Oportuna rebelión del catolicismo argentino Por Marcela ValenteBUENOS AIRES, 15 mar (IPS) - El cardenal argentino Jorge Bergoglio fue elegido Papa en momentos en
que la Iglesia
Católica de su país afronta una rebelión de laicos y religiosos que
rechazan el papel de
la jerarquía eclesiástica en la última dictadura (1976-1983) y la falta
de
gestos que
reparen omisiones y complicidades pasadas.Las acusaciones contra Bergoglio por su presunta vinculación con el
régimen, que dieron la vuelta al mundo al
conocerse su designación como pontífice en el Vaticano, el miércoles 13,
son apenas la punta del iceberg de una
discusión que lleva décadas sin saldar y que está saliendo a la luz a raíz
de procesos judiciales contra represores.
Grupos como Curas en la Opción por los Pobres, Cristianos para el Tercer
Milenio o Colectivo Teología de la
Liberación, hacen oír juicios cada vez más airados contra la insuficiente
autocrítica de la Conferencia Episcopal
Argentina (CEA), que hace pocos meses lanzó un pedido de perdón y
prometió investigar a fondo.
"Es bueno que se abra el debate, que nos metamos a esclarecer lo que
pasó para que la verdad salga a la luz.
Sería muy saludable", dijo a IPS la investigadora Claudia Touris, de la
Universidad de Buenos Aires y coordinadora
de Relig-Ar - Grupo de Trabajo en Religión y Sociedad en la Argentina
Contemporánea.
La discusión que divide a los católicos detonó a raíz de un documento
emitido en noviembre por la CEA en el que
los prelados pedían perdón "a quienes hayamos defraudado o no
acompañado como debíamos" durante la
dictadura. También prometían "un estudio más completo" para conocer la
verdad.
El texto, difundido como Carta al Pueblo de Dios y titulado "La fe en Jesucristo nos mueve a la
verdad, la justicia y la paz", condena los crímenes del "terrorismo de
Estado", pero los equipara con "la
violencia guerrillera", una interpretación rechazada por los opositores al
régimen dictatorial.
Cristianos para el Tercer Milenio consideró el texto "insatisfactorio", pues
niega la connivencia que existió entre
algunos prelados y la dictadura. Según los firmantes, todos laicos
(católicos que no son miembros del clero) se
debería "exigir" información a quienes fueron capellanes militares y "hacer
cesar situaciones escandalosas que
confunden y debilitan al Pueblo Peregrino".
Por su parte, los Curas en Opción por los Pobres se dijeron
"escandalizados por tantas actitudes contrarias al
Evangelio" y porque el sacerdote Christian Von Wernich, condenado en la
justicia por violaciones a los derechos
humanos, "no fue expulsado del magisterio" y el exdictador Jorge Rafael
Videla, culpable de múltiples delitos de
lesa humanidad y sin manifestar arrepentimiento, sigue recibiendo la
comunión.
En vísperas de la designación de Bergoglio como el papa Francisco, este
grupo de sacerdotes que viven y trabajan
en barrios precarios, protestó también porque a raíz de sus
cuestionamientos al documento de la CEA, la curia
episcopal tomó represalias contra uno de los religiosos disconformes.
El obispo Francisco Polti, de la norteña provincia de Santiago del Estero,
separó de su parroquia al sacerdote
Roberto Burell, uno de los firmantes.
"No vamos a decirles a ustedes ‘estimados’ porque no estimamos a los
cobardes", arranca la carta que este grupo
de sacerdotes enviaron al obispado, en la que vierten críticas furibundas y
advierten a los prelados que cuando
dejen de ser obispos "solo lo lamentarán los poderosos porque los pobres,
campesinos, e indígenas lo celebrarán".
Ese era el ambiente que se vivía entre los católicos de Argentina cuando el
cónclave vaticano eligió al cardenal
Bergoglio como nuevo pontífice.
Según Touris, el documento de la CEA fue tibio para muchos católicos,
aunque constituyó un llamado bastante
novedoso a quienes tuvieran información sobre desapariciones forzosas o
apropiaciones de niños, dos crímenes
habituales perpetrados por la dictadura contra opositores.
"Habrá que ver si esto tiene continuidad y se profundiza", añadió.
En su opinión, no existió una posición unánime de la Iglesia frente a aquel
régimen, y por eso hubo coincidencia
ideológica de algunos obispos con los militares, que contribuían a "barrer
una presunta infiltración comunista", y
también religiosos y laicos comprometidos con los perseguidos.
En el primer grupo, Touris mencionó a prelados ya fallecidos, como el
cardenal Raúl Primatesta, el vicario castrense
Victorio Bonamín y los arzobispos Adolfo Tortolo y Antonio Plaza,
señalados y en algunos casos denunciados por
haber sido vistos en centros clandestinos de detención.
Pero, recordó Touris, hubo obispos junto a los perseguidos, como Jaime
de Nevares, Jorge Novak o Miguel
Hesayne, y también decenas de sacerdotes, monjas, seminaristas y laicos
que fueron secuestrados, asesinados, se
exiliaron o permanecen desaparecidos.
Dos obispos son considerados mártires por oponerse a la dictadura.
El primero es Enrique Angelelli, de la diócesis de la norteña provincia de
La Rioja, muerto en 1976 en un presunto
accidente automovilístico que se sospecha fue un asesinato. El otro es
Carlos Ponce de León, obispo de la
localidad bonaerense de San Nicolás, también muerto en un sospechoso
accidente en 1977.
Bergoglio era entonces provincial de la Compañía de Jesús. Dos
sacerdotes de esa orden, que trabajaban en
barrios pobres, fueron secuestrados. El papa Francisco es señalado por
algunos como responsable de entregarlos,
pero otros aseguran que, al contrario, su influencia los rescató.
Según recordó Touris, el superior de la orden de los jesuitas era el español
Pedro Arrupe, que exhortaba a los
sacerdotes a asumir un compromiso político y social, y a raíz de ese
mandato fue la orden con más perseguidos,
torturados y desaparecidos en América Latina y el Caribe en la década de
1970.
En Argentina, bajo el liderazgo de Bergoglio, la orden tuvo una posición
más tradicional, recordó la estudiosa. El
ahora papa exhortaba a los sacerdotes más comprometidos a abandonar
su tarea social como forma de eludir la
represión, según é mismo declaró en su descargo.
El activista por los derechos humanos, Adolfo Pérez Esquivel, premio
Nobel de La Paz 1980 y un activo católico,
sostuvo tras la elección del Papa que "la Iglesia Católica no tuvo actitudes
homogéneas" frente al régimen y que
hubo "indiscutibles complicidades de buena parte de la jerarquía
eclesiástica". Pero aseguró que Bergoglio "no fue
cómplice de la dictadura".
"Creo que le faltó coraje para acompañar nuestra lucha por los derechos
humanos en los momentos más difíciles",
declaró el dirigente humanitario en un comunicado de su organización, el
Servicio de Paz y Justicia en Argentina.(FIN/2013) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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