Artículos escritos por Justus Wanzala

La falta de fondos frena la lucha contra la degradación del suelo

La degradación del suelo ya afecta a millones de personas porque es responsable de la pérdida de biodiversidad, de la menor disponibilidad de agua potable, de la inseguridad alimentaria y de la enorme vulnerabilidad de numerosas comunidades frente al fuerte impacto del cambio climático.

Kenia reforesta zonas áridas contra la degradación del suelo

Agobiada por la creciente degradación del suelo que se traga tierras fértiles, Kenia dedica enormes esfuerzos a la recuperación de vastas zonas áridas y semiáridas con el fin de frenar la desertificación.

El acopio masivo de agua de lluvia alivia la escasez en Kenia

En Kenia, al igual que en otros lugares, no es nada nuevo cosechar agua de lluvia. Pero en este país caracterizado por el déficit hídrico y donde las dos terceras partes de su territorio son áridas y semiáridas, la búsqueda de una solución duradera a la escasez permitió innovar en esta práctica antiquísima.

Kenia protege recursos fitogenéticos contra el cambio climático

Los datos meteorológicos de los últimos 50 años de Kenia confirman la creciente irregularidad de las precipitaciones. Las consecuencias de esta variabilidad climática tienen un fuerte impacto en este país africano, donde se han vuelto comunes las sequías y las inundaciones.

Cooperativa cambia la vida a agricultores pobres en Kenia

La elevada pobreza, la disminución en la superficie de la tierra y el clima cambiante obligaron a los agricultores de la zona de Tangakona, en el oeste de Kenia, a adoptar una iniciativa comercial cooperativa para mejorar sus medios de vida.

Las huertas mejoran la nutrición y los ingresos en Kenia

Los cambios en las últimas décadas en el gusto popular en el condado de Busia, en el oeste de Kenia, relegaron el cultivo de las hortalizas autóctonas a un segundo plano, y la mayoría de los agricultores se dedicó a plantar variedades exóticas.

Quioscos solares iluminan el campo en Kenia

El cambio climático afectó al pueblo masái, en especial en la región árida del lago Magadi, en el sur de Kenia, donde poco a poco adquieren hábitos sedentarios, aunque sin servicios porque, entre otras cosas, no están conectados a la red eléctrica.