Yihaidistas abandonan el norte de Malí, pero el temor queda Por Marc-Andre BoisvertDIABALI, Malí, 4 feb (IPS) - "Sabemos que están cerca. No nos sentimos seguros", masculló Alassane
Traoré mirando el camino por el que un grupo de rebeldes islamistas
entró en esta ciudad del centro de Malí hace un par de semanas.Él mismo, musulmán y muecín, encargado de llamar a la plegaria y
recitarla en la mezquita local, se puso nervioso cuando vio la fila
de
camionetas con yihadistas de la red extremista Al Qaeda circulando
por
la ciudad el 14 de enero, tras lo cual decidió poner a buen
resguardo
a su esposa e hijos.
Diabali está a unos 250 kilómetros al noreste de Bamako.
"Eran violentos y destruyeron todo, pueden volver en cualquier
momento", dijo a IPS en una conversación mantenida frente a su
modesta
mezquita pintada de azul. "Los vimos inhalar polvo blanco. No son
buenos musulmanes", observó.
El año pasado, casi dos tercios de este país de África occidental
fue
ocupado por una coalición de grupos armados, integrada por Al Qaeda
en
el Magreb Islámico (AQIM, por sus siglas en inglés), el Movimiento
por
la Unidad y la Yihad y Ansar Dine, una organización islamista de
tuaregs.
Los tuaregs son un pueblo nómada amazigh que ocupan partes de Malí y
de Níger.
Los islamistas radicales, que plantean la imposición de la shariá (ley islámica), se
arrogaron el control de Diabali durante una semana hasta que fuerzas
de Francia y el ejército de Malí lograron expulsarlos el 21 de
enero.
Precisamente, la toma de Diabali por los insurgentes motivó la
actual
intervención francesa, solicitada por el presidente interino,
Dioncounda Traoré, que terminó expulsando a los combatientes
islamistas de tres ciudades clave del norte del país.
Un par de automóviles quemados y tanques del ejército abandonados
recuerdan a los visitantes los violentos enfrentamientos en la
pequeña
ciudad rodeada de arrozales. Banderas francesas ondean en comercios
y
motocicletas, colocadas por la población local, convencida de que
los
2.500 efectivos de Francia los salvaron de un régimen islamista.
Los insurgentes armados, pese a ser analfabetos, "estaban mejor
entrenados y equipados que el ejército de Malí", dijo a IPS el
soldado
retirado Diakaridia Doumbia, actual consejero de esta localidad.
"Dijeron que estaban contra el gobierno, no contra la población.
Pero
no les creímos", dijo a IPS el alcalde de Diabali, Oumar Diakité.
"Escuchamos sobre la shariá en el norte, la amputación y los azotes;
Mucha gente huyó sabiendo lo que iba a pasar, pese a que los
terroristas trataron de engañarlos haciéndose los simpáticos",
apuntó.
Las fuerzas especiales francesas siguieron hacia el norte, y la vida
aquí parece haber vuelto a la normalidad. En los alrededores se
estableció una pequeña guarnición de efectivos malíes a la espera de
unos 4.500 soldados africanos, que serán desplegados en Malí en las
próximas semanas.
Inseguridad y ansiedad
Un poco más al norte, los residentes de Dogofiri no comparten el
entusiasmo de los de Diabali. La gente mira para abajo y se rehúsa
a
hablar con extranjeros.
"Sabemos que los terroristas todavía están escondidos en la maleza.
Pueden volver en cualquier momento y tomar represalias", dijo a IPS
el
comerciante Ousmane Diarra.
Los pocos puestos de control en el camino polvoriento, manejados por
dos o tres soldados del ejército con sandalias de plástico, no dan
garantías a la población local.
"El ejército de Malí no pudo frenar el avance islamista, huyeron. Y,
a
pesar de los ataques, la seguridad no fue reforzada", dijo a IPS un
residente local que no quiso dar su nombre. "Puede volver a pasar en
cualquier momento", temió.
Además, mucha gente también le teme al ejército regular.
"Soldados golpearon a un anciano. También ejecutaron a un hombre en
plena luz del día", dijo a IPS otro residente de Dogofiri. "Dijeron
que colaboraba con los islamistas", añadió.
En esa localidad, los tuaregs y los árabes, quienes destacan por su
tez más clara, solían vender sus productos en el mercado local, pero
se fueron después de eso.
"Hay ansiedad", añadió la fuente. "La gente le tiene miedo al
ejército", explicó.
El viernes 1, la organización Human Rights Watch, con sede en Nueva
York, acusó al ejército de Malí, responsable del derrocamiento del gobierno en
marzo de 2012, de ejecutar a 13 islamistas en plena luz del día.
En septiembre, a pocos kilómetros de Diabali, el ejército de Malí
ejecutó a 16 predicadores musulmanes desarmados que cruzaban la
frontera hacia Mauritania. La Federación Internacional de
Derechos
Humanos (FIDH), con sede en Francia, registró por lo menos 11
ejecuciones extrajudiciales en enero a manos del ejército.
"No es una cuestión racial", remarcó Diakité. "La primera persona
asesinada en Diabali por los islamistas fue un tuareg. Sabemos quién
es bueno y quién es malo", apuntó.
"En Mali, todos tenemos familiares de otras razas", explicó el
alcalde. "Incluso tuaregs. Hay delincuentes y hay malíes. Malí es un
país multicultural y vivimos todos juntos", apuntó.
Pero hay otras sospechas que mantienen a la ciudad en estado de
alerta
y deseosa de que se haga justicia.
Desde que la población local vio entre las fuerzas islamistas a dos
militares de alto rango del ejército de Malí que solían estar
apostados en Diabali, la comunidad cree que los insurgentes tenían
apoyo local.
"La gente quiere venganza, en especial los jóvenes", indicó Doumbia.
"Identificamos colaboradores que pasaron información a los
terroristas, los consideramos traidores", añadió.
Una vez que se calme la situación, él los denunciará y habrá
justicia,
aseguró. Pero "mientras, somos un país en guerra", alertó(FIN/2013) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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