Kazajstán restringe la libertad de culto Por Joanna Lillis ASTANA, nov (IPS/EurasiaNet) - La vida religiosa en Kazajstán exhibe una llamativa dicotomía: los
funcionarios en Astana describen al país como un bastión de tolerancia,
pero interponen obstáculos ante quienes adhieren a credos considerados
no tradicionales. A fines de octubre, Kayrat Lama Sharif, presidente de la Agencia de
Asuntos Religiosos del gobierno, anunció el resultado de un proceso de
un año de duración puesto en marcha con la adopción, el pasado otoño
boreal, de una controvertida ley de religión.
La legislación dio a las denominaciones religiosas y las asociaciones
civiles basadas en la fe un año para volver a registrarse bajo nuevos
y estrictos criterios. De lo contrario, serían clausuradas.
Los resultados fueron duros: el presidente Nursultan Nazarbayev solía
proclamar con orgullo que Kazajstán daba la bienvenida a unas 40
religiones oficialmente reconocidas, pero ese número se redujo en
alrededor de 60 por ciento. Mientras, aproximadamente un tercio de
todas las organizaciones civiles basadas en alguna fe fueron
eliminadas, quedando 3.088 del total anterior de 4.551.
En una entrevista con el periódico Kazakhstanskaya Pravda, Lama Sharif
dijo que la ley aspiraba a aumentar la influencia de Astana sobre los
asuntos religiosos. También insistió en que Kazajstán, donde alrededor
de 70 por ciento de la población se identifica como musulmana y otro
25 por ciento como cristiana ortodoxa, "es un ejemplo de armonía
interreligiosa para el mundo entero".
Medios estatales publicaron cartas de líderes religiosos a Nazarbayev
(habitual anfitrión de congresos de clérigos de todo el mundo para
promover el diálogo interreligioso y la tolerancia) que elogiaban la
reforma y alababan las credenciales de Kazajstán como remanso de
libertad religiosa.
Además, líderes de minorías religiosas soportaron unos meses
angustiosos mientras esperaban saber si sus respectivos grupos
sobrevivirían al proceso de re-registro.
En diálogo con EurasiaNet.org tras un animado servicio de domingo por
la mañana en la iglesia pentecostal de Sun Bok en Almaty (excapital
del país), el pastor Vasiliy Shegay dijo que al principio le
rechazaron la postulación de registro a su grupo, pero que en un
segundo intento se la aprobaron. Al mismo tiempo, su iglesia hermana
está clausurada.
También señaló que sus reservas en cuanto a que la ley infrinja sus
derechos no se habían confirmado. "A los cristianos nos tratan bien",
dijo.
Astana divide a las religiones en "tradicionales" (entre ellas el
Islam, el cristianismo ortodoxo, el catolicismo romano, el judaísmo y
el budismo) y "no tradicionales", lo que incluye un amplio espectro de
denominaciones menores, algunas con fuertes elementos misioneros,
entre ellas los testigos de Jehová, bautistas, hare krishnas,
musulmanes ahmadíes y sufíes.
Los grupos religiosos "no tradicionales" estuvieron bajo presión mucho
antes de adoptarse la ley, pero ahora se intensifican las redadas en
sitios de culto.
En octubre, pastores de una iglesia protestante en Astana fueron
acusados de enloquecer a un miembro, de esconder literatura extremista
y de dar a los fieles una bebida roja que contenía "ingredientes
alucinógenos que inducían a la euforia".
Los feligreses que se considera violan la ley son habitualmente
multados.
Los críticos creen que se están dirigiendo esfuerzos policiales
desproporcionados contra comunidades religiosas sin una agenda
extremista conocida, y les preocupa que las medidas punitivas empujen
a algunos musulmanes a la clandestinidad.
"Uno de los problemas es que cuando la gente tiene interés en
ocultarle sus actividades al Estado porque el Estado es muy intrusivo,
entonces se vuelve más difícil para el gobierno saber qué les
corresponde", dijo a EurasiaNet.org el activista Felix Corley, de
Forum 18, una organización de vigilancia de las libertades religiosas
con sede en Oslo.
La nueva ley estipula lo que los críticos ven como una prohibición
mucho más alta para los grupos religiosos en materia de requisitos de
membresía, exigiendo un mínimo de 5.000 integrantes en el ámbito
nacional, 500 en el regional y 50 en el local.
La norma también contiene disposiciones que cubren la investigación de
literatura religiosa y vuelve más estrechas las pautas para la
formación del clero.
No contiene ninguna prohibición de uso del hijab, aunque se lo
desalienta oficialmente (Nazarbayev dice que no es una tradición
kazaja). De modo controvertido, prohibe rezar en edificios públicos,
entre ellos oficinas del gobierno, centros educativos e instalaciones
militares.
Algunos críticos sostienen que la ley de religión puede usarse como
una herramienta para que Astana ejerza el control sobre lo que
deberían ser elecciones privadas en torno a la fe. También sostienen
que la ley contraviene los compromisos internacionales de Kazajstán
para defender la libertad de conciencia.
"Formalmente, según la ley, hay libertad (de conciencia), pero en los
hechos es difícil ejercerla en nuestras realidades", dijo un joven
miembro de la iglesia protestante en Almaty (que sí recibió registro),
quien habló a condición de no revelar su identidad.
La clausura de grupos religiosos es una "purga", sugirió, que busca
"abolir religiones que son inconvenientes para el Estado".
La ley brinda a los funcionarios una herramienta poderosa para aplicar
una ortodoxia religiosa diseñada por el Estado. "Continúan las olas de
presión contra las comunidades religiosas, y el gobierno intenta hacer
que la religión vaya por canales que él puede controlar", dijo Corley.
Astana busca "un entorno religioso completamente controlado", agregó,
"pero la historia muestra que eso simplemente no funciona así".
* Joanna Lillis es una periodista independiente que se especializa en
temas de Asia central. Este artículo fue publicado originalmente en
Eurasianet.org.
(FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
|