FORO SOCIAL MUNDIAL: La información informe comentario de Marcelo PereiraMONTEVIDEO, 31 ene (IPS) - El VI Foro Social Mundial (FSM) se realizará el
año próximo de modo descentralizado, "en varios lugares del mundo" aún
indefinidos, y eso aumenta la importancia de resolver problemas pendientes
de comunicación, interna y hacia fuera.
Según los organizadores del FSM, hubo unos 155.000 participantes en su
quinta edición, que terminó este lunes en la meridional ciudad brasileña de
Porto Alegre, y de ellos, 6.880 se acreditaron como comunicadores. La
proporción de un comunicador cada 22,5 personas parece excelente, pero no
evitó que persistieran grandes dificultades en la materia.
Los periodistas profesionales de medios de comunicación masiva tuvieron
que adaptarse, como en anteriores ediciones, a la ausencia de una "oficina
de prensa" tradicional. Como el Foro no tiene dirigentes ni portavoces (y
este año ni siquiera tuvo invitados especiales) tampoco cuenta con una
estructura propia que seleccione, entre su torrente de actividades (fueron
2.500), las que considera principales, o intente sintetizar lo ocurrido
cada día.
Esa tarea titánica queda a cargo de cada periodista, pero antes de
entrar a la difícil definición de criterios sobre lo que importa, está el
problema de contar con un panorama general de los hechos, que son
prácticamente inabarcables.
El FSM no está pensado para que alguien pueda ver el panorama general
de lo que pasa en él, pero los periodistas tratan de acercarse a esa
perspectiva, o se presentan ante su público como si la tuvieran.
En el mundo actual, y quizá también en el "otro mundo posible" que se
intenta construir desde el Foro, a nadie le interesarían las noticias de
alguien que admitiera estar perdido en medio de una vorágine.
En ese marco, no puede llamar la atención que el manifiesto dado a
conocer el sábado por 19 destacados intelectuales que participaron en el
FSM haya recibido un tratamiento privilegiado por parte de grandes medios
de comunicación, aunque no fuera una declaración oficial del encuentro.
En ausencia de portavoces formales, los periodistas buscan a personas
famosas, sobre todo si gran parte de ellas están asociadas con la historia
del Foro desde su inicio. Y es muy difícil convencer a una gran cadena
internacional de noticias de que nadie es especialmente representativo de
la multitud.
Una parte muy interesante del mundo llega al Foro, pero el Foro no
tiene resuelto cómo llegar al mundo. Ni siquiera a la parte del mundo que
tiene dentro de sí. Los asistentes deambulan de una carpa a otra,
participan en una ínfima proporción de las experiencias posibles, y les
cuentan algunas más.
¿Cuántas personas se enteraron de las duras críticas a la intervención
militar en Haití, comandada por Brasil, en una conferencia de prensa poco
después de las cuatro de la tarde del sábado, con participación destacada
de João Pedro Stédile, dirigente del brasileño Movimiento de los Sin Tierra?
¿Y quién debería decidir si esa noticia, o cualquier otra de las que
expresaron con fuerza polémicas internas de la izquierda brasileña, es más
importante, por ejemplo, que la denuncia sobre atrocidades en Chechenia
realizada, un par de horas antes y en la misma sala, por la abogada
chechena Lydia Yusupova?
Este año, la comunicación interna se articuló más que en ediciones
previas, por la coordinación entre medios de comunicación alternativos que
lograron ponerse de acuerdo, al fin de cada día, sobre la importancia de
cubrir algunas de las actividades del día siguiente.
Pero esos acuerdos no tienen por qué considerarse representativos de la
diversidad del Foro, y quizás haya quien piense que la acotaron en forma
perjudicial.
Por otra parte, ¿cuántos de los participantes accedieron a esos medios
alternativos? Conectarse a Internet no era fácil en el territorio del Foro,
ni siquiera para quienes contaban con una acreditación de prensa. Entre
discursos sobre las nuevas tecnologías de la información y los desafíos del
siglo XXI, la circulación interna eficaz de mensajes dependió ante todo del
papel.
Un periódico, una octavilla entregada personalmente o un simple aviso
manuscrito sujeto a un árbol en el enorme campamento de jóvenes asistentes,
podían ser medios más útiles que Internet para convocar a una actividad.
Si la idea para el año próximo es que el Foro "descentralizado" sea un
solo acontecimiento en varios continentes, y no un conjunto de foros
regionales independientes entre sí, el problema de la comunicación interna
es absolutamente crucial, sobre todo desde el punto de vista de la
interactividad. Y no podrá resolverse con papeles.
Al igual que en la edición del FSM que ha terminado en Porto Alegre, el
centro de ese problema no es tecnológico, sino que se ubica en la
encrucijada de la ideología y la política de organización.
Existen medios para que reuniones simultáneas muy distantes entre sí se
mantengan interconectadas, pero no se puede transmitir todo para todos al
mismo tiempo, y alguien, en algún lugar, deberá establecer prioridades.
En lo relacionado con la comunicación hacia fuera, la primera pregunta
es qué importancia se le asigna realmente. Un canal de televisión de Porto
Alegre se dedicó casi por completo al FSM, pero los organizadores del
encuentro no parecieron muy interesados en mantener un ojo atento a esa
transmisión, que moldeó la percepción de la ciudad anfitriona sobre el
acontecimiento.
¿Será que se apuesta a que los medios alternativos presentes se hagan
cargo del vínculo con "el exterior"? ¿O será que no se otorga mucha
relevancia al público que sólo consume medios masivos? La primera idea
parece impracticable, y la segunda excluiría a la amplia mayoría de la
humanidad.
En ese contexto, es claro que la descentralización prevista para el año
próximo abre un amplio espacio a nuevas emisoras de televisión con vocación
internacional, mucho más cercanas al proceso del FSM que las grandes
cadenas comerciales, pero no por eso de la misma naturaleza que el Foro.
Esas emisoras, como TV Brasil o la venezolana TeleSur (en la que se
prevé participación argentina), son "alternativas" en el sentido en que lo
es la qatarí Al Jazeera, en relación con las grandes cadenas
estadounidenses. Pero también son, como Al Jazeera, empresas con fuerte
apoyo estatal.
Aunque se propongan, con la mejor voluntad, ser un vehículo para la
expresión de la sociedad civil, y con independencia de que pongan énfasis
en lo explícitamente político o en lo cultural, surgen por decisión de
gobiernos y es inevitable que sean sensibles a la voluntad de éstos.
Los organizadores del proceso del FSM y los innumerables grupos y
personas que se relacionan con él tienen un año para probar que otra
comunicación es posible.
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