La inversión social busca sortear obstáculos en América Latina Por Emilio Godoy, enviado especialMÉRIDA, México, 22 feb (IPS) - Preocupado por la salud bucal de la niñez en el sureño estado mexicano
de Oaxaca, Édgar Martínez decidió en 2006 crear Biodent, un empresa de
perfil social que administra dos clínicas y ha atendido desde entonces a
unos 12.000 menores con campañas educativas y consultas dentales. "En México, seis de cada 10 niños y niñas de seis años tienen caries,
mientras que en los adultos el problema afecta a 80 por ciento. Por
eso fue que implementamos el programa de educación en salud dental
sobre higiene y cepillado", explicó Martínez.
"Era un proyecto ambicioso, un salto sin red de protección", contó a
IPS este administrador de empresas, de 33 años.
Para cubrir el territorio oaxaqueño y atender a 38.000 niños y niñas
con 11 nuevas clínicas, Martínez necesita reunir casi un millón de
dólares. "El proyecto ya es sostenible, y podremos abarcar todo el
perímetro del estado en un plazo de 12 a 24 meses", explicó.
Biodent es una muestra de lo que realizan en varios países de América
Latina este tipo de empresas médicas y de otro tipo de acción social
de pequeña y mediana escala, pese a las múltiples barreras que se les
ponen para acceder al abundante financiamiento internacional
existente para la salud.
Son organizaciones de considerable peso en creación de empleo,
generación de ingresos y cobertura de asuntos socioambientales, que
padecen obstáculos legales, financieros y comerciales.
Ese análisis predominó en las tres jornadas del Tercer Foro
Latinoamericano de Inversión de Impacto, que finalizó este viernes 22
en Mérida, ubicada 1.325 kilómetros al sudeste de la Ciudad de
México, a donde concurrieron docenas de representantes de empresas
sociales y de inversionistas de América Latina.
"Las necesidades financieras de las empresas no se adaptan a los
productos de los inversionistas, quienes no conocen muchas veces el
mercado", dijo a IPS el mexicano Alejandro Morales, consultor de la
no gubernamental Alianza Financiera para el Comercio Sostenible
(FAST, por sus siglas inglesas).
"Las pequeñas y medianas empresas no saben pedir crédito, y por sí
solas no tienen capacidad de acceder a los mercados", explicó.
Con sede en Canadá, FAST capacita a los emprendedores en cuestiones
organizativas y productivas y los vincula con aportadores de capital
internacionales. Hasta el presente ha canalizado globalmente 22
millones de dólares a 30 empresas del sector forestal, el cafetalero
y el apícola.
La inversión de impacto es hecha por compañías, organizaciones y
fondos con la intención de generar efectos sociales y ambientales
medibles con un retorno financiero, según The Global Impact Investing
Network (Red Global de Inversión de Impacto), con sede en Nueva York.
Los emprendedores latinoamericanos quieren empréstitos de largo
plazo, con un nivel de deuda bajo frente al capital productivo, tasas
de interés favorables y lineamientos para escudriñar en la vasta red
de abastecedores de dinero.
A pesar de las dificultades y el entorno internacional adverso
derivado de la crisis financiera iniciada en Estados Unidos en 2008,
la región latinoamericana es atractiva para la inversión de impacto.
Los créditos oscilan entre los 100.000 y los dos millones de dólares,
según los especialistas.
Ese flujo alcanzó globalmente el año pasado 23.000 millones de
dólares aportados por 90 inversionistas y de los cuales 8.000
millones se destinaron a la región, según cifras de GIIN. Sus
proyecciones para 2013 son del orden de los 9.000 millones.
Esos indicadores apuntan que 47 fondos internacionales empezaron a
invertir en América Latina en los últimos años.
"Hay mucho interés en la región. Pero hemos hallado retos como el
acceso a financiamiento y a mercados, el desarrollo de capital humano
y un ambiente adecuado", advirtió a IPS la especialista Jenny
Everett, directora asociada de la no gubernamental Red Aspen para el
Desarrollo de Emprendedores (ANDE por sus siglas inglesas), creada
por el Aspen Institute.
En una investigación próxima a concluir, Everett halló que 22 fondos
se nutren de fuentes locales. También indica que 80 por ciento de las
54 instituciones asesoras de organizaciones de este tipo encuestadas
para esta investigación respondieron que dependen de apoyos
filantrópicos.
En México, la red identificó ya a 166 organizaciones involucradas en
la inversión de impacto, entre financistas, emprendedores,
universidades y compañías, de modo que puedan interrelacionarse.
"Tienen que ser no solamente productores de consumo, sino también
cambiar la infraestructura y la economía para dar más oportunidad a
la gente y bajar la inequidad", declaró IPS la ejecutiva Morgan
Simon, cofundadora y directora general de la red inversora Toniic,
fundada en 2010.
Toniic ha dirigido 11,3 millones de dólares en 27 proyectos de
educación, salud y agricultura en naciones como México, Colombia,
Chile, Kenia y Liberia. En su portafolio hay 47 financistas
interesados en colocar 100 millones de dólares en iniciativas.
El esquema es el siguiente: el financista interesado paga una cuota
de ingreso anual de unos 1.000 dólares y se compromete a desembolsar
dos inversiones al año de entre 20.000 y 25.000 dólares. La
recuperación del capital ocurre entre tres y siete años.
En Colombia, el fondo Toniic aporta capital por más de tres millones
de dólares para dos proyectos, uno ecoturístico y otro de recolección
de electrónicos para reciclaje que emplea a adultos mayores, madres
solteras y personas con discapacidad. Entre ambos dan trabajo a unas
130 personas. También analiza dos iniciativas de construcción y salud
materno-infantil, con unos cinco millones de dólares.
"Nuestro principal objetivo es demostrar que somos un vehículo con el
cual se hacen negocios sostenibles y rentables, garantizando la
inclusión social y la sostenibilidad del impacto socioambiental",
enfatizó el colombiano Eduardo Riaño, director de la organización
instituida en 2011 y quien se puso como meta llegar a 21 millones de
dólares de inversión.
Como solución, "se puede extender la certificación de productos
orgánicos, porque no todas las organizaciones pueden hacerlo, y que
las grandes compañías desarrollen un programa de proveedores para que
los productores tengan asistencia técnica y se fortalezca la relación
comercial", propuso Morales.
FAST planifica organizar tres ferias comerciales este año, la próxima
de las cuales será en marzo en Guatemala.
"Una de las cosas importantes es que con inversiones como estas hay
formas para que los proyectos sean controlados por las
organizaciones. Es un potencial que debemos aprovechar", indicó
Simon.
(FIN/2013) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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