FORO SOCIAL-AMERICA: Juicio al BID y al Banco Mundial Por Kintto LucasQUITO, 27 jul (IPS) - Campesinos y ambientalistas de América Latina
juzgaron, en ausencia, al Banco Mundial y al Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) bajo cargos de agravar la concentración de la propiedad de
la tierra y de promover cultivos no sustentables, como los transgénicos.
El simbólico proceso se llevó a cabo este martes ante un Tribunal por
la Soberanía Alimentaria que sesionó en Quito, en el marco del I Foro
Social de las Américas, celebrado entre el domingo y este viernes.
En el jurado estaban, entre otros, el activista humanitario argentino y
premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y la presidenta de la también
argentina Asociación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas.
En el banquillo debían estar organismos financieros multilaterales por
su ”deuda ecológica con los países y pueblos de América Latina”. Pero los
acusados no se presentaron a la audiencia, de modo que no tuvieron quien
los defendiera.
Aurora Donoso, de la ambientalista Acción Ecológica de Ecuador, leyó
ante más de 200 personas, cartas del Banco Mundial y del BID, en las que
ambas instituciones declinaron participar del proceso, pero señalaron
voluntad de establecer diálogos acerca del asunto a juzgar, y aseveraron
que sus políticas se basan en el desarrollo sustentable.
El concepto pretende conciliar la viabilidad económica y social y un
uso responsable de los recursos naturales, que deben preservarse para las
generaciones futuras.
Durante el transcurso del juicio, desfilaron testimonios de
experiencias negativas vinculadas al Banco Mundial y al BID en Argentina,
Brasil, Colombia y Haití.
Adolfo Rey, de Jubileo Sur de Argentina, sostuvo que la política del
Banco Mundial promovió el cultivo de soja genéticamente modificada por su
mayor rentabilidad, sin tener en cuenta los efectos que podía provocar en
el ambiente y la sociedad agraria de su país, de 37 millones de habitantes.
La gran extensión de este monocultivo hizo que muchos pequeños y
medianos campesinos dejaran de plantar para vender sus fincas a grandes
agroexportadores.
La producción de soja, una leguminosa marginal hace poco más de 20
años, creció de 11 a 36 millones de toneladas en los últimos cinco años en
Argentina.
La soja, que se exporta casi en su totalidad, representa hoy más de la
mitad de la cosecha argentina, desplazó a decenas de otros cultivos, y en
pocos años convirtió a ese país en el tercer productor mundial de esta
oleaginosa, después de Estados Unidos y de Brasil.
Mientras las plantaciones de soja aumentaron 74 por ciento, las de
arroz se redujeron en 44 por ciento, las de maíz en 26 por ciento y las de
girasol en 34 por ciento, dijo Rey.
Según su opinión, el cultivo crea un empleo por hectárea plantada,
mientras los de cítricos requieren 60 trabajadores por igual superficie, y
80 los de otros árboles frutales.
”Esa es una muestra de los efectos negativos en la sociedad de una
política promovida por el Banco Mundial. Debido a eso, pueblos rurales que
eran tranquilos y prósperos se han transformado en hervideros de miseria”,
aseguró.
El activista también señaló el gran consumo de abonos químicos en las
plantaciones de soja y la deforestación empujada por la ampliación de la
frontera agrícola
”Quienes producían miel, por ejemplo, vieron en un comienzo disminuir
su producción, y finalmente no pudieron” continuar con ella, porque la
supervivencia de las abejas ”es imposible en un ambiente de transgénicos y
agrotóxicos”, dijo Rey.
Interrogado acerca de las respuestas del gobierno de Néstor Kirchner a
esta situación, Rey subrayó las dificultades que afronta el Estado, ávido
de los impuestos a la exportación de soja para cumplir sus compromisos,
incluidos los planes sociales para los más pobres.
El brasileño Marcelo Rezende, quien fue director del Instituto Nacional
de Crédito y Reforma Agraria de su país en los primeros meses del gobierno
del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, también criticó la política de
los organismos multilaterales en la agricultura.
Según Rezende, el Banco Mundial promueve préstamos a pequeños
productores para que compren tierras y dejen de reclamar la entrega de
grandes predios improductivos para realizar la reforma agraria, como
establece la ley.
”Esa política, auspiciada por el gobierno, hace que los terratenientes
sobrevalúen sus predios y vendan los de peor calidad a los pequeños
campesinos. Estos quedan endeudados, con tierras malas y dejan de
movilizarse para exigir (que se lleve a cabo) la reforma agraria”, arguyó
Rezende.
Cerca de 26.000 propietarios concentran en sus manos 46 por ciento de
todas las tierras de Brasil, mientras 4,6 millones de familias rurales
viven sin parcelas y en condiciones precarias en el país de 178 millones de
habitantes, lo que explica la necesidad de la reforma agraria, según la
Secretaría Nacional del Movimiento de los Sin Tierra (MST).
Lula prometió establecer 400.000 familias durante su gobierno, de 2003
a 2006. Este año resultarán beneficiadas 115.000 familias, según el
ministro de Desarrollo Agrario, Miguel Rossetto.
Pero el gobierno solo entregó tierras a 14.000 familias en 2003 y a
7.000 hasta abril de este año.
Rezende también afirmó que el programa de créditos del Banco Mundial
para la Amazonia está provocando una mayor deforestación de sus bosques,
con el propósito de transformarlos en zonas de monocultivo.
Rezende añadió que el Banco Mundial ejerce un control agrícola sobre
una zona estratégica de América del Sur como es la Amazonia.
Ante una pregunta sobre la política agraria de Lula, Rezende aseguró
que ”es la misma que llevaba a cabo el de Fernando Henrique Cardoso”
(1995-2003).
Cardoso anunció haber distribuido tierras a 620.000 familias, pero un
censo de la Universidad de Sao Paulo solo comprobó 358.000 familias, según
el MST.
”Muchos esperábamos que se pudiera implementar una política agraria
productiva con una verdadera reforma agraria, pero lamentablemente eso no
ha ocurrido” con Lula, afirmó Rezende, vinculado a los trabajadores rurales
de Brasil y a la red internacional Vía Campesina.
Algunos asistentes elevaron también un dedo acusador contra
organizaciones campesinas que hoy critican al BID, pero ”están atrás de sus
préstamos para realizar proyectos conjuntos”.
La colombiana Elsa Nivea, experta en agrotóxicos, afirmó que hasta un
tiempo atrás, las organizaciones campesinas podían aceptar préstamos (de
agencias multilaterales) por no conocer lo que éstos implicaban, pero hoy
no hay excusas para ser cómplices de las políticas negativas de estos
organismos.
(FIN/2004) Envíe sus comentarios al editor |