AMÉRICA LATINA Inquieta vulnerabilidad en empleo de cuidados Por Marianela JarroudSANTIAGO, 27 nov (IPS) - El empleo de cuidado de personas genera "inquietud" entre
expertos y
defensoras de los derechos de la mujer, para quienes, pese a
ser una
labor con poca injerencia en el número de ocupados de América
Latina, es
sinónimo de precariedad, discriminación y desigualdades. El último informe social de la Comisión Económica para
América Latina
y el Caribe (Cepal) indica que el trabajo remunerado en el
cuidado
de niños, ancianos y discapacitados es "altamente
feminizado, con
escaso acceso a la protección social, alta presencia de
inmigrantes,
mucha rotación y bajos ingresos".
Este tipo de labor "es realizada mayoritariamente por
personas que se
concentran en los quintiles de menores ingresos y son jefas
de hogar,
por lo cual supone mayor precariedad de empleo, más
vulnerabilidad en
materia de pobreza, ingresos menores por grupo familiar y
menor
capacitación", explicó la chilena Laura Albornoz, exministra
del
Servicio Nacional de la Mujer.
Albornoz señaló a IPS que "esta sumatoria de discriminación
impide
avanzar en materia de equidad, que es la aspiración de todos
los
países de la región".
El Panorama Social
para
América Latina 2012, presentado por Cepal este martes 27
en su
sede de Santiago de Chile, dedica un capítulo especial al
problema,
en el cual se señala que este sector absorbe 6,7 por ciento
de las
personas empleadas en los 14 países estudiados de la región,
tres
cuartas partes de las cuales se desempeñan en el servicio
doméstico
en hogares.
Las mujeres ocupan 94 por ciento de los trabajos asociados
al cuidado
de personas, la mayoría de ellas lo hacen en el servicio
doméstico y
las demás en la educación y la salud, agrega el documento.
"En el panorama 2009 abordamos el trabajo de cuidado no
remunerado y
la tremenda carga de las mujeres en el hogar, pero teníamos
un vacío
en el empleo remunerado en cuidado", explicó a IPS el
director de la
División de Desarrollo Social de la Cepal, Martín Hopenhayn.
"Apareció este dato inquietante sobre que el empleo
remunerado en
cuidados es relativamente bajo para una actividad tan grande
y que no
se modifica demasiado a lo largo de 10 años", añadió.
"La parte que yo no termino de explicarme bien es por qué,
si la
pobreza se ha reducido, si los ingresos de los hogares han
aumentado,
no destinan mayor número de hogares dinero a comprar
cuidado, que
generaría además más empleo en ese sector", sostuvo.
Según la Cepal, la región finalizará este año con 167
millones de
personas en situación de pobreza, un millón menos que en
2011, lo
cual equivale a 28,8 por ciento del total de habitantes.
Esta caída
del indicador es impulsada, principalmente, por el aumento
de los
ingresos laborales en los hogares pobres.
Sin embargo, a juicio de los expertos, el cuidado remunerado
de
personas no es ejemplo de esto.
Para Hopenhayn, existe un tremendo rezago en la protección
social en
el empleo de cuidado, es decir, la precarización del
trabajo, la
falta de pago de seguridad social y de servicios de salud
asociados
al contrato laboral.
"Esto influye mucho para que no haya un incentivo a que más
gente
quiera ocuparse en este rubro, salvo grupos especiales como
por
ejemplo las mujeres inmigrantes", apuntó.
Esta realidad además se traduce en sueldos precarios, que en
el caso
de las mujeres inmigrantes sufren una merma aún mayor, pues
parte de
su dinero es destinado para el envío de remesas de dinero a
sus
países de origen.
En promedio en los 14 países medidos en 2010 por la agencia
regional
de la Organización de las Naciones Unidas, la pobreza
alcanza a 24
por ciento de los trabajadores del cuidado, frente a 20 por
ciento de
los ocupados en general.
En contraste, Menos de 10 por ciento de los que laboran en
cuidado de
personas en la salud y en la educación son pobres, entre
otros
factores porque poseen más años de escolaridad que el resto
de sus
colegas.
El estudio de la Cepal asevera, además, que "existen
profundas
desigualdades y discriminaciones de género que afectan
negativamente
a la mujer, quien lleva la carga del cuidado en calidad de
trabajo no
remunerado y poco reconocido".
Un ejemplo de ello es Carmen Gloria Siade, de 55 años, quien
realiza
labores domésticas en casas de familia desde hace tres años.
Madre de
tres hijos, gana en promedio el equivalente a 100 dólares
por semana.
Su marido tiene un contrato desde hace tres años, pero un
cáncer
gástrico lo tiene en su casa desde hace un mes.
Siade no tiene contrato, por lo tanto, carece de protección
social.
"Llego muy cansada a la casa y ahora, además, debo cuidar a
mi
marido, que anda súper mañoso (irritable)", confesó.
Albornoz explicó que en el trabajo de cuidado remunerado
opera una
mayor discriminación respecto de las mujeres que desempeñan
esa
labor.
"En Chile y en el resto de América Latina esto ha tenido una
regulación bastante lenta. La mayor parte de los casos se
trata de
empleos precarios, informales, donde hay escasa
fiscalización",
señaló.
Al respecto, Hopenhayn precisó que casi 12 por ciento de las
mujeres
que trabajan en la región lo hacen en el servicio doméstico.
"No es un porcentaje mayoritario, pero es un grupo donde
claramente
la incidencia de la pobreza es mayor que en el resto de los
grupos
ocupacionales", explicó.
"Este es uno de los muchos componentes que explican el por
qué la
pobreza femenina es mayor que la masculina", concluyó.
El experto de Cepal precisó que es muy importante que los
sistemas de
protección social de la región se amplíen y rediseñen para
dar
respuesta a la nueva demanda de cuidados, eje que a su
juicio deberá
ser prioritario en las políticas, ya que se vincula con
distintas
aristas de la desigualdad.
En esa línea, Hopenhayn destacó el modelo que intenta
implementar
Uruguay y en el que el Estado tiene un papel preponderante
en el
llamado Sistema de Cuidados, en
elaboración por el Ministerio de Desarrollo Social, con
consultas
abiertas a la población.(FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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