Combinar biogás y solar, el mejor negocio energético en Brasil
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Combinar biogás y solar, el mejor negocio energético en Brasil

Panorámica de Vargeão, el pueblo donde vive Anélio Thomazzoni, porcicultor y gran productor de electricidad a biogás en el sur de Brasil. Los 3.500 habitantes del municipio son, en gran parte, descendientes de inmigrantes italianos del siglo pasado y pequeños agricultores. La cría de cerdos es la principal actividad local y del oeste del estado de Santa Catarina, lo que representa un gran potencial para el biogás. Crédito: Mario Osava/IPS

Panorámica de Vargeão, el pueblo donde vive Anélio Thomazzoni, porcicultor y gran productor de electricidad a biogás en el sur de Brasil. Los 3.500 habitantes del municipio son, en gran parte, descendientes de inmigrantes italianos del siglo pasado y pequeños agricultores. La cría de cerdos es la principal actividad local y del oeste del estado de Santa Catarina, lo que representa un gran potencial para el biogás. Crédito: Mario Osava/IPS

VARGEÃO, Brasil, 24 sep 2019 (IPS) - “El biogás es la mejor energía, no tiene  contraindicaciones”, y su combinación con la fuente solar compone “el mejor negocio energético”, por lo menos en Brasil, alaba Anélio Thomazzoni.

Su entusiasmo no es retórico. Cría cerca de 38.000 cerdos en su propiedad, la Granja Gavea, y usa sus excrementos para producir biogás con que genera electricidad, cerca de 280.000 kilovatios/hora, para consumo propio y de terceros.

Además está construyendo un biodigestor más grande y se apresta a instalar 6.000 metros cuadrados de placas fotovoltaicas en áreas ociosas de su hacienda, para generar otros 130.000 kilovatios/hora al mes, en una región donde difícilmente una familia consume 1.000 kilovatios mensuales.

“Tendré energía solar durante el día y electricidad a biogás cuando no haya sol”, la fórmula “más rentable del mundo” en términos energéticos y con beneficios al ambiente, celebró Thomazzoni.

“Además la energía solar me permitirá ahorrar parte del biogás que convertiré en biometano”, anticipó a IPS en su propiedad de 100 hectáreas, compartida con un hermano.

Biometano, un combustible equivalente al gas natural, se produce con la purificación del biogás. Debe ganar mayor importancia ante el plan gubernamental de crear “un nuevo mercado del gas” natural con su oferta a precios reducidos por la creciente producción en aguas profundas del océano brasileño.

“La red de gasoductos solo abastece a zonas cercanas al litoral, así que en el interior del país la solución será el biogás producido localmente”, destacó a IPS por su parte Alessandro Gardemann, presidente de la Asociación Brasileña de Biogás.

Los camiones dispondrán del biometano en un país donde ya se fabrican con propulsión a gas, ejemplificó. El país cuenta con 1,9 millones de vehículos de carga, que aportan 60 por ciento de ese tipo de transporte y mueven la mayor parte de la producción agrícola, según las autoridades del sector.

A los 56 años, todos vividos en el municipio de Vargeão, de tan solo 3.500 habitantes, en el sureño estado de Santa Catarina, Thomazzoni no perdió su ímpetu emprendedor.

El porcicultor Anélio Thomazzoni entre los tres biodigestores con los que actualmente produce el biogás para la generación de 280.000 kilovatios/hora en su granja, en el pequeño municipio de Vargeão, en el sur de Brasil. Parte del biocombustile se purificará para transformarlo en biometano, mientras se instalan 6.000 metros cuadrados de placas fotovoltaicas para generar 130.000 kilovatios/hora. Crédito: Mario Osava/IPS

El porcicultor Anélio Thomazzoni entre los tres biodigestores con los que actualmente produce el biogás para la generación de 280.000 kilovatios/hora en su granja, en el pequeño municipio de Vargeão, en el sur de Brasil. Parte del biocombustile se purificará para transformarlo en biometano, mientras se instalan 6.000 metros cuadrados de placas fotovoltaicas para generar 130.000 kilovatios/hora. Crédito: Mario Osava/IPS

Se dedica también a construir una nueva granja en otro predio de 50 hectáreas, para criar otros 30.000 cerdos, con una particularidad, parte serán animales reproductores, con mejoramiento genético. Además de carne, producirá más biogás, electricidad y biofertilizantes.

La familia Thomazzoni se mudó de Rio Grande do Sul, estado del extremo sur de Brasil, a Vargeão en 1957, en una de las oleadas de la migración de los gauchos hacia el norte y el oeste del país.

Inicialmente dedicada a siembras tradicionales, como el maíz y luego la soja, mudo a la porcicultura hace tres décadas. En 2003 ya tenían cerca de 10.000 cerdos y pasaron a producir el biogás, en respuesta a una exigencia de las autoridades ambientales, muy rígidas en el estado.

Fue suyo el primer biodigestor del oeste de Santa Catarina, gracias a créditos del Protocolo de Kyoto, firmado en 1997 y antecesor del Acuerdo de París sobre cambio climático, que estaban destinados a estimular la reducción de los gases del efecto invernadero que recalientan el planeta.

Desde 2015 pasó a generar electricidad a biogás, tras dos años de dificultades tecnológicas y una casi quiebra, porque la compañía concesionaria de la distribución, Centrales Eléctricas de Santa Catarina, exigió la instalación de cables y tardó 20 meses para autorizar la generación.

“Había dejado de soñar”, con generadores y equipos adquiridos y sin condiciones de pagar los préstamos por vencerse, recordó Thomazzoni.

El nuevo biodigestor, tres veces mayor que los anteriores, en construcción en la granja Gavea, de los hermanos Thomazzoni, en el sur de Brasil. A los lados, algunos de los 32 barracones donde crían cerdos en distintas fases: maternidad, guardería y engorde. En las dos últimas décadas el negocio se diversificó con la producción de biogás´, electricidad y biofertilizantes. Crédito: Mario Osava/IPS

El nuevo biodigestor, tres veces mayor que los anteriores, en construcción en la granja Gavea, de los hermanos Thomazzoni, en el sur de Brasil. A los lados, algunos de los 32 barracones donde crían cerdos en distintas fases: maternidad, guardería y engorde. En las dos últimas décadas el negocio se diversificó con la producción de biogás´, electricidad y biofertilizantes. Crédito: Mario Osava/IPS

El camino hacia el éxito tuvo otros contratiempos, como la pérdida de la lona de un biodigestor llevada por el viento.

“Planifiqué e hice todo lo que tenemos acá”, celebra el empresario agropecuario, apuntando algunos “inventos” propios con que sustituyó equipos tan caros en el mercado que “inviabilizarían mi negocio”.

Uno es el uso de agua calentada por un generador eléctrico que la bombea mediante tubos que se introducen en el biodigestor, elevando la temperatura interna para mejorar la fermentación y productividad de los excrementos, especialmente en la época fría.

Otro es un compresor que inyecta aire en la biodigestión, a un costo de 180 reales (45 dólares), 330 veces más barato que los tres filtros que había adquirido. “Hay estafadores en el mercado, que dificultan los proyectos de biogás”, señaló.

El residuo semisólido del proceso de biodigestión, conocido técnicamente como digestato, lo aprovecha como abono para su siembra de heno, más productivo por ser un cultivo perenne, que se incorpora a una “producción integrada”, como alimento ganadero. El maíz y la soja solo dan dos cosechas anuales, alternadas, justificó.

El biogás está en el centro de una cadena que es la propia “descripción de la economía circular”, según Gardemann, también director de Geo Energética, empresa que ejecuta un gran proyecto de biogás a partir de residuos de la caña de azúcar en el estado de São Paulo.

Anélio Thomazzoni junto a uno de los tres generadores eléctricos de su hacienda, en el sur de Brasil. Además de electricidad, el equipo calienta el agua que se bombea por tubos que, introducidos en los biodigestores, elevan la temperatura hasta el nivel adecuado para la fermentación de los excrementos porcinos. Crédito: Mario Osava/IPS

Anélio Thomazzoni junto a uno de los tres generadores eléctricos de su hacienda, en el sur de Brasil. Además de electricidad, el equipo calienta el agua que se bombea por tubos que, introducidos en los biodigestores, elevan la temperatura hasta el nivel adecuado para la fermentación de los excrementos porcinos. Crédito: Mario Osava/IPS

De la producción de alimentos, ganaderos o agrícolas, se aprovechan sus residuos para extraer biogás, cuyo subproducto se restituye al suelo como nutriente para nueva producción  alimentaria, detalló.

“El biogás es una batería 24 horas”, definió, para acentuar que se trata de “energía de base firme, que se puede almacenar y despachar a cualquier hora”, calidades que se hacen más necesarias ahora, cuando aumenta la participación de fuentes intermitentes, como la eólica y la solar.

Abiogás tiene como meta elevar la participación del biogás a 10 por ciento de la matriz energética brasileña. Hoy cuenta menos de uno por ciento, pero tiene potencialidades para abastecer “40 por ciento de la demanda nacional de electricidad o sustituir 70 por ciento del consumo brasileño de diésel”, según la asociación sectorial.

“El potencial anunciado no siempre es real”, advirtió el secretario de Agricultura de la gobernación de Santa Catarina, Ricardo de Gouvêa, en el Foro Sur Brasileño de Biogás y Biometano, celebrado entre el 4 y el 6 de septiembre en Chapecó, una ciudad del oeste del estado.

De los insumos agrícolas, apuntados como principal fuente, la mitad no se aprovecha o tiene otras destinaciones como la siembra directa, porque aún no hay tecnología totalmente validada y los beneficios del biogás muchas veces no compensan los costos de implantación, especialmente para pequeños productores, matizó.

Pero “el biogás es de hecho la mejor fuente y ahora es su turno”, sostuvo Péricles Pinheiro, responsable de Nuevos Negocios de CHP Brasil, empresa proveedora de equipos y soluciones para la generación distribuida de electricidad a gas.

Representa más energía firme o estable cuando se acumulan “factores de inseguridad eléctrica” con el peso creciente de fuentes intermitentes, el fin cercano de la vida útil de 80.000 kilómetros de líneas de transmisión y una distorsión en los datos de consumo nacional, argumentó.

La energía más cara en las horas de mayor consumo, de 17 a 21 horas, hizo a muchos consumidores recurrir a generadores propios a diésel en ese horario, provocando un aparente “bajón” de demanda en el inicio de la noche, cuando todos prenden la luz y muchos equipos domésticos.

Al desconocer ese dato, la operación del sistema eléctrico nacional puede aumentar los riesgos de apagones. El biogás ayudaría a reducir ese riesgo al ampliar su aporte, concluyó Pinheiro.

Edición: Estrella Gutiérrez

 


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