Agricultores preservan cuencas de Jamaica

Las Montañas Azules de Jamaica y la cordillera John Crow -con el Caribe al fondo- contienen el único bosque tropical de la isla y son fuente del agua que se consume en Kingston, la capital, por lo que su conservación es fundamental. Foto: BID
Las Montañas Azules de Jamaica y la cordillera John Crow -con el Caribe al fondo- contienen el único bosque tropical de la isla y son fuente del agua que se consume en Kingston, la capital, por lo que su conservación es fundamental. Foto: BID

Centenares de agricultores de Jamaica combinan sus labranzas con el rescate de la cuenca de los ríos Hole y Yallahs, que suministran 40 por ciento del agua utilizada en hogares, negocios y granjas del área metropolitana de esta capital, destacó un reporte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que auspicia la iniciativa.

Esos ríos descienden desde los ecosistemas de Montañas Azules y la cordillera John Crow, con un parque nacional de 495 kilómetros cuadrados en el oriente de esta isla en la mitad del Caribe, de 10 991 kilómetros cuadrados y tres millones de habitantes.

Proteger de la degradación ecológica a esas dos cuencas, con el único bosque tropical que queda en Jamaica, se ha convertido en una prioridad, pues enfrentan amenazas derivadas de la agricultura, la extracción de madera y leña, la minería, la explotación de canteras y el desbroce de tierras para construir viviendas.

Loureene Jones, de la Agencia Nacional de Ambiente y Planificación (NEPA, en inglés), dijo que “el problema es que la cubierta forestal se ha reducido, con más áreas expuestas, lo que a su vez provoca mayor erosión y sedimentación”.

“Cuando llueve mucho, una gran cantidad de sedimento se arrastra hacia las áreas de captación de donde proviene el líquido para suministrar agua potable a Kingston. Esto provoca que la empresa de agua tenga que cerrar el sistema, lo que provoca cortes en el servicio”, añadió Jones.

Para contrarrestar estas amenazas, NEPA inició con apoyo del BID un proyecto de manejo de las cuencas de Yallahs y Hope, que incluyó incentivos económicos y financieros a las comunidades aledañas a cambio de impulsar agricultura y silvicultura sostenibles.

“Sin inversión en reforestación, capacitación de los agricultores y control de la erosión, los volúmenes y la calidad del suministro de agua probablemente enfrentarán una mayor variabilidad y disminución”, expuso Yuri Chakalall, especialista en gestión de riesgos y desastres del BID.

Sostuvo que “dirigirse a los agricultores a través de capacitación, demostraciones prácticas e incentivos para mejorar sus técnicas de cultivo y manejo del suelo, es fundamental para cualquier esfuerzo por reducir la erosión dentro de la cuenca”.

La educación ha sido clave para superar la reticencia inicial de los agricultores y así poder proporcionarles herramientas para preservar la tierra de la que dependen, por lo que con apoyo de la Autoridad de Desarrollo Agrícola Rural de Jamaica se estableció una escuela especial con este objetivo.

Hasta ahora se han graduado en prácticas sostenibles 402 alumnos en la escuela de campo para agricultores en el oriente jamaiquino, y el primer fruto ya es visible: la reforestación de 500 hectáreas de tierra en las cuencas.

El reporte presentó a un beneficiario de esta formación, Garfield Willis, padre soltero de tres hijos que regresó a Jamaica en 2015 luego de años en el extranjero y decidió dedicarse a la agricultura, el oficio de sus padres, para sostener a su familia.

Narró que un día fue a la ciudad, entró a una tienda que vendía semillas, se enteró de que el perejil daría buenos rendimientos, compró un dólar de ellas, las sembró en un área de las Montañas Azules y comenzó a regarlas todas las mañanas.

Para su sorpresa “en poco tiempo las semillas se convirtieron en una cosecha abundante. Fui al mercado a vender todos los jueves y gané 75 000 dólares (jamaiquinos, equivalentes a 510 dólares estadounidenses)”.

Con esas ventas, Willis puede costear la educación de sus hijos, cubrir otras necesidades básicas e invertir algo más en su granja.

La capacitación de Willis le enseñó cómo podía contribuir a la preservación del área, utilizando partes de su tierra sin sembrar para crear barreras en las laderas que evitan la erosión del suelo, junto con técnicas para reutilizar residuos de su finca, como el compostaje, y gastando menos en fertilizantes y pesticidas.

“Aproveché el aprendizaje. He plantado col rizada, apio y café. A veces usábamos muchos químicos, quemábamos la tierra para limpiarla. Gracias a las clases ya no usamos tantos productos, lo que disminuye la erosión del suelo”, dijo Willis.

Las Montañas Azules y la cordillera John Crow son tierras altas que albergan cientos de plantas y animales autóctonos: aves, reptiles, anfibios, caracoles e incluso mariposas en peligro de extinción.

La meta del programa es que, mediante la inversión en las capacidades de los agricultores, se alcance el equilibrio necesario entre su sustento y el impacto ecológico de sus actividades, y se sostenga la fuente de agua para el millón de habitantes de Kingston.

A-E/HM

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