Ahora Netanyahu necesita su Cúpula de Hierro Análisis de Pierre KlochendlerJERUSALÉN, 22 nov (IPS) - Poner fin a la primera operación militar israelí desde que la Primavera
Árabe cambió Medio Oriente dependió tanto del músculo diplomático sobre
Israel y Hamás como del alcance de los golpes que intercambiaron. Para
el primer ministro Benjamín Netanyahu, el cese del fuego debe durar al
menos hasta su reelección.Si bien calculó muy bien sus tiros cuando inició la operación Pilar de
Defensa el 14 de este mes, Netanyahu sabe perfectamente que Hamás (acrónimo
árabe de Movimiento de Resistencia Islámica) va a calcular los suyos en
cuanto al cese del fuego acordado miércoles 22.
Un acuerdo sin papeles, que deja espacio para las maniobras israelíes, fue
la vía preferida para evitar una quizás peligrosa incursión terrestre en
Gaza, como mínimo porque el primer ministro aprendió las lecciones del
asalto Plomo Fundido (2008-2009) contra Hamás, que terminó con el Estado
judío acusado de crímenes de guerra y con un acuerdo de 43 páginas jamás
respetado.
El nuevo pacto es informal y se estructura en dos fases.
Primero, "calma versus calma": un cese inmediato de los ataques con misiles
contra civiles y tropas israelíes en la frontera con Gaza y de los lanzados
desde el Sinaí por guerrillas palestinas. Hamás debe imponer este arreglo a
todas las facciones.
A cambio, Israel debe detener simultáneamente el bombardeo a Gaza y los
asesinatos de militantes palestinos, pero no las acciones preventivas de
potenciales ataques contra israelíes iniciados desde la también ocupada
Cisjordania.
Mientras la fase uno se ocupa de la aplicación del cese del fuego y la
puesta a prueba de su efectividad, la fase dos incluye conversaciones para
un acuerdo de largo plazo, con participación de garantes de Egipto y de
Estados Unidos.
Pero la perspectiva de una tregua se ve incluso más comprometida por los
intereses contrapuestos y las demandas de todas las partes envueltas en el
control del cese del fuego.
Israel insistirá en obtener garantías de que Egipto bloquee el contrabando
de armas desde el Sinaí hacia Gaza a través de túneles subterráneos. El
Cairo ha tenido problemas para controlar la seguridad de ese territorio, en
parte porque el gobierno islámico de Mohammad Morsi no quiere ser visto como
órgano policial de Israel.
Si bien no puede influir en la disposición egipcia de aflojar el bloqueo de
Gaza abriendo el cruce fronterizo de Rafah para los gazatíes y sus
productos, Israel va a rechazar la pretensión de Hamás de que cese el sitio
naval pues, argumenta, es el que frena el ingreso de armas a la franja. Pero
tendrá que aflojar el ya inconducente cerco terrestre.
La operación militar israelí concluyó y, en términos generales, muy poco ha
cambiado.
Netanyahu adoptó la receta del protagonista de la novela "El gatopardo", del
italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa: "Si queremos que todo siga como está,
necesitamos que todo cambie".
En realidad, para cambiar una o dos cosas de modo de dejar la situación sin
cambios, Netanyahu aplicó, con prudencia pero con determinación durante todo
su mandato de cuatro años, una estrategia de escepticismo nihilista ante los
palestinos.
Funcionarios cercanos al primer ministro explican su descreimiento y
vacilaciones respecto de las negociaciones de paz con el presidente de la
Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, invocando el
fortalecimiento de Hamás, como resultado de que Medio Oriente se está
volviendo más islamista, y el cisma entre la ANP en Cisjordania y su
archirrival en Gaza.
En forma indirecta, dejar que Hamás crezca en Cisjordania habilita a que la
derecha israelí detrás de Netanyahu se oponga a todo cambio en el régimen de
ocupación de ese territorio palestino.
Hamás, mientras tanto, ha adquirido más popularidad que Abbas, como muestran
las manifestaciones de apoyo en
Cisjordania.
El movimiento islamista puede presumir de su papel de vanguardia de la
resistencia palestina a la ocupación israelí. Después de todo, se las
arregló para lanzar proyectiles M35 de largo alcance hasta Tel Aviv y
Jerusalén.
También Hamás puede desplegar sus logros políticos. Durante los ocho días de
acciones bélicas, fue cortejado por Egipto, Túnez, Qatar y Turquía. Un
primer ministro y varios ministros viajaron a Gaza, desafiando el cerco
militar israelí.
La operación de Netanyahu equivale a sepultar la estrategia de Abbas ante la
ausencia de diálogos de paz significativos: solicitar que la Asamblea
General de las Naciones Unidas respalde a Palestina como Estado no miembro
el 29 de este mes.
La explotación del miedo entre los israelíes a un Hamás más poderoso, sumada
a un mayor apoyo hacia el movimiento islámico en Cisjordania, constituye una
carta electoral potente para el primer ministro en funciones.
Sin embargo, si los proyectiles regresan mientras esté en vigor el cese del
fuego, Netanyahu corre riesgo de perder la reelección en enero, en especial
porque el millón de israelíes que habitan en el sur, cansados de vivir bajo
permanente fuego de artillería, esperan una solución que imponga la calma de
una vez por todas.
Si Netanyahu no incluyó la campaña electoral como factor para iniciar el
ataque, la perspectiva de su reelección fue, con certeza, un elemento
importante para ponerle fin.
El sistema defensivo Cúpula de Hierro probó ser efectivo para interceptar
los proyectiles lanzados desde Gaza.
Ahora, Netanyahu necesita otra "Cúpula de Hierro", que lo blinde de ataques
de la oposición por haber mantenido todo como está, permitiendo que la
situación empeorara en Gaza y en Cisjordania. (FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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