Gobiernos de derecha y extremistas contra la sociedad civil

La influencia de grupos extremistas en contra de los derechos humanos agravan las amenazas a la democracia en muchos países. Crédito: Cortesía.
La influencia de grupos extremistas en contra de los derechos humanos agravan las amenazas a la democracia en muchos países. Crédito: Cortesía.

La vasta represión política en países como Filipinas, Egipto y Arabia Saudita, y el crecimiento de nacionalismos en Estados Unidos, Brasil, Italia, India, Polonia y Hungría, redoblan las violaciones de derechos humanos y restringen a las organizaciones de la sociedad civil.

El informe anual de “El estado de la sociedad civil”, presentado el martes 27 de este mes presenta “un panorama terrible en que las libertades fundamentales se encuentran bajo grave amenaza en 111 países, bastante más de la mitad de los Estados del mundo”.

Solo cuatro por ciento de la población mundial vive en países donde se respetan y se permiten las libertades fundamentales de asociación, de reunión pacífica y de expresión.

El estudio de Civicus, la alianza global, con sede en Johannesburgo, de organizaciones no gubernamentales y activistas dedicados a fortalecer la acción ciudadana y la sociedad civil en el mundo, advierte que el crecimiento del populismo de derecha y la influencia de los grupos extremistas en contra de los derechos humanos agravan las amenazas a la democracia en muchos países.

También detalla las varias formas en que muchos países, la sociedad civil y la ciudadanía contraatacan y logran algunos triunfos en la defensa de los derechos.

Como uno de los “ejemplos alarmantes”, señala la decisión del gobierno italiano de imponer una multa importante a una de las grandes organizaciones humanitarias como es Médicos sin Fronteras, y de congelar sus activos, de confiscar el barco de rescate y de investigar a sus funcionarios por tráfico de personas, en represalia por el rescate de migrantes y refugiados que se ahogan en el mar Mediterráneo.

También en Estados Unidos hay casos de activistas imputados, procesados y condenados por dar agua a inmigrantes que realizaron el mortal cruce del desierto de Sonora en la frontera con México.

Lysa John, secretaria general de Civicus, declaró: “la sociedad civil, actuando por impulsos humanitarios, confronta una ola creciente de pobreza de civismo global, cuestionando los valores humanitarios como nunca se había visto desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)”, alertó.

“Necesitamos una nueva campaña, tanto a escala global como local, para reforzar los valores humanitarios y el derecho de las organizaciones de la sociedad civil progresista a actuar”, añadió John.

El tema de la Semana Internacional de la Sociedad Civil (ICSW, en inglés) de este año, que se realizará en Belgrado entre el 8 y el 12 de abril, es “El poder de la unión”, que se focalizará en aprovechar el poder de la acción colectiva para responder a limitantes en materia de derechos y al globalismo de derecha.

El informe de Civicus señala que en Europa, Estados Unidos y otros, de Brasil a India, los populistas de derecha, nacionalistas y grupos extremistas movilizan poblaciones dominantes para atacar a los más vulnerables.

Eso llevó a un ataque contra los valores que sustentan las respuestas humanitarias, pues se alienta a las personas a responsabilizar a las minorías y a los sectores vulnerables de sus preocupaciones con respecto a la inseguridad, la desigualdad, las dificultades económicas y el aislamiento del poder.

Eso significa que atacan a las organizaciones de la sociedad civil que apoyan los derechos de las poblaciones excluidas, como las mujeres y personas LGBTQI, y defienden los derechos laborales.

A medida que se imponen nociones de soberanía nacional, el informe señala que las potencias, como China, Rusia y Estados Unidos, que se niegan a respetar las reglas, reescriben el sistema internacional.

“Líderes autoritarios, que imponen sus estilos de gobierno personal en los asuntos internacionales, refuerzan fronteras y muros ignorando a las instituciones existentes, los acuerdos y las normas”, añade.

El documento también señala el impactante pico de protestas vinculadas a la exclusión económica, la desigualdad y la pobreza, que a menudo chocan con la represión violenta, y subraya la serie de elecciones viciadas y fraudulentas en muchos países el pasado año.

“Los valores democráticos están bajo la presión de hombres de mano dura que no se hacen cargo de sus acciones y atacan a la sociedad civil y a los medios de forma sin precedentes, y a menudo brutal”, observó Andrew Firmin, jefe de edición de Civicus y responsable del informe.

Además, 2018 está quedando registrado como el año en que las fuerzas retrógradas ganaron terreno.

También fue uno de los años en que activistas comprometidos hicieron frente al aumento de la represión contra los derechos, en general.

El informe señala el éxito movimientos en defensa de los derechos de las mujeres como #MeToo, pasando por la Marcha por nuestras Vidas, que aboga por la reforma de la tenencia de armas, encabezada por estudiantes en Estados Unidos, hasta las huelgas escolares para concienciar sobre el cambio climático, para señalar que la acción colectiva también ganó terreno.

“A pesar de las tendencias negativas, ciudadanos activos y organizaciones de la sociedad civil han logrado un cambio en Armenia, donde hay una nueva administración política, y en Etiopía, donde se liberaron decenas de presos de conciencia”, indicó John.

El documento realiza varias recomendaciones para la acción ciudadana y de la sociedad civil. También reclama nuevas estrategias para hacer frente al populismo de derecha, y urge a las fuerzas progresista a incluir a la ciudadanía para apostar por mejores alternativas más positivas.[related_articles]

Eso incluye desarrollar y promover nuevas ideas sobre democracia económica para economías más justas, que den a las personas y a los derechos un lugar central. Cabe destacar que el informe aboga por reforzar el espíritu del internacionalismo, la humanidad compartida y la importancia central de la compasión en todo lo que decimos y hacemos.

Mientras, acota, las instituciones internacionales en dificultades y atadas de manos por los intereses y alianzas de los Estados poderosos, hacen poco para responder a los grandes desafíos, no luchan contra las abrumadoras desigualdades, callan sobre los abusos de derechos humanos de países como Arabia Saudita y Sudán, y terminan defraudando al pueblo sirio y a los rohinyá de Myanmar (Birmania), entre muchos otros.

Por su parte, el oficial de programa de Civicus, Mandeep Tiwana, observó que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) atraviesa problemas económicos, que la vuelven dependiente de las contribuciones de los grandes países.

“Eso puede llevar a una situación en la que los líderes ultranacionalistas y los que suscriben preceptos autoritarios tienen vía libre por sus acciones que violan de forma flagrante el espíritu de la Carta de la ONU y el derecho internacional”, opinó.

Muchas agencias de la ONU también se acercan al sector privado para conseguir fondos para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, lo que podría darles un peso político no deseado en la lucha contra la desigualdad, los derechos laborales y los esfuerzos para reducir la corrupción en altas esferas, apuntó.

Suelen aumentar las restricciones para la sociedad civil, con la mayor colaboración entre gobiernos y sector privado, que no se somete a ningún control.

Es importante recordar, señala Tiwana, que la ONU se vuelca cada vez más al sector privado en busca de apoyo para lograr el desarrollo sostenible, pero suelen ser las organizaciones de la sociedad civil las que trabajan codo a codo con el foro mundial para brindar los servicios humanitarios en el frente, arriesgando la vida de sus funcionarios.

“Las acciones divisorias y egoístas de líderes nacionalistas indican que podemos encaminarnos hacia una crisis total del sistema multilateral”, observó.

“En la situación actual, donde tenemos que hacer frente a una crisis de compasión por las acciones miserables de populistas de derecha, es importante que la ONU esté junto a las organizaciones de la sociedad civil y a activistas trabajando hacia sociedades justas, igualitarias y sostenibles”, subrayó.

La ONU debe hacer causa común con líderes políticos y gobiernos comprometidos a fortalecer el multilateralismo y el marco internacional de derechos humanos en estos tiempos difíciles.

Traducción: Verónica Firme

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