ARGENTINA Pediatras ambientales en auge Por Marcela ValenteBUENOS AIRES, ene (IPS) - Desde hace poco más de 10 años, un grupo de pediatras argentinos
trabaja, complementariamente, a favor del cuidado ambiental y en la
protección de la salud infantil. La premisa parece básica, pero la tarea
es cada vez más amplia y compleja. "Nosotros no podemos sanear un río o darle a una familia una nueva
vivienda, pero podemos enseñarle a clorar el agua", sintetizó para IPS
la médica Stella Maris Gil, coordinadora de la Unidad Pediátrica
Ambiental (UPA) del Hospital Pedro de Elizalde, especializado en la
atención a la niñez, ubicado en el barrio Constitución de Buenos
Aires.
La UPA brinda asistencia sanitaria con una mirada profunda sobre lo
ambiental, educa a la población que frecuenta el hospital, capacita a
médicos e investiga, explicó Gil junto a otros pediatras de la unidad.
"La idea surgió con la crisis de 2001", cuenta la médica, aludiendo al
colapso económico y social de fines de ese año, cuando la pobreza y el
desempleo llegaron a niveles sin precedentes en este país y el impacto
se sintió también en la salud.
"Veíamos mucha patología relacionada con malas condiciones de vida.
Enfermedades respiratorias, gastroenteritis, infecciones en la piel…
Entonces decidimos hacer cursos sobre el impacto de la contaminación
ambiental en la salud, y elaboramos un proyecto que apuntaba a cuidar
el ambiente para proteger mejor la salud infantil", explicó.
Ese proyecto, que derivó en la UPA, tiene un componente asistencial
"con una mirada profunda hacia lo ambiental", remarcó Gil. "Y también
un componente de educación hacia la población, uno de capacitación a
nuestros colegas y a nosotros mismos, y de investigación en temas
ambientales".
La dirección del hospital aceptó la propuesta y un tiempo después, en
2005, hizo lo suyo el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires:
se creó la primera UPA, una modalidad que luego se reprodujo en otros
sanatorios en distintas partes del país.
Al principio, sus colegas los miraban raro, cuentan los integrantes de
la unidad, pero con la creciente difusión de los temas del cambio
climático, comenzaron a tenerlos más en cuenta y a llamarlos a
consultas.
Este tipo de unidades ya existen en otros países como Estados Unidos,
Canadá, México o España. La Organización Mundial de la Salud las
recomienda para focalizar la atención sanitaria en el período de la
vida en el que se registra la mayor vulnerabilidad al impacto de la
contaminación.
Los pediatras están urgidos por la idea de que los niños "no son
adultos pequeños". Sus órganos están en desarrollo y su sistema
fisiológico y metabólico inmaduro. Y más si se trata de la vida
intrauterina. Allí los daños pueden ser fatales o irreversibles,
advierten.
Además de atender a los pacientes y de acudir en consulta cuando los
médicos sospechan de patologías o síntomas de exposición a
contaminantes, los pediatras de la UPA trabajan mucho con la familia
en la prevención.
"Los médicos nos preparamos para trabajar con la enfermedad, pero de
lo que se trata es de prevenir", dijo otra de las médicas del equipo,
Graciela Masu. "En los últimos años hubo un cambio en este sentido,
antes la salud era la medicina", recordó.
Con esa idea, la UPA hace jornadas de capacitación para colegas, da
charlas a las familias en la sala de espera mientras aguardan que los
niños sean atendidos, e impulsan proyectos como el de sustitución de
termómetros de mercurio o el uso más cuidadoso de los estudios que
exponen a los pacientes a la radiación.
Los termómetros de mercurio resultan muy contaminantes en caso de
quebrarse. La campaña sirvió para reemplazarlos primero en el
hospital, y luego en el resto de los sanatorios. El gobierno de la
ciudad ya no los compra, aseguró Masu. De todos modos, no siempre les
resulta sencillo lograr cambios.
"Desde nuestra función, podemos asesorar a las madres sobre cuáles son
las mejores condiciones de vida para que se desarrollen sus hijos,
sobre la importancia de la higiene, de no fumar, de la limpieza de los
tanques de agua, del consumo y los desechos", mencionó Masu.
"No pensamos en cómo erradicar los basurales porque eso no depende de
nosotros. Lo que tratamos de hacer es de mejorar el ambiente
interior", añadió.
Otra campaña importante que hicieron fue sobre la radiación ionizante
que deviene del uso frecuente de radiografías, radioscopias o
tomografías. "Los niños son más vulnerables a estas radiaciones y
pueden quedar con una mayor propensión a desarrollar leucemias o
cáncer de tiroides", advirtió Gil.
Admitió, además, que no se puede prescindir de estas herramientas de
diagnóstico, pero consideró necesario generar conciencia sobre "el uso
racional y siempre justificado" de estos estudios cuando se trata de
neonatología o pediatría.
También hacen campañas sobre el impacto de la radiación ultravioleta,
un tema clave en un país afectado por el adelgazamiento de la capa de
ozono, que permite el paso de radiaciones dañinas para la piel si no
se usa la debida protección solar, particularmente en edades
tempranas.
Pero entre todos los contaminantes, el que está a la cabeza de la
preocupación es el humo de tabaco, que contamina el aire dentro del
hogar y provoca enfermedades respiratorias en los niños y niñas. "El
cigarrillo es el gran flagelo porque deriva en nacimientos prematuros,
bajo peso al nacer y mortalidad infantil", remarcó Gil.
Le siguen el tema del manejo de la basura, que en barrios marginales
se acumula a la intemperie y contamina el aire, el suelo y las napas
de agua, y el uso de pesticidas. "Vemos muchos parásitos, diarreas,
infecciones, enfermedades transmitidas por vectores como el dengue o
el hantavirus", enumera una de las médicas.
En menor proporción se ven enfermedades más graves. "No siempre se
puede relacionar una enfermedad grave con la contaminación, aunque
muchas veces sí se pueden encontrar restos de plomo, benceno y otras
sustancias en sangre, en orina, o en los cabellos. Pero eso sí: hay
que buscarlos", remarcó.
Gil advirtió que antes existían umbrales permitidos para la tolerancia
a determinados contaminantes, pero actualmente, en pediatría, se
considera que cualquier exposición puede tener un impacto en el corto,
mediano o largo plazo.
Actualmente hay en el hospital siete casos de gastro-esquistosis, una
malformación congénita en la pared abdominal que se ve hoy con más
frecuencia que hace algunos años, remarcó Gil, y que estaría
relacionada con la exposición de la madre a contaminantes durante el
embarazo.
La pediatra dijo que para la unidad, es clave la labor del servicio de
toxicología que asesora en la recomendación de exámenes
complementarios que se pueden encargar ante determinados síntomas o
sospechas.
Otra de las acechanzas vinculadas al ambiente y a las condiciones de
vida es el abuso de alcohol y de drogas en adolescentes embarazadas,
que expone a los niños y a ellas mismas a mayores riesgos de impacto
en el desarrollo futuro.
(FIN/2013) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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