COLUMNA Qué raro está el tiempo Por Stephen LeahyUXBRIDGE, Canadá, ene (IPS) - La única manera de describir las temperaturas de enero es decir que
fueron raras, oscilando entre calores récord y fríos árticos en un lapso
de días.He aquí un hecho que va más allá de lo raro para convertirse en
asombroso. Cualquiera que tenga 27 años o más nunca vivió un mes
entero que fuera más frío que el promedio mundial del siglo XX. En
otras palabras, hemos tenido 334 meses consecutivos con temperaturas
superiores al promedio, según datos de la Oficina Nacional de
Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.
El pasado verano boreal, los hielos del mar Ártico se redujeron a la
mitad del que hace apenas tres décadas era su tamaño durante las
temporadas estivales.
La meteorología de nuestro planeta está pautada ampliamente por las
dos frías regiones polares y por los cálidos trópicos. Al
descongelarse el Ártico, no debería sorprender a nadie que el estado
del tiempo se esté volviendo raro. Y eso no mejorará.
La Tierra se está recalentando porque cada año, al quemar carbón,
petróleo y gas natural, lanzamos a la atmósfera miles de millones de
toneladas de dióxido de carbono, un gas que actúa como un manto que
mantiene caliente al planeta al atrapar parte del calor solar.
La cantidad de energía térmica extra que queda atrapada es como hacer
explotar 400.000 bombas atómicas de Hiroshima por día, 365 días al
año, calcula James Hansen, científico climático y director del
Instituto Goddard para Estudios Espaciales (GISS, por sus siglas en
inglés) de la NASA (agencia espacial de Estados Unidos).
Científicos cautos como Hansen están aterrorizados ante lo que se
viene. Instituciones conservadoras como el Banco Mundial y
PricewaterhouseCoopers han alertado que vamos rumbo a calentar toda la
superficie del planeta en un promedio de cuatro o cinco grados antes
de 2100. Eso se traduce en un aumento de entre ocho y 12 grados en
lugares como Canadá.
En Estados Unidos, la Evaluación Climática Nacional, divulgada en los
últimos tiempos, proyecta que las temperaturas promedio pueden
aumentar entre cinco y 10 grados Fahrenheit luego de 2050. Este
aumento equivale a que nuestras temperaturas corporales se disparen a
fatales niveles febriles.
Todos deberíamos estar aterrorizados por nosotros mismos, y
especialmente por nuestros hijos y nietos. Como planteó este mes el
presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en el discurso de asunción
de su segundo mandato, no responder a la amenaza del cambio climático
"traicionará a nuestros hijos y a las generaciones futuras".
Lo que dicen los científicos, y ahora Obama, es que sabemos que la
energía derivada de los combustibles fósiles, que alimenta a nuestras
sociedades, las está destruyendo. Nuestro desafío es reinventar
nuestras sociedades y estilos de vida para prosperar en base a
alternativas verdes.
El tiempo no está de nuestro lado. Según las aleccionadoras
matemáticas del clima, las emisiones de dióxido de carbono deben
empezar a reducirse en los próximos tres a cinco años y continuar
cayendo para dar a nuestros hijos la esperanza de un futuro decente.
Como el cambio climático lo afecta todo, desde los alimentos hasta el
agua, no hay nada más importante que esto.
Esto es lo que podemos hacer ya. Como individuos, podemos reducir
cinco por ciento nuestras emisiones de dióxido de carbono este año, y
luego los siguientes. Hay mil maneras de hacer esto: podemos caminar y
trasladarnos más en bicicleta, y conducir menos automóviles, ajustar
nuestros termostatos, agregar aislamiento a nuestros hogares, comer
menos carne, etcétera.
La familia tipo puede reducir su consumo de energía en entre 60 y 75
por ciento, ahorrando miles de dólares, según Godo Stoyke, experto en
ingeniería de Alberta, Canadá, y autor de "The CarbonBuster’s Home
Energy Handbook" (El manual de energía hogareña del Cazador de
Carbono).
Nuestras comunidades pueden unirse al movimiento de transición urbana.
Este es un movimiento voluntario y sin fines de lucro que busca
reducir la dependencia de los combustibles fósiles, al tiempo de
aumentar la resiliencia local y la autosuficiencia en materia de
alimentos, agua, energía, cultura y bienestar.
En todo el mundo hay alrededor de mil comunidades de transición.
Alcanzó con que una persona planteara la idea a sus amigos una noche
en un bar de la aldea de Ashton Hayes en Cheshire, Inglaterra. Dos
años después, los habitantes del lugar habían reducido 20 por ciento
sus costos de energía.
"Ha sido una gran diversión y un increíble estímulo al espíritu
comunitario", dijo Garry Charnock, habitante de la aldea.
Peterborough, en la sudoriental provincia canadiense de Ontario, tiene
una comunidad perteneciente al movimiento cuyos residentes crean su
propia moneda -el Kawartha Loon- para apoyar a los comercios locales.
Existen unas 130 comunidades de transición en 34 estados de Estados
Unidos. La Salt Lake de transición se centra en crear resiliencia y en
tener más diversión con menos cosas. La Houston de transición ha
echado raíces en por lo menos ocho barrios. En Los Ángeles, la
transición se manifiesta en decenas de actividades y acontecimientos
cada mes.
La negación o la espera a que alguien más se haga cargo garantizan un
futuro que no queremos. Antes de irse, por favor considere esta
pregunta: ¿cuál es el legado que quiere dejarle a su familia y a la
próxima generación?
(FIN/2013) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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