PERIODISMO-COLOMBIA: Mal lugar para el mejor oficio Por Constanza VieiraBOGOTA, 30 abr (IPS) - ¿Cuántos periodistas colombianos hay en el exilio?
¿Cuántos han tenido que abandonar sus regiones pero viven todavía en
Colombia? ¿Cuántos de los que huyeron pudieron seguir ejerciendo su
profesión, ”el mejor oficio del mundo” según el escritor colombiano Gabriel
García Márquez?
”Eso no lo registra nadie. Pero, en general, los que se van al exterior
no logran volver a trabajar como periodistas”, con lo cual estaría cumplido
el propósito de quienes ejercieron las amenazas, dijo a IPS Juliana Cano,
directora de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip).
Los que huyen de sus regiones pero no salen de Colombia ”normalmente
regresan si no consiguen trabajo”, luego de que el ministerio del Interior
y Justicia suspende una ayuda económica prevista para tres meses, de unos
340 dólares por mes, explicó.
El apoyo estatal a periodistas amenazados incluye medidas de seguridad,
que son definidas según el nivel de riesgo que evalúen la policía o el
servicio de inteligencia presidencial.
El ”esquema de seguridad”, en lenguaje de los expertos, puede incluir
simplemente un celular de dotación, pero también llegar hasta la decisión
de sacar al periodista de Colombia.
Cano señaló que la mayoría de quienes huyen de las provincias ”regresan
a trabajar como periodistas pero tratan de buscar un cambio de frente”,
abandonando por completo el trabajo sobre el conflicto armado, las
violaciones de los derechos humanos y la corrupción local.
”Se dedican a temas sociales, como salud y educación, y a cubrir cosas
como el cumpleaños de alguien en la región o la última inauguración
oficial”, precisó. En las zonas de guerra, muchas emisoras comunales se
limitan a pasar música y los periódicos muestran un panorama idílico.
Según Eduardo Márquez, catedrático de periodismo de la universidad
privada Sergio Arboleda, ”desde 1988 hasta la fecha en Colombia han sido
asesinados 126 periodistas, la gran mayoría por cuenta del ejercicio del
oficio”.
Pero varias organizaciones tratan de depurar esa cifra, contabilizando
sólo las muertes debidas a la labor periodística.
La principal institución que lleva ese conteo depurado es la Flip, que
lanza con motivo del Día Internacional de la Libertad de Prensa, 3 de mayo,
un informe sobre la situación del periodismo en Colombia durante los
últimos 12 meses, junto con el Comité de Protección de Periodistas (CPJ),
con sede en New York, y Reporteros Sin Fronteras (RSF), con sede en París.
Cano adelantó a IPS las estadísticas más protuberantes del año corrido:
”Amenazados, 34; asesinados por el oficio, dos; muerto en fuego cruzado
(durante un combate), uno. Otro murió acuchillado en su lugar de trabajo,
pero aún no tenemos claro si se trató de un crimen por el ejercicio del
periodismo”, dijo.
Tres sufrieron secuestros breves y luego fueron liberados. Uno de esos
casos fue el de una mujer embarazada que, mediante torturas durante su
secuestro, fue ”convidada” a callar por paramilitares. Los otros dos son
periodistas del diario bogotano El Tiempo. ”Autor, las FARC (las
insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), por haber entrado
sin permiso a una zona” controlada por ellas, prosiguió Cano.
En el periodo considerado, nueve periodistas huyeron de Colombia, dos
de ellos en 2004. En esa cuentas no figura, por haberse ido en abril de
2003, Fernando Garavito, quien era columnista del semanario bogotano El
Espectador cuando recibió amenazas por escribir sobre el pasado del
presidente Alvaro Uribe. Garavito siguió publicando su columna a través de
Internet.
A pesar de ser Garavito un experimentado periodista, que nunca en su
carrera de más de 30 años ha tenido que rectificar un informe, sólo en
diciembre comenzó a recibir ingresos estables en el país que lo acogió,
Estados Unidos. Durante meses, él y su familia sobrevivieron gracias a la
solidaridad de periodistas estadounidenses y amigos de Colombia.
”Atentados, tres”, continuó Cano, explicando que uno sólo figura en la
estadística pero no se puede dar ni el nombre del periodista, ni el del
medio en que trabaja, ni el de la ciudad donde ocurrió el ataque, pues la
víctima está tan atemorizada que prefiere que su caso pase inadvertido.
Otros tres miembros de su familia, también periodistas, han sido asesinados
desde 1991.
¿Motivo? ”La independencia periodística”, dijo Cano.
No se cuenta como ”atentado” sino como ”error profesional” el caso de
un periodista de El Tiempo que, contrariando normas de seguridad acordadas
informalmente dentro del gremio y basadas en el Derecho Internacional
Humanitario, permitió que su reportero viajara en un helicóptero militar
que fue atacado por la guerrilla. El periodista resultó herido.
”El ataque no iba contra él como periodista, sino contra el helicóptero
militar”, precisó Cano.
El criterio empleado por la Flip en el conteo es producto de años de
reflexión colectiva. A esa reflexión empujan, por supuesto, las cifras, que
sitúan a Colombia entre los países más peligrosos para ejercer el
periodismo. Por eso cada vez más periodistas colombianos buscan maneras de
hacer convivir la guerra con el compromiso con la verdad. ¿Un imposible?
”Obstrucciones al ejercicio periodístico, que es cuando, por ejemplo,
los militares llaman al periodista a decirle que no publique, tres. Ahí hay
subregistro, porque dependemos de que el periodista acepte que está
recibiendo presión”, apuntó Cano.
En 2003, la hipótesis de que el conflicto armado que vive Colombia hace
40 años es causa principal de los ataques a la prensa fue a contramano de
los hechos. Tres de los cinco muertos estaban denunciando corrupción.
Cuando un periodista amenazado por cubrir corrupción en su región
regresa, ”no vuelve a sacar información en contra de la administración, se
cuida más”, dijo Cano.
”En materia de derecho a la información estamos peor que nunca”, opinó
Márquez, para quien ese derecho ciudadano está amenazado también por ”la
posibilidad de la censura a través del Estatuto Antiterrorista”, en camino
de aprobación en el parlamento y que permite realizar interceptaciones
telefónicas, allanamientos y detenciones sin orden judicial.
”¿Qué puede esperar un periodista que esté haciendo una investigación
sobre corrupción de agentes del Estado? Y todo esto sobre el telón de fondo
de la guerra, donde paramilitares, guerrilla y militares pretenden
convertir a los periodistas, cada uno, en sus voceros”, señaló.
Márquez es representante en Colombia de la Federación Internacional de
Periodistas, con sede en Bruselas, y dedica parte de su tiempo a promover
la agremiación de los periodistas colombianos con el objetivo de mejorar
sus condiciones laborales.
El relator especial de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas sobre Libertad de Expresión, Ambeyi Gabo, estableció, tras su viaje
a Colombia en febrero, que en ese país ”la categoría profesional peor
pagada es la de los periodistas”.
Pero ”estar sindicalizado en Colombia es prácticamente un crimen. Es
mucho más fácil crear un grupo armado que un sindicato”, por la oposición
de los empresarios, afirmó Márquez.
Actualmente, embriones de sindicatos de periodistas ”se reúnen
periódicamente, a escondidas y con sigilo respecto de sus empleadores, para
exigir cosas tan elementales como las ocho horas de trabajo, una conquista
laboral del siglo XIX”, reveló.
Pero ”tanto los medios como los periodistas tienen intereses comunes,
que son mejorar la calidad de la información e intentar consolidar la
desvalida democracia colombiana. Desde esta perspectiva, se debería rodear
de garantías la creación de organizaciones de periodistas”, concluyó el
catedrático.
(FIN/2004) Envíe sus comentarios al editor |