Para promotores del decrecimiento, menos es mucho más Por Malgorzata StaweckaNUEVA YORK, nov (IPS) - El concepto de decrecimiento no resulta cómodo en países muy
industrializados, como Estados Unidos. Pero muchos sostienen que se
necesita un plan de acción para impedir que la mayor economía del mundo
crezca aún más, para así preservar los recursos finitos del planeta.Este reclamo se acrecienta al tomar en cuenta especialmente que se
proyecta un aumento de 2.000 millones de habitantes de la Tierra para
2050.
El aumento de la población, así como economías florecientes y un
consumo insostenible están presionando en exceso al mundo, alterando
los ecosistemas y los medios de sustento de muchos seres humanos.
Global Footprint Network, un
grupo internacional de expertos sobre sostenibilidad, estima que los
seres humanos usan el equivalente a un planeta y medio para obtener
los recursos que consumen. También generan desechos que la Tierra
absorbe.
La huella que dejan los seres humanos sobre los sistemas terrestres
se duplicó en las últimas décadas, y los expertos advierten que será
necesario reducir significativamente la economía, al tiempo de
promover la protección ambiental y de disminuir las desigualdades.
"Este cambio social intencional es esencial para un mundo donde 7.000
millones de seres humanos están agotando la biocapacidad de la Tierra
y amenazando con el colapso de servicios claves del ecosistema, como
la regulación climática, las reservas pesqueras, la polinización y la
purificación del agua", dijo Erik Assadourian, del Worldwatch Institute.
"Al no seguir proactivamente un sendero de decrecimiento, aceptamos
que, en cambio, tendremos una descontrolada contracción mundial que
conducirá a una incomodidad y a un sufrimiento humano mucho mayores
que el que jamás ocasionaría el decrecimiento", planteó a IPS.
Sin embargo, la ambiciosa aspiración de convencer a los países más
ricos de implementar drásticos cambios en su estilo de vida demuestra
ser más elusiva que nunca.
Además, la necesidad de decrecimiento llega en un momento en que el
tercio más pobre de la humanidad todavía depende de aumentar el
consumo para afrontar una creciente demanda de alimentos y
garantizarse una calidad de vida decente.
"Un decrecimiento sostenible, en un sentido ambiental y también
social, requerirá alguna clase de sociedad ecosocialista", dijo a IPS
el profesor Petter Næss, de la danesa Universidad de Aalborg, autor
de varios libros sobre el crecimiento económico y la sostenibilidad
en el contexto urbano.
"Los principales obstáculos a ese tipo de desarrollo son los fuertes
poderes ideológico y discursivo que ostentan los proponentes del
régimen de crecimiento dominante, incluidas las influencias a través
de los medios de comunicación, la publicidad y el hecho de que a
menudo el estatus social de la gente es juzgado a partir de su nivel
de consumo y riqueza, como lo es su posibilidad de influir
políticamente", agregó.
Pero un decrecimiento económico planeado, lejos de ser inconveniente
puede constituir una herramienta útil para promover el desarrollo
sostenible y la erradicación de la pobreza, al tiempo de promover una
mayor igualdad social.
"El principal desafío que conlleva el decrecimiento es obvio: cómo
convencemos a los que tienen riqueza y poder de estar dispuestos a
redistribuir esto con otros", dijo Assadourian a IPS. "Si se alterara
esa dinámica, todos se beneficiarían".
En el informe "La
situación del mundo 2012: Hacia una prosperidad sostenible",
divulgado en junio por el Worldwatch Institute, Assadourian pone de
relieve políticas creativas y nuevos conceptos mediante los cuales el
decrecimiento económico puede conducir a una mejora en el desarrollo
sostenible, al tiempo de solucionar una serie de problemas sociales.
Por ejemplo, "apoyar esfuerzos por crear oportunidades económicas
informales como la pequeña agricultura y los huertos comunitarios,
trueques y reparaciones puede ayudar a crear nuevos medios para que
las personas se mantengan solas", señala Assadourian en el estudio.
Autoaprovisionarse parcialmente puede mejorar el bienestar general de
la gente, reduciendo en simultáneo su dependencia de un sistema
alimentario globalizado que está a merced de eventos extremos
recurrentes como sequías e inundaciones.
Además, reducir el horario laboral mediante el régimen de empleo
compartido y brindar vacaciones y licencias por maternidad y
paternidad más prolongadas, podría minimizar el estrés y mejorar la
productividad.
"Si la gente trabajara menos, se reducirían sus ingresos y, a su vez,
bajaría el consumo de objetos de lujo en general. Menos personas
viajarían en avión, comprarían casas más pequeñas y elegirían
automóviles de más baja cilindrada o estilos de vida que no
implicaran su uso", dijo Assadourian.
"Aunque algunos verían esto negativamente, el nuevo tiempo de ocio y
vidas menos estresantes lo compensarían, especialmente si los
gobiernos también fortalecieran su rol tradicional de brindar una
importante serie de bienes públicos: bibliotecas, tránsito público,
agua potable, etcétera", planteó.
"Y estos bienes públicos podrían financiarse aumentando los impuestos
a los más ricos, lo que también ayudaría a reducir el consumo de
lujos por parte de ese segmento de la sociedad, que tiene el mayor
impacto ecológico sobre el planeta", agregó.
Ante la pregunta de si es posible elaborar una estrategia para
abordar el crecimiento y el decrecimiento en simultáneo, Assadourian
dijo que incluso en países como Estados Unidos, donde la economía
tiene que decrecer de modo significativo, ciertos sectores, como el
de la energía renovable y la agricultura sostenible, todavía deberían
aumentar.
El concepto de decrecimiento concita la atención en países como
Italia y Francia. Por ejemplo, actualmente hay 69 ciudades y poblados
italianos que adhieren a la red de "Cittaslow", un movimiento fundado
en 1999 que en la última década se expandió mucho más allá de
fronteras.
Este aspira a mejorar la calidad de vida en los centros urbanos
"enlenteciendo su ritmo general", especialmente en lo relativo al uso
de los espacios y al flujo del tráfico, garantizando un estilo de
vida más saludable, promoviendo la diversidad cultural y la
singularidad de la ciudad, además de proteger el ambiente.
En los últimos tiempos, la tercera Conferencia Internacional sobre
Desarrollo, Sostenibilidad Ecológica e Igualdad Social, realizada del
19 al 23 de septiembre en Venecia, brindó un ámbito único para
compartir y debatir temas, desde la soberanía alimentaria y la
transición energética a la crisis de deuda y la política
participativa, haciendo especial énfasis en las soluciones y en
exhaustivas estrategias de decrecimiento que pueden aplicarse en el
Sur en desarrollo.
"Se debería implementar regulaciones para garantizar una distribución
gradualmente más justa y equitativa de la riqueza y los ingresos
entre los habitantes en los planos local y nacional y, a través de
impuestos y mecanismos de distribución internacionales adoptados por
la Organización de las Naciones Unidas, entre naciones", dijo Næss a
IPS.
También advirtió que, en ausencia de esos poderosos mecanismos de
redistribución, se arraigarán más los impactos negativos de una
política de decrecimiento, como severas dificultades entre los más
pobres, mayores brechas sociales, xenofobia y racismo.(FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
|