por la ONU, reveló que 10.032 funcionarios de la ONU denunciaron haber sido víctimas de acoso, las que están entre los 30.364, de los 105.000 funcionarios de la ONU, consultados para el estudio, divulgado el 15 de este mes.

La encuesta también reveló que 12 por ciento de los acosadores eran altos funcionarios del foro mundial.

Según Donovan, en abril de 2018, Guterres anunció que lanzaba una nueva investigación, a través de la Oficina de la ONU de Servicios de Supervisión Interna, sobre las denuncias de acoso y agresión sexual presentadas contra el ex director ejecutivo adjunto de Onusida, Luiz Loures. Pero no se supo más nada sobre esa “nueva investigación”.

El secretario general tampoco comentó nada sobre las últimas denuncias de conductas sexuales inapropiadas en otras varias agencias como el Fondo de Población de las Naciones Unidas, el Programa Mundial de Alimentos y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

La Fuerza de Tareas, creada por Guterres, está encabezada por Jan Beagle, quien pasó a ser secretaria general adjunta, a pesar de ser investigada por acoso laboral en Onusida.

Mientras, la política de “tolerancia cero” al abuso sexual terminó siendo una farsa con la repentina renuncia, a mediados de diciembre, del director de la Comisión Internacional de Servicio Civil por denuncias de acoso sexual, por lo cual fue objeto de una investigación de la Oficina de Servicios de Supervisión Interna.

La renuncia del presidente de la comisión, secretario general adjunto Kingston Rhodes, fue posterior a la investigación de la Oficina de Servicios de Supervisión Interna sobre la Comisión Internacional de Servicio Civil. Pero el contenido del informe todavía es una incógnita y no se sabe cuándo se hará una presentación pública de los resultados, tras varios meses de investigación.

La posición oficial era que ni la ONU ni el secretario general no podían intervenir porque la comisión y su personal dependen directamente de la Asamblea General.

Según Peter A. Gallo, exinvestigador de la División de Investigaciones de la Oficina de Servicios de Supervisión Interna, todo este asunto es un ejemplo de la típica hipocresía de la ONU.

Gallo dijo a IPS que no hay nada malo con las normas (ST/SGB/2008/5), sino con su aplicación, pues la mayoría de los funcionarios (comprensiblemente) no están dispuestos a denunciar el acoso sexual, y las “investigaciones” están en manos de sordos, tontos, ciegos y estúpidos y no quieren encontrar comportamientos inapropiados por el impacto negativo que tendría para la organización, añadió.

En los casos de “abuso y explotación sexual”, la ONU está obligada a reportar los datos a la Asamblea General todos los años.

En lo que respecta a los casos de acoso sexual, según el artículo 6 de (ST/SGB/2008/5), la o el funcionario debe mandar una copia de la denuncia al secretario general adjunto de recursos humanos como forma de llevar un control, pero Gallo, abogado y director de la organización ”Hear Their Cries” (escucha sus gritos) no cree que eleven públicamente esa información a la Asamblea General.

Antonia Kirkland, responsable de igualdad global de la organización Igualdad Ya, dijo a IPS que la encuesta presenta medidas para evitar el acoso sexual, las que, junto a la respuesta de la ONU frente a las denuncias de las y los funcionarios, son buenos indicadores de que la política de tolerancia cero funciona.

Pero señaló que “deben tomarse medidas proactivas para evitar y responder al acoso sexual de parte de todos los funcionarios, independientemente de su cargo, incluso personas designadas por la Asamblea General”.

Cuando se anunció la encuesta, Donovan escribió al secretario general expresándole su preocupación por la validez de los datos de la encuesta Espacio Seguro.

En la misiva mencionaba la posibilidad de que cualquiera completara la encuesta y de que lo hiciera cuantas veces quisiera, siempre y cuando cada vez usara un dispositivo diferente. De hecho, algunos funcionarios preocupados por el tema, lo hicieron.

“Nos quedamos con el hecho indiscutible de que el diseño de la encuesta Espacio Seguro no impide que respondan personas ajenas a la institución ni evita múltiples respuestas de las mismas personas con fines perjudiciales”, subraya Donovan en la carta.

“No hay certeza de si la encuesta se vio comprometida varias veces por numerosas personas con el fin de que pierda validez estadística. El riesgo de que los datos hayan sido manipulados parece lo suficientemente alto como para invalidar el estudio”, añade.

Ian Richards, presidente del Comité Coordinador de Sindicatos y Asociaciones de Funcionarios Públicos Internacionales del Sistema de las Naciones Unidas, con 60.000 miembros, dijo a IPS que una encuesta realizada en diciembre sobre acoso laboral, sexual discriminación y abuso de autoridad, difiere de la encuesta de la ONU, pues cubre todas las formas de conductas inapropiadas.

Las conclusiones clave del ese estudio del Comité Coordinador de Sindicatos y Asociaciones de Funcionarios Públicos Internacionales fueron:

  • el acoso sexual, que es aborrecible, constituye 16 por ciento de todas las formas de acoso y abuso de autoridad;
  • los resultados muestran una tendencia preocupante en términos de denuncias no investigadas. Cuando hubo una investigación, una proporción significativa de funcionarios tuvo que esperar más de seis meses para conocer los resultados. La mayoría de los denunciantes no recibieron información sobre los avances de la investigación.
  • Y 20 por ciento de los consultados siente que sufrieron represalias por  denunciar conductas inapropiadas.

“Las acciones de la ONU se concentran en el acoso sexual, lo que es importante, pero no debe desviar energías del mayor problema de la organización, que es el abuso de autoridad”, observó Richards.

“La encuesta de Deloitte se perdió una oportunidad importante. Al acotarse al acoso sexual, que es en sí mismo aborrecible, casi evitó temas como discriminación, hostigamiento y abuso de poder, que hubieran planteado serias cuestiones sobre cómo se gestiona nuestra organización”, acotó.

Eso hubiera llevado a las mayores conclusiones, que el personal sigue temiendo represalias por denunciar ciertos comportamientos y que está lejos de sentirse satisfecho con el tratamiento de las denuncias.

“Es la base de los problemas de las organizaciones internacionales, que operan en cierto vacío legal”, apuntó.

Traducción: Verónica Firme

 


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