BRASIL El aluminio tiene quien lo defienda Por Mario OsavaRÍO DE JANEIRO, nov (IPS) - Rechazado por ambientalistas debido a la cantidad de energía que se
necesita para producirlo, el aluminio es uno de los blancos de la
intensa campaña contra las centrales hidroeléctricas de la Amazonia
brasileña. Pero su defensa cuenta con argumentos de peso. Los beneficios de usar ese metal no son pocos para el ambiente,
además
de que, puntualmente, su producción promueve el desarrollo industrial
de una zona empobrecida del norte de Brasil, aseguró a IPS el
presidente de la empresarial Asociación Brasileña del Aluminio
(ABAL),
Adjarma Azevedo.
Precisamente, debido a que la energía es el principal insumo, el
crecimiento del sector viabiliza la construcción de grandes complejos
hidroeléctricos, aprovechados por su condición de fuente renovable.
También se trata del producto que presenta el mayor índice de
reciclaje en Brasil, destacó Azevedo.
El creciente uso del aluminio agiliza la construcción, y ahorra
combustibles en el transporte debido a que pesa menos que otros
productos.
Así, el consumo en Brasil de este metal tiende a crecer más rápido
que
la propia economía en general. Eso exige más energía a precios
reducidos si se pretende atender la demanda solo con la producción
nacional.
Cálculos de ABAL estiman que el mercado interno crecerá un promedio
de
7,2 por ciento al año hasta 2025, pese a que es un producto sensible
a
las oscilaciones comerciales.
En 2009, su uso cayó 10 por ciento debido a la crisis global con
epicentro en Europa, pero la demanda se recuperó con creces al año
siguiente, cuando aumentó 31 por ciento, y en 2011 la expansión fue
de
8,2 por ciento, mientras que este año otra vez muestra indicadores
estancados.
La gran expansión de actividades y bienes que emplean mucho aluminio,
como la construcción, envases y vehículos automotores, justifican las
previsiones optimistas, sostuvo Azevedo.
El aumento de los salarios y de otros ingresos en los últimos años
entre la población media y trabajadora brasileña hizo que se
incrementaran las ampliaciones y mejoras en viviendas, que demanda
materiales de construcción.
Ayudan además las obras requeridas para la realización del campeonato
mundial de fútbol en 2014, que involucra a 12 ciudades, y los Juegos
Olímpicos, que tendrán lugar en 2016 en Río de Janeiro.
Por otra parte, el gobierno ha dispuesto que los nuevos vehículos que
se fabriquen contengan componentes que reduzcan la emisión de gases
contaminantes. Esa meta ambiental exigirá nuevas tecnologías, pero
también elementos más livianos, hechos de aluminio, celebró el
presidente de ABAL.
Pero la producción nacional de este metal difícilmente pueda
acompañar
el aumento de la demanda si la energía eléctrica en Brasil sigue
siendo una de las más caras del mundo, al punto de que en la
actualidad representa más de un tercio del costo de producción de
aluminio primario.
Ante ello, el gobierno centroizquierdista de Dilma Rousseff adoptó en
septiembre medidas para abaratar el costo de la electricidad, que
incluyen el recorte de tributos y la prórroga de concesiones de
generación, transmisión y distribución, que caducarán entre 2015 y
2017.
El principal objetivo es recuperar la competitividad de las
industrias
en general, para así evitar un precoz e irreversible achicamiento de
ese sector ante el fuerte aumento de los costos de producción en los
últimos años.
Para ABAL, empero, las medidas son insuficientes y hasta inciertas,
puesto que dependen de la aprobación del parlamento, donde la
iniciativa gubernamental que contiene estos beneficios ya sufrió el
bombardeo de 431 propuestas de enmiendas.
"Con el megavatio/hora a 35 dólares solo es posible mantener la
industria de aluminio al ritmo actual", pero un precio por debajo de
ese nivel sí estimularía nuevas inversiones para ampliar la
producción, explicó Azevedo.
El promedio mundial del valor de la energía eléctrica ronda los 40
dólares, pero esa media baja a 27 dólares si se excluye a China,
donde
esta actividad está subsidiada. Empresarios en Brasil aseguran que,
incluso, han llegado a pagar hasta 60 dólares por megavatio/hora.
Por eso la industria del aluminio busca bajar ese costo con
autogeneración de electricidad. Para ello, el sector se convirtió en
el principal socio, por ejemplo, de la central hidroeléctrica de
Estreito, sobre el río Tocantins, en el centro de Brasil y con
potencia de 1.087 megavatios.
En el mismo Tocantins, unos 500 kilómetros río abajo, se construyó 28
años antes la gigantesca central de Tucuruí, con capacidad para
generar 8.370 megavatios, buena parte de ellos destinados a complejos
mineros e industriales del aluminio.
Activistas sociales y ambientales acusan a esa industria de haber
inducido la construcción de Tucuruí para disfrutar de su energía a
precios subsidiados, ignorando sus impactos negativos. La represa
inundó 2.917 kilómetros cuadrados de muchos bosques y desplazó
decenas
de miles de pobladores.
Azevedo, quien anteriormente presidió la rama brasileña de Alcoa, una
de las empresas supuestamente favorecidas, tiene otra versión.
Brasil sufría los efectos de la brutal alza del petróleo desde 1973 y
necesitaba mucha energía para realizar su ambicioso plan de
desarrollo
económico, sustituyendo hidrocarburos importados a precio de oro.
Tucuruí era una solución, por lo cual fueron llamados capitales
japoneses y empresas transnacionales como Alcoa para desarrollar
grandes proyectos de extracción de bauxita y su transformación en
alúmina y aluminio.
De ese modo sirvieron de "anclas que fijaron la energía en la
región",
donde la pequeña economía y la población no constituían una demanda
suficiente para impulsar una represa hidroeléctrica tan grande,
señaló
Azevedo.
Sin embargo, "no era una buena ubicación", ya que está muy lejos de
los principales mercados consumidores, sin carreteras,
infraestructura, ni mano de obra calificada ni proveedores de
servicios, observó. De cualquier modo, las empresas aceptaron el
desafío, haciendo factible Tucuruí y capacitando proveedores y
trabajadores locales, acotó.
Para compensar los altos costos, el gobierno ofreció, por 20 años, un
descuento de 10 por ciento en los contratos de suministro de
electricidad en tensión extra-alta, a partir de 230 kilovoltios. No
se
trataba de subsidio, aclaró.
Pero Alcoa se asoció a las también transnacionales BHP Billiton y Rio
Tinto Alcan para constituir el complejo industrial Alumar y producir
alúmina y aluminio primario en São Luis, capital del estado de
Maranhão, 980 kilómetros al este de Tucuruí.
Hubiera sido mejor haberse instalado más cerca, evitando así la
transmisión de electricidad a larga distancia y también el transporte
de materia prima por casi 2.000 kilómetros, sostuvo João Meirelles,
director del no gubernamental Instituto Peabirú, con sede en Belém,
capital estadual de Pará.
El aluminio es una vocación natural de la Amazonia oriental,
especialmente de Pará, al concentrar enormes yacimientos de la mejor
bauxita y ríos de potencial hidroeléctrico por aprovechar, destacó
Meirelles a IPS, discrepando con sus colegas ambientalistas al
defender esa opción de desarrollo.
Aluminio es "material del futuro" y el "más reutilizable", justificó.
Pero es necesario "verticalizar la producción local", hacer productos
finales, no solo el aluminio primario para exportar al sur de Brasil
y
otros países, como ocurre ahora, y promover el "desarrollo
integrado",
lo cual genera más empleos calificados y "capacidad humana local",
arguyó.
Meirelles reconoce los daños ambientales y sociales de los proyectos
que explotan recursos naturales amazónicos, pero también cree que es
posible mitigarlos, como intenta hacer Alcoa en su nueva mina de
bauxita, en Juruti, en el oeste del Pará. Y los relativiza, señalando
la ganadería como principal factor de deforestación a combatir.
Defiende, además, nuevas formas de negociar compensaciones por los
impactos de los grandes proyectos, como las centrales
hidroeléctricas,
la minería y las carreteras.
Es necesario luchar por "compensaciones estratégicas", como el fin de
la deforestación amazónica, y no limitarse a problemas locales, como
hospitales y saneamiento de ciudades afectadas, que son funciones del
poder público, concluyó.(FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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