Escenario poscovid exhorta a repensar políticas de cuidado en Cuba
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Escenario poscovid exhorta a repensar políticas de cuidado en Cuba

Un fisioterapeuta atiende a una adulta mayor al concluir una sesión de ejercicios, en un parque de La Habana. En Cuba, 20,8 por ciento de la población tiene 60 años o más. Para 2035 se prevé que uno de cada tres habitantes en el país será un adulto mayor. Eso unido a la baja fecundidad, una esperanza de vida superior a los 78 años y la sostenida emigración de jóvenes, constituirá un desafío para la economía y el sistema social. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Un fisioterapeuta atiende a una adulta mayor al concluir una sesión de ejercicios, en un parque de La Habana. En Cuba, 20,8 por ciento de la población tiene 60 años o más. Para 2035 se prevé que uno de cada tres habitantes en el país será un adulto mayor. Eso unido a la baja fecundidad, una esperanza de vida superior a los 78 años y la sostenida emigración de jóvenes, constituirá un desafío para la economía y el sistema social. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

LA HABANA, 7 ene 2021 (IPS) - La jubilada María Josefa Peñalver dejó atrás la depresión y volvió a socializar gracias al proyecto de teleasistencia Acompáñame, que incentivó formas de cuidados y acompañamiento a distancia durante el aislamiento por la covid en la capital de Cuba.      

“Tenía miedo a salir de casa. Un grupo de especialistas me ayudó a sobreponerme. Me llamaban por teléfono para saber de mí, qué necesidades tenía, me daban ánimos para sobrellevar esa situación de peligro”, explicó a IPS esta residente habanera de 76 años.

Acompáñame tuvo como escenario al municipio Plaza de la Revolución, uno de los 15 que conforman La Habana, y que con 28,3 por ciento de su población mayor de 60 años clasifica como el más envejecido de este país insular caribeño.

“Cuidar es un derecho universal que debemos enseñar a nuestros hijos e hijas como parte de las relaciones intergeneracionales: derecho a cuidar y a ser cuidados. Confío en que el nuevo Código de Familias, que debe sustituir al actual que data de 1976, disponga de un acápite muy bien diseñado sobre el tema”: Felicitas López.

Fue una respuesta de integrantes del Grupo de Estudios Sobre la Familia (GESF) del estatal Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), en colaboración con otras entidades, para atender durante el aislamiento a 100 personas entre 61 y 79 años quienes vivían o permanecían la mayor parte del tiempo solas en sus hogares.

Recurrieron a canales de comunicación como el teléfono y las redes sociales para orientarlas, apoyarlas espiritual y afectivamente y establecer un diálogo que mitigara la falta de interacciones sociales.

En abril de 2020, el consejo popular Carmelo, parte del barrio del Vedado, en el municipio Plaza de la Revolución, fue el primero en La Habana y el segundo de la isla que entró en cuarentena por la incidencia del coronavirus.

Tras reportarse el 11 marzo los primeros tres casos de la enfermedad en Cuba, las autoridades dispusieron el cierre de las fronteras durante casi ocho meses.

A ello se sumaron diversas acciones de aislamiento territorial y social para reducir la movilidad y con ello, mitigar la propagación del virus que hasta la fecha dejó en el país 148 personas fallecidas y alrededor de 13 479 contagiadas, según datos de este jueves 7 del Ministerio de Salud.

Se resintieron los estilos de vida de un grupo vulnerable como el de adultas y adultos mayores, con impactos en sus estados psicológicos y emocionales relacionados con la soledad, tristeza, ansiedad y depresión e incluso la sobrecarga por el cuidado de otra persona, indican especialistas.

Además de poner a prueba al sistema de salud, universal y gratuito, la covid también evidenció la centralidad de las políticas de cuidados para la población cubana, en franco proceso de envejecimiento.

Cifras oficiales muestra que más de 2,3 millones de cubanas y cubanos rebasan los 60 años, equivalente al 20,8 por ciento de la población, lo que convierte a este país de 11,2 millones de habitantes en el segundo más envejecido de América Latina y el Caribe, detrás de Uruguay.

Adultos mayores intercambian experiencias durante un curso del programa Acompáñame, en uno de los centros de la Federación de Mujeres Cubanas en La Habana. La investigadora Rosa destacó durante la actividad la necesidad de incorporar los aspectos emocionales en la política de cuidados. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Adultos mayores intercambian experiencias durante un curso del programa Acompáñame, en uno de los centros de la Federación de Mujeres Cubanas en La Habana. La investigadora Rosa destacó durante la actividad la necesidad de incorporar los aspectos emocionales en la política de cuidados. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Para 2035 se pronostica que uno de cada tres residentes en la isla será un adulto mayor lo que unido a la baja fecundidad, una esperanza de vida superior a los 78 años y la sostenida emigración de jóvenes, constituirá un desafío para la economía y el sistema social que hasta el momento prioriza la atención a grupos vulnerables.

“Todos necesitamos cuidados en algún momento de nuestras vidas, pero cada vez hay menos personas que cuidan y más personas que cuidar. Los cuidados deben ser diversos y parecerse a la sociedad y a quienes están a nuestro amparo; deben constituir el diamante de las políticas públicas”, reflexionó en diálogo con IPS la socióloga e investigadora del GESF, Rosa Campoalegre.

Impulsora e integrante del grupo profesional de Acompáñame, Campoalegre recordó que el “dilema es cómo cuidamos, combinando atención y emoción. La idea de incluir el amor en los cuidados fue uno de los pilares del proyecto”.

Como parte de las acciones para extender la iniciativa, del 2 al 16 de noviembre se efectuó el curso virtual Transformando el trabajo de cuidados de las personas mayores, con la participación de docentes, universitarios, investigadores, comunicadores, trabajadores sociales y profesionales de la salud de ocho de las 15 provincias del país.

Para Ahmed Ación, economista y profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana,  resulta evidente la necesidad de transitar hacia políticas de cuidados con un enfoque que promuevan una red corresponsable de servicios.

Dicha red, ha analizado el investigador, debería estar compuesta por diferentes actores como las empresas, las comunidades, los hogares y las organizaciones sociales; donde el Estado juegue un papel de regulador, supervisor, coordinador y oferente de servicios, reivindicando la importancia y derechos de las y los cuidadores.

Expertos consultados por IPS concuerdan en que Cuba debiera avanzar hacia un Sistema Nacional Integrado de Cuidados como elemento indispensable en las estrategias de vida y familiares, así como en la gestión estatal y el activismo comunitario durante la etapa poscovid.

“Tenemos una organización social del cuidado que debe integrarse más, así como articular más las políticas al respecto, identificar grupos prioritarios, al igual que visibilizar el tema en la agenda pública nacional”, argumentó Campoalegre.

A su juicio, resulta indispensable profesionalizar a cuidadoras y cuidadores, “acreditarlos, a la par de concebir servicios de cuidado amigables y accesibles, además de apelar a iniciativas comunitarias inspiradas en experiencias de pueblos originarios, indígenas y algunas comunidades afro de América Latina”.

Personas de la tercera edad, protegidas con mascarillas, se ejercitan en un parque del Vedado, un céntrico barrio de La Habana. El aislamiento social por la covid resintió los estilos de vida de ese segmento poblacional de Cuba, con impactos negativos en sus estados psicológicos y emocionales. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Personas de la tercera edad, protegidas con mascarillas, se ejercitan en un parque del Vedado, un céntrico barrio de La Habana. El aislamiento social por la covid resintió los estilos de vida de ese segmento poblacional de Cuba, con impactos negativos en sus estados psicológicos y emocionales. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Una experiencia válida pudiera ser el caso de Uruguay, que en 2015 fue pionero en la región en desarrollar un Sistema Integral de Cuidados, que incluye subsidios para contratación de asistentes personales y teleasistencia.

A comienzos de noviembre, un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) explicó que disponer de sistemas nacionales de atención a la dependencia abre oportunidades de desarrollo económico, generación de empleos y nuevos emprendimientos.

Quienes necesitan cuidados se favorecen de un mercado que ofrece servicios de calidad, mediante recursos humanos profesionalizados.

A su vez, las personas que brindan apoyo de manera informal, sobre todo las mujeres, pueden beneficiarse de una distribución más justa de las tareas domésticas y acceder al mercado laboral, mientras las y los trabajadores formales se benefician mediante la profesionalización del sector y el establecimiento de reglas claras, puntualizó el BID.

“Debe haber más apoyo institucional, más asilos y Casas de Abuelos –como se conoce aquí a los centros estatales de cuidado diurnos-, u otras iniciativas para quienes no tengan a alguien que los pueda ayudar dentro de su familia”, valoró Ernesto Chávez, investigador del GESF, en diálogo con IPS.

De acuerdo con datos oficiales, el Sistema Nacional de Salud cubano dispone de alrededor de 150 hogares de ancianos, que son residencias permanentes,  y unas 275 Casas de abuelos, de atención y servicios diurnos, los cuales resultan insuficientes.

Se estima que más de 221 400 adultas y adultos mayores en la isla viven solos.

Desde 1959, en Cuba se crearon diversos servicios, leyes e instituciones encaminadas a la protección de individuos dependientes, con el fin de lograr su máximo desarrollo y bienestar.

Sin embargo, la actualización del modelo socialista de desarrollo económico y social iniciada en 2010 ha reducido el rol del Estado como proveedor de servicios de cuidado, mediante la reestructuración de los sistemas de Salud, Educación y Asistencia Social.

Si bien en este periodo se ha ampliado la oferta de cuidados privados, el servicio resulta inaccesible para muchas familias dado sus elevados precios, alto nivel de informalidad y desregulación, contrastan expertos.

“Cuidar es un derecho universal que debemos enseñar a nuestros hijos e hijas como parte de las relaciones intergeneracionales: derecho a cuidar y a ser cuidados. Confío en que el nuevo Código de Familias, que debe sustituir al actual que data de 1976, disponga de un acápite muy bien diseñado sobre el tema”, manifestó a IPS la jurista Felicitas López, integrante del proyecto.

ED: EG

 


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