AMÉRICA LATINA: Indígenas en el ”eje del mal” Por Gustavo González *SANTIAGO, may (IPS) - La ”guerra contra el terror”, identificada en el
último informe de Amnistía Internacional como renovada fuente de violación
de los derechos humanos, amenaza con extenderse en América Latina contra
movimientos indígenas que levantan demandas de autonomía y rechazan la
llamada globalización neoliberal.
En Estados Unidos existe ”una percepción sobre los pueblos indígenas
como un factor de desestabilización y terrorismo”, que contribuye a que en
algunos gobiernos latinoamericanos se opere una ”criminalización de sus
demandas”, dijo a IPS el abogado José Aylwin, del Instituto de Estudios
Indígenas de la Universidad de la Frontera de Temuco (670 kilómetros al sur
de Santiago).
Pedro Cayuqueo, director del periódico mapuche Azkintuwe, también de
Temuco, escribió que el ”irredentismo indígena” latinoamericano y el
radicalismo islámico son considerados amenazas a la seguridad y a la
hegemonía de los Estados Unidos en el projecto ”Global Trends 2020 -Mapping
the Global Future” (Tendencias globales 2020- Cartografía del futuro
global), redactado por el Consejo Nacional de Inteligencia de ese país.
Este consejo, conocido como NIC por sus siglas en inglés, trabaja con
13 organismos estatales, incluyendo a la CIA (Agencia Central de
Inteligencia), y se asesora con expertos estadounidenses y de otros países..
Su informe es ”un verdadero escáner contrainsurgente” para escenarios
prospectivos hacia el año 2020, según Cayuqueo.
Como parte de los insumos de su informe, NIC organizó 12 conferencias
regionales en todo el mundo, una de ellas en Santiago, en junio de 2004.
La emergencia indígena y el refuerzo de las identidades étnicas, apuntó
el periodista, pasan en esa perspectiva a ser objetivos de la ”ingeniería
militar de la llamada guerra de baja intensidad, un remozado esquema de la
Doctrina de Seguridad Nacional”, matriz de la intervención estadounidense
en América Latina desde los años 60 hasta el fin de la guerra fría en 1991.
La problemática indígena aparece así integrada a lo que Estados Unidos
vislumbra como amenazas futuras a su hegemonía, tal como la inclusión de
tres países en el ”eje del mal” (Iraq, Irán, Corea del Norte), fue un
adelanto de guerras e invasiones por venir.
Las aprensiones atribuidas al NIC suscitaron diversas reacciones en
líderes indígenas y expertos consultados por IPS y, del mismo modo, tienen
grados diferentes de aplicación de acuerdo a la naturaleza y volumen de los
conflictos étnicos en los países de la región y su posible relación con
otros factores de ”inestabilidad” en la mira de Washington.
La subregión andina es el área más candente por el protagonismo
político de los movimientos indígenas en Bolivia y Ecuador, pero también
por la incidencia en el mundo aborigen de fenómenos como el conflicto
armado interno y el narcotráfico, sobre todo en Colombia, aunque también
con expresiones en Perú y la propia Bolivia.
Siempre en torno a Los Andes, organizaciones mapuches del sur de Chile
y de Argentina radicalizaron en los últimos años sus demandas de tierras y
exigen formas de autonomía y resguardos de su cultura y su entorno
ambiental, amenazados por inversiones mineras y forestales, a menudo de
empresas transnacionales favorecidas por los gobiernos.
”Las naciones indígenas y originarias ejercen y conservan una profunda
esencia democrática en su organización y decisiones, pero las
transnacionales son responsables de promover la exclusión de los grupos
mayoritarios y empujan a la violencia que podría traducirse en la lucha
armada”, dijo a IPS en Bolivia el líder aymara Juan de la Cruz Vilca.
En Bolivia, 70 por ciento de los 9,2 millones de habitantes se
identifican con pueblos autóctonos, y el movimiento indígena reivindica hoy
junto a otros sectores la convocatoria de una Asamblea Constituyente para
”refundar la república” y reconocer la autodeterminación de unas 36
naciones originarias, agregó de la Cruz Vilca.
El ex presidente de la Confederación Sindical Única de Trabajadores
Campesinos de Bolivia, acusó a las empresas petroleras extranjeras de
promover las demandas de autonomía de Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni,
departamentos de la región oriental donde están las ricas reservas de gas
natural del país.
”Tras ese movimiento se esconde un plan orientado a generar la reacción
violenta de los sectores indígenas para justificar una intervención militar
externa”, aseveró.
”La visión de que los indígenas somos una amenaza es cierta desde el
punto de vista de ciertos poderes políticos y económicos. Nos ven como
terroristas, pero no lo somos, pues nuestra lucha es abierta, legal y
legítima”, apuntó a su vez Ricardo Díaz, diputado indígena boliviano del
izquierdista Movimiento al Socialismo.
Luis Macas, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas
del Ecuador (Conaie), dijo a IPS que informes como el del NIC ”responden a
una mirada excluyente del mundo, como la que tiene el gobierno de Estados
Unidos y defienden ideológicamente intelectuales como (el escritor peruano)
Mario Vargas Llosa”.
Se estima que 40 por ciento de los casi 13 millones de ecuatorianos son
indígenas. La Conaie tiene como brazo político a Pachakutik (Movimiento de
Unidad Plurinacional Nuevo País), que en 2002 acompañó en sus siete
primeros meses al gobierno de Lucio Gutiérrez, depuesto de su cargo el
pasado 20 de abril.
”Si no existiese la Conaie, que encauza la lucha indígena de forma
pacífica, la pobreza en que viven nuestras comunidades y el pueblo
ecuatoriano en general podría ser caldo de cultivo para el surgimiento de
organizaciones que quisieran cambiar la realidad social de forma violenta,
pero eso no ha ocurrido”, explicó Macas.
”No somos una amenaza para el mundo y tampoco para ellos (Estados
Unidos). Al contrario, somos una esperanza, una alternativa que tiene el
género humano”, apuntó Feliciano Valencia, coordinador de Derechos Humanos
de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, al suroccidente
de Colombia.
Los chamanes ”lo habían advertido, que se venían tiempos muy difíciles,
que hay una nube negra sobre nuestros territorios y que eso presagiaba
muchas desgracias”, comentó a IPS el dirigente, para quien en Colombia ya
se aplican políticas de persecución a los movimientos sociales e indígenas
que se adelantan al ”Global Trends 2020”.
El pueblo nasa, al cual pertenece Valencia, cuenta con unos 150.000
comuneros y es la segunda etnia mayoritaria de Colombia, donde existen 90
pueblos indígenas que suman cerca de dos por ciento de la población de 42,3
millones de habitantes del país.
Aunque la Constitución de 1991 dio autonomía a los indígenas en sus
resguardos (reservas territoriales) ésta no se cumple por las ocupaciones
continuas de tierras de militares y grupos armados, señaló el dirigente,
quien también denunció las fumigaciones sobre cultivos de coca y amapola y
la explotación de recursos naturales como otras formas de atropellos a los
pueblos originarios.
El viceministro de Planificación de Chile, Jaime Andrade Huenchucoy,
principal encargado gubernamental de asuntos indígenas, dijo a IPS que en
su país no hay situaciones que configuren un cuadro de desestabilización o
terrorismo como el del informe del NIC.
José Santos Millao, uno de los consejeros mapuches de la Corporación
Nacional de Desarrollo Indígena de Chile, comentó a IPS que los servicios
de inteligencia estadounidenses atribuyen ”suspicaz o tontamente”
tendencias terroristas a la rebeldía de los pueblos autóctonos para
tergiversar sus legítimas demandas.
En Chile, 6,4 por ciento de la población de 15,2 millones se identifica
como indígena en seis etnias, aunque otros cálculos elevan su incidencia
real a 10 por ciento, mientras en la vecina Argentina los pueblos
originarios comprenden entre 1,5 y dos millones en una población de 37
millones. En ambos países la etnia mayoritaria es la mapuche.
Los conflictos comenzaron con la llegada de las transnacionales para
explotar minerales, hidrocarburos, bosques y recursos acuíferos. ”Estados
Unidos intenta que la reacción del pueblo mapuche de defensa de la tierra
sea un problema de seguridad interior de nuestros países”, indicó a IPS
Mauro Millán, líder de la Organización Mapuche Tehuelche de Argentina.
En declaraciones a IPS, Rafael González, portavoz del Comité de Unidad
Campesina de Guatemala, apuntó que ”luego del 11 de septiembre (de 2001) y
los atentados (en Nueva York y Washington) a todos los que criticamos el
sistema establecido se nos compara con terroristas” por parte del gobierno
de George W. Bush.
Para el antropólogo Pedro Ciciliano, de la Universidad Nacional
Autónoma de México, el proyecto del NIC es exagerado y contiene errores
propios de la inteligencia de Estados Unidos con base en informaciones
sesgadas.
”Los indígenas pueden ser considerados una amenaza, pues están pobres y
empujan por sus reivindicaciones, pero no representan un peligro
terrorista”, dijo a IPS el antropólogo, quien destacó el papel negociador
que ejerció en México el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, tras su
irrupción en 1994, y ”que no interviene desde hace tres años en política”.
En Brasil, donde 400.000 indígenas representan 0,2 por ciento de la
población, es absurdo atribuir a sus reclamos connotaciones
desestabilizadoras, dijeron a IPS Jairo da Silva, vicecoordinador del
Consejo Indígena del estado de Roraima, norte del país, y Paulo Maldós,
asesor político del Consejo Indigenista Misionero, vinculado a la Iglesia
Católica.
Para Maldós, los indígenas latinoamericanos viven una ”reconstrucción
étnica”, incluso en países como Chile, lo cual se explica porque el
descenso del movimiento obrero ha sido reemplazado por un protagonismo en
el campo, como en Bolivia, donde los mineros, antaño fuertes, son
sustituidos hoy por los campesinos cultivadores de coca.
En cuanto a la diversidad étnica, ”lo que verdaderamente desestabiliza
es la actitud cerrada de algunos estados, como el chileno, de no reconocer
esa plurietnicidad y no generar mecanismos que permitan que se exprese”,
apuntó el abogado Aylwin.
”Un estado que da cuenta de esa etnicidad y la reconoce estableciendo
para los pueblos indígenas derechos políticos y territoriales que les
permitan desarrollarse como tales, tiene mucho menos problemas de
estabilidad que los estados que niegan esa realidad”, subrayó el especialista.
* Con aportes de Marcela Valente (Argentina), Franz Chávez (Bolivia),
Mario Osava (Brasil), Constanza Vieira (Colombia), Kintto Lucas (Ecuador) y
Diego Cevallos (México).
(FIN/2005) Envíe sus comentarios al editor |