La salud mental, otra víctima del cambio climático Por Patricia GroggSANTIAGO DE CUBA, nov (IPS) - "La ciudad parecía bombardeada. Camino a mi oficina, me crucé con
personas que llevaban en sus rostros el mismo -diría que dramático-
asombro mío. Nos mirábamos y, sin conocernos, nos preguntábamos: ¿cómo
te fue?, ¿le pasó algo a tu casa? Fue una solidaridad afectiva muy
importante para mí".Este testimonio brindado a IPS por una periodista de Santiago de Cuba
pone en la balanza uno de los lados buenos de la reacción colectiva
tras un desastre como el sufrido por esta ciudad en la madrugada del
25 de octubre, cuando el huracán Sandy, pese al alerta meteorológica
y a las advertencias oficiales, sorprendió a buena parte de sus
habitantes.
La cuantía de los daños económicos aún se desconocía a mediados de
este mes, cuando la porción más oriental del país restañaba sus
heridas, a todas luces graves. Pero está también el impacto
psicológico, del que se habla menos y se deja ver en los ojos de la
gente cuando cuenta: "perdimos nuestra casa con sus muebles, equipos
electrodomésticos, hasta los recuerdos".
"Tuve mucho miedo, me metí en el armario cuando el viento se llevó el
techo de mi habitación… Mis vecinos me sacaron de la casa y me
ayudaron a cruzar la calle hasta donde se habían refugiado otras
familias cuyas viviendas estaban en muy mal estado", narró a IPS la
vecina Isabel de la Cruz, de 70 años, residente de Guantánamo, otra
de las áreas afectadas.
Depresión, tristeza, angustia, desesperación, incertidumbre y
agresividad son todas manifestaciones que acompañan a las personas
después de un desastre en cualquier parte del mundo. "Imagínate, nos
acostamos con la bella y despertamos con la bestia", parodió un
trabajador del sector turístico cuyo hotel en el que trabajaba fue
totalmente destruido.
"La gente está deprimida y desorientada. En no pocas personas he
notado el desequilibrio psíquico por las pérdidas sufridas ", comentó
a IPS el sacerdote católico Eugenio Castellanos, rector del Santuario
de de la Caridad del Cobre, virgen patrona de Cuba.
Castellanos estimó que 90 por ciento de las viviendas del Cobre,
localidad aledaña a esta urbe, sufrieron el impacto de Sandy.
A su vez, Juan González Pérez dijo a IPS que en días posteriores al
huracán hubo conatos de violencia en algunos lugares, especialmente a
la hora de comprar artículos deficitarios.
"Llevábamos muchos días sin energía eléctrica y comenzaron a vender
‘luz brillante’ (queroseno) para cocinar. Aunque había suficiente
para que nadie se quedara sin comprar, hubo discusiones y peleas en
la cola (fila). Cuando la gente se desespera suele ponerse agresiva",
dijo Pérez, más conocido por Madelaine, líder espiritista cruzado
muertero, una expresión de religiosidad popular en ese poblado.
Según contó, a sus seguidores les aconseja "unirse, llevarse bien,
darle al que no tiene y no desesperarse".
En Mar Verde, la playa por donde tocó tierra cubana el huracán Sandy,
situada a unos 15 kilómetros de Santiago, la médica Elizabeth
Martínez atiende a más de 100 damnificados, albergados en las cabañas
de veraneo que por estar más alejadas del mar se salvaron del
desastre.
"El impacto psicológico es grande, pero no hubo muertes, ni tenemos
personas enfermas", apuntó.
Poco más de una semana después del paso del huracán, los esfuerzos en
materia de salud se concentraban fundamentalmente en contener brotes
epidémicos. "Estamos dando audiencias sanitarias entre el vecindario,
enseñamos como cuidarse de enfermedades trasmisibles, de la
importancia de descontaminar el agua antes de beberla", aseguró la
profesional.
Según medios especializados, se estima que entre un tercio y la mitad
de una población expuesta a desastres sufre algún tipo de problema
psicológico, aunque en la mayoría de los casos debe entenderse como
reacciones normales ante eventos extremos, que bajo el impacto del
cambio climático amenazan con aumentar en intensidad.
"Cuando encontré a mis vecinos en los bajos estábamos en shock. Pero
alguien dijo: ‘Vamos a despejar la entrada que está bloqueada por
esos árboles caídos’, y nos pusimos a trabajar, aunque al principio
nadie hablaba", contó una mujer del sector turístico. En los primeros
días se podía ver a muchas personas recogiendo escombros y barriendo
las calles de sus barrios.
Ante la frecuencia y mayor intensidad de los ciclones tropicales, las
autoridades de salud, desde los años 90, comenzaron a preocuparse por
el impacto psicológico de los desastres causados por esos y otros
fenómenos naturales. En 2008, cuando el país sufrió tres huracanes,
una indicación ministerial fortaleció la inclusión del tema en los
planes sanitarios.
En un artículo sobre el asunto, el médico cubano Alexis Lorenzo Ruiz
explica que los aspectos psicosociales de los desastres son tenidos
en cuenta tanto en la capacitación del personal como en la
organización de los programas que llegan a todo el país y ponen
énfasis en la atención de sectores más vulnerables, como menores de
edad, adolescentes y adultos de la tercera edad.
Desde el punto de vista de la salud mental, en los desastres toda la
población "sufre tensiones y angustias en mayor o menor medida,
directa o indirectamente", señalaron, a su vez, Katia Villamil y
Orlando Fleitas, quienes recomendaron no olvidar que el impacto en
tales circunstancias resulta más marcado en poblaciones de escasos
recursos.
Estos profesionales aseguraron que las reacciones más frecuentes van
desde las consideradas normales, ansiedad controlable, depresión leve
o cuadros "histeriformes", hasta estrés "peritraumático",
embotamiento, disminución del nivel de vigila, descompensación de
trastornos siquiátricos preexistentes, así como "reacción colectiva
de agitación".
El huracán Sandy causó estragos no solo en Santiago de Cuba sino
también en las orientales provincias de Guantánamo y Holguín, con un
saldo de 11 personas fallecidas. El gobierno de Raúl Castro aún no ha
hecho público el costo de las pérdidas económicas, aunque datos
preliminares e incompletos de los primeros días indicaban un estimado
equivalente a 88 millones de dólares.
(FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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