COLUMNA Los monstruos de nuestro tiempo Por Mário Soares *LISBOA, nov (IPS) - La Unión Europea está viviendo una de las situaciones más difíciles
desde su creación en 1957 con la firma del Tratado de Roma. La economía
especulativa, engendrada por el neoliberalismo, ejerce el control de la
política por medio de los monstruos sagrados de nuestro tiempo: los
mercados. En función de los intereses del momento, los mercados obligan a los Estados
a someterse a su voluntad a través de los conglomerados financieros que los
controlan con la ayuda de las agencias calificadoras de riesgo (en inglés
"rating agencies").
Estas agencias emiten juicios sobre la solvencia de los Estados y de las
empresas no en función de evaluaciones objetivas, sino de acuerdo con los
intereses –variables– de sus principales clientes, precisamente los señores
de las finanzas.
La intolerable dependencia de la política en relación a la especulación
financiera –y no la relación contraria, como fue en el pasado–, así como el
connubio entre ciertos líderes políticos y ciertos capitalistas, y la
consiguiente declinación de los valores éticos, ha desembocado en la crisis
global que ha paralizado a la Unión Europea (UE), está llevando a sus países
miembro a la ruina, y hace temer que pueda desintegrarla.
Esta situación aflige a todos los Estados miembro de la UE, aunque en grado
diferente, y en particular a los países de la eurozona. Pero también Gran
Bretaña, que no se ha adherido al euro, encara un cuadro económico de
extrema gravedad.
Por lo tanto, se comprende que esta involución esté alejando cada día más a
los pueblos de sus respectivos líderes.
¿Cómo se puede superar esta crisis, múltiple y global que, si bien golpea en
particular a Europa, también afecta a otras naciones occidentales?
Yo creo que queda una sola salida, como consecuencia del evidente fracaso de
la ideología neoliberal: el cambio del modelo de desarrollo económico y la
creación de un nuevo paradigma.
Es curioso comprobar la aceleración de los cambios en nuestros tiempos. En
apenas 20 años hemos asistido a la declinación de las dos grandes ideologías
contrarias que marcaron el siglo XX: el comunismo y el neoliberalismo.
Para que sea posible la emergencia del nuevo paradigma, debe tener lugar una
revolución –que espero sea pacífica–, que restablezca la primacía de la
política sobre la economía y la vigencia de valores éticos estrictos.
En el plano económico, se deben restaurar las reglas y el control sobre los
mercados y acabar con los paraísos fiscales, las economías virtuales, las
agencias calificadoras de riesgo y todas las modalidades que han facilitado
la hegemonía del capitalismo especulativo y nos han arrastrado a la crisis
actual.
Una premisa es la profundización de la democracia en nuestros países.
Debemos ser más liberales, no en el sentido económico, sino en el sentido
político y también social, pues estos son valores fundamentales de la
identidad europea. La inversión del ideario liberal es uno de los equívocos
fomentados por el neoliberalismo.
Otro concepto que hay que esclarecer es el de la identidad política.
Tradicionalmente, y hasta nuestros días, las dos grandes corrientes
ideológico-partidarias del viejo continente han sido la democracia cristiana
y el socialismo democrático.
Sin embargo, aunque sigan llamándose socialistas o democristianos, la gran
mayoría de los gobernantes de los países europeos son ultraconservadores. En
verdad, hoy escasean los políticos que pueden ser considerados auténticos
socialistas o democristianos.
Desde mi punto de vista, esto es lo que explica que los líderes europeos,
cuando asisten a las reuniones cumbre de la UE, no tengan el coraje ni la
voluntad política de modificar el modelo económico.
La reforma del modelo, aunque solo fuese parcial, implicaría necesariamente
afectar ciertos intereses y hacer peligrar la connivencia malsana entre la
política y los negocios, que está ligada al financiamiento de los partidos
políticos. La consecuencia de esta trama de intereses es la parálisis de las
instituciones europeas y de los Estados miembro de la UE.
Estamos, por lo tanto, en una encrucijada. O la Unión Europea ejecuta las
reformas que la hora requiere y volvemos a ser un faro de esperanza en un
mundo que es cada vez más interdependiente y que reclama un nuevo orden, o,
tal como lo ha advertido un análisis del comité de sabios presidido por
Felipe González, nos encaminaremos hacia una triste e inevitable decadencia.
* Mário Soares, expresidente y ex primer ministro de Portugal.
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