AMBIENTE: Nada es verde en el ALCA Por Stephen Leahy (Tierramérica)*TORONTO, nov (IPS) - A pesar del claro vínculo entre comercio y
ambiente, la agenda verde es completamente ignorada en la batalla por crear
un mercado único panamericano, afirman analistas.
Hubo muy poco de ”verde” en la conferencia ministerial a puertas cerradas
que discutió el jueves 20 la creación del Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA), en la ciudad estadounidense de Miami.
De hecho, las cuestiones ambientales jugaron muy poco desde el inicio del
plan lanzado en la Cumbre de las Américas de 1994, también en Miami, por 34
países del continente, todos excepto Cuba.
”Los negociadores ni siquiera hablan de los impactos ambientales del
comercio”, dijo a Tierramérica el director de comunicaciones del no
gubernamental Consejo de Canadienses (Council of Canadians), Bill
Moore-Kilgannon, que encabeza la oposición al ALCA en este país.
La propuesta presentada esta semana por Estados Unidos y Brasil como
copresidentes de las negociaciones, permite a los países elegir las
obligaciones a las que están dispuestos, pero ni siquiera menciona la
palabra ambiente, dijo Moore-Kilgannon.
”El principio rector aquí es que no puede haber ninguna restricción a las
corporaciones”, opinó.
Existe amplio acuerdo en la comunidad internacional acerca de que el
intercambio comercial y el flujo de inversiones afectan el ambiente.
Hasta la Organización Mundial del Comercio reconoce que sin políticas
ambientales adecuadas, la liberalización comercial puede conducir a más
contaminación y a un uso no sustentable de los recursos, afirman los
investigadores de la Universidad de Yale, Mónica Araya y Daniel Esty.
Los acuerdos comerciales deben incluir un componente de política
ambiental, y el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)
podría ser un buen modelo para el ALCA, argumentan los autores del reporte
”Cerrando la brecha entre comercio y ambiente del ALCA”.
El TLCAN, que comprende a Canadá, Estados Unidos y México, entró en vigor
en enero de 1994, tras cinco años de intenso debate.
Contiene provisiones y un acuerdo paralelo sobre cooperación ambiental
que, al contrario de lo que se temía, no se convirtieron en una nueva
herramienta para el proteccionismo ni dañaron la economía mexicana, concluye
el trabajo.
Duramente criticado por la sociedad civil de los tres países, la presión
pública forzó a incluir en el TLCAN acuerdos paralelos sobre derechos
laborales y ambiente.
Moore-Kilgannon no cree que el TLCAN sea un buen modelo, aunque sí
considera que los tratados de comercio deberían incluir una protección
ambiental efectiva.
Un grupo reducido de corporaciones y de gobiernos rechaza cualquier
restricción ambiental, pues su ventaja competitiva descansa en la ausencia
de normas, sostiene.
Las cláusulas ambientales del TLCAN no lograron proteger el ambiente
mexicano, según un estudio de tres años del Global Development and
Environment Institute (Instituto de Ambiente y Desarrollo Global).
”La gran ola de inversiones extranjeras directas fue la falla definitiva
respecto de la introducción de tecnología limpia en la industria mexicana”,
sostiene Florencia Copley, directora ejecutiva de la costarricense Fundación
Pacificar.
”Desde que el TLCAN entró en vigor, el gasto real en ambiente cayó 45 por
ciento y las inspecciones a fábricas y plantas industriales se redujeron en
una proporción similar”, agrega.
Por otra parte, existen problemas notables en el capítulo 11 del tratado
que dio origen al TLCAN, referido a inversiones, y que se propone como
modelo para el ALCA.
Ese capítulo fue concebido para proteger de pérdidas a los inversores
extranjeros en países del TLCAN, explicó a Tierramérica Daniel Magraw,
presidente del Centro por el Derecho Ambiental Internacional.
Según sus normas, los gobiernos de países anfitriones de tales
inversiones no pueden expropiar la propiedad de los inversores sin el debido
proceso y deben ofrecer igual tratamiento a empresas nacionales y
extranjeras.
Además, las empresas pueden demandar al país ante tribunales por
compensaciones económicas especiales si estiman que ha violado sus derechos
de inversores.
Paradójicamente, el capítulo 11 fue inicialmente elogiado por una
cláusula ambiental, según la cual los gobiernos se comprometieron a no
buscar inversiones extranjeras relajando o ignorando sus regulaciones sobre
salud, seguridad laboral y ambiente.
Pero dicho compromiso no cuenta con un mecanismo que lo convierta en
obligatorio.
”El problema es que el capítulo 11 está muy mal concebido, todo el mundo
sabe que algunas partes no tienen sentido y otras no significan lo que se
supone que significan”, sostuvo Magraw, quien contribuyó a redactar el
acuerdo como funcionario de la estadounidense Agencia de Protección
Ambiental.
En 1999 la corporación canadiense Methanex apeló al capítulo 11 para
evitar que el occidental estado estadounidense de California prohibiera el
aditivo de gasolina MTBE por ser peligroso para la salud humana.
La empresa reclamó una compensación de 1.000 millones de dólares por
ganancias perdidas, pero un tribunal del TLCAN falló contra el reclamo en
2002. Methanex presentó una nueva demanda, y el gobierno de California
suspendió la prohibición al MTBE.
Los costos de la defensa contra la acusación de Methanex fueron enormes.
”No hay modo de que pequeños países como Bolivia puedan afrontarlos”, opinó
Magraw.
A su juicio, la mayoría de los países estarían mejor sin incluir el
capítulo 11 en el ALCA, aunque la protección ambiental debería ser parte del
acuerdo. ”Pero no soy optimista”, dijo Magraw.
La falta de interés gubernamental en la cuestión proviene de la
convicción de que los asuntos ambientales deben ser tratados en forma
separada, dijo a Tierramérica el director del no gubernamental Centro para
los Derechos Ambientales, Gustavo Alanis, de México.
Pese a todo, en la Comisión de Cooperación Ambiental del TLCAN ”existe
apertura para que la sociedad presente denuncias públicas. Este mecanismo
tiene gran peso aunque no implique sanciones. Creo que podría usarse como
ejemplo para el ALCA”, apuntó.
La sociedad civil latinoamericana ha montado grupos de presión para
incorporar el tema en las negociaciones que aún deben desarrollarse en 2004
y 2005.
Según el cronograma original del ALCA, el acuerdo debería estar concluido
en enero de 2005 y luego debería someterse a ratificación parlamentaria para
entrar en vigor a fines de ese año o en 2006.
Cunde sin embargo el escepticismo. ”El ALCA será otra carrera hacia
abajo, alimentada por las corporaciones. No tiene sentido intentar hacerlo
verde”, estima Anuradha Mittal, codirectora de Food First/Institute for Food
and Development Policy (Primero Alimentos/Instituto para Políticas de
Alimentación y Desarrollo).
Aunque el canadiense Moore-Kilgannon no va tan lejos, coincide en que el
ALCA no puede ”reverdecerse”.
”La esencia del ALCA es permitir a las corporaciones moverse con libertad
y hacer lo que quieran”, concluye.
* El autor es colaborador de Tierramérica. Con aportes de Diego Cevallos
(México). Publicado originalmente el 22 de noviembre por la red
latinoamericana de diarios de Tierramérica. ((FIN/2003) Envíe sus comentarios al editor |