TRABAJO-COLOMBIA: Petroleros desafían a Uribe Por Constanza VieiraBOGOTA, 10 may (IPS) - En el país más peligroso del mundo para el
sindicalismo, Colombia, los trabajadores petroleros desafían al derechista
presidente Alvaro Uribe con una huelga abiertamente política en medio de la
guerra.
La Iglesia Católica aboga al más alto nivel en la formidable pulseada
entre el principal sindicato de Colombia, la Unión Sindical Obrera de la
Industria del Petróleo (USO), y el gobierno, de ”mano firme y corazón
grande”, como reza su consigna.
Tras 18 meses de la negociación más prolongada e infructuosa en la
historia de la empresa estatal petrolera Ecopetrol, la huelga se inició el
22 de abril y en su segundo día fue declarada ilegal por el gobierno,
argumentando que la actividad del sector es un servicio público.
Los huelguistas señalan que Uribe atenta contra el mayor bien común de
la economía colombiana al debilitar la estructura de ingresos de Ecopetrol
y convertirla en una sociedad accionaria, lo cual, junto a otras medidas,
arriesga la soberanía energética de Colombia.
En junio de 2003, el gobierno quitó a Ecopetrol el manejo de los
hidrocarburos de propiedad de la nación, que le permitía controlar el
volumen extraído por las compañías extranjeras.
Las principales beneficiadas de esa medida son las estadounidenses
ChevronTexaco y Oxy, la austríaca Schlumberger y BP (British
Petroleum)-Amoco, de origen británico y estadounidense.
Para la USO, la reducción en los ingresos fiscales que generan estas
medidas tendrá ”un impacto incalculable”.
El país produce unos 520.000 barriles diarios de crudo. Aunque el
volumen es 40 por ciento menor al de 1999, la cotización internacional del
petróleo (de unos 40 dólares por barril) en la coyuntura de guerra en el
petrolero Iraq, unida a alzas en el precio interno, han mantenido las
ganancias de la compañía, que aporta a la nación la tercera parte de sus
ingresos corrientes.
Colombia tiene reservas por 1.600 millones de barriles (de 159 litros),
pero el estimado potencial en yacimientos menores asciende a 47.000 millones.
Ecopetrol, con algo más de 6.000 empleados en todo el país, es la única
fabricante de gasolina en Colombia. Los afiliados a la USO son 3.600,
principalmente abocados a la producción industrial.
La protesta del sindicato ”busca evitar que el gobierno entregue el
petróleo a las multinacionales, como es su propósito al reformar los
contratos hasta la extinción de nuestros campos” petroleros y gasíferos,
dijo a IPS Hernando Hernández, vicepresidente de la USO.
”Y, por supuesto, también busca preservar nuestro sindicato”, agregó,
pues la huelga pide respeto al derecho de asociación sindical y a la
negociación colectiva.
La USO es el diamante del movimiento sindical colombiano. Los
petroleros se entrenaron durante decenios defendiendo sus derechos
laborales de los abusos de la estadounidense Tropical Oil Company, que en
1921 se instaló en Barrancabermeja, centro de Colombia sobre el río
Magdalena. Dos años después se creó el sindicato.
Muertos, desplazados, encarcelados y despedidos en varias huelgas
marcaron su historia. Pero en 1948, la USO se convirtió en el primer
sindicato que logró influenciar en políticas de Estado, tras una huelga de
grandes proporciones que impulsó la creación de Ecopetrol, en contravía de
la intención gubernamental de prorrogar los contratos de Tropical Oil.
Por eso ”se trata de salvar la empresa”, dijo Hernández.
El mismo día en que Uribe ilegalizó de la huelga, el obispo católico de
la diócesis de Barrancabermeja, Jaime Prieto, anunció el apoyo de la
Iglesia a la USO en la protesta pacífica y condenó, anticipadamente, ”toda
provocación al enfrentamiento violento, venga de donde viniere”.
Como respuesta a la huelga, la administración incrementó la
militarización de las instalaciones petroleras. Días antes, las autoridades
de Ecopetrol ya habían vetado el ingreso a las plantas a líderes y
afiliados de la USO, habían citado a 1.000 obreros a procesos
disciplinarios, despedido a 13, aislado a 43 en sus áreas de trabajo e
iniciado trámites para invalidar la existencia legal del sindicato.
Hasta el domingo habían sido despedidos 93 huelguistas, la mayoría
directivos sindicales de los 13 puntos de producción en distintas regiones.
Entre los destituidos están Hernández y el presidente de la USO, Gabriel Alvis.
La ilegalización de la huelga petrolera ”es contraria al derecho”, ha
recordado insistentemente la Comisión Colombiana de Juristas, pues la
decisión ”incumple tanto la jurisprudencia de la Corte Constitucional
colombiana, como reiteradas recomendaciones de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT)” al gobierno de Colombia, en pro del
derecho de huelga y la libertad sindical.
El conflicto petrolero se desarrolla en el marco de la guerra interna
colombiana de cuatro décadas, que enfrenta a guerrillas izquierdistas,
paramilitares de derecha y Fuerzas Armadas, y en la que a menudo son
víctimas los sindicalistas, entre otros actores sociales desarmados.
Desde 1988 la USO perdió a 89 afiliados, víctimas mortales de
atentados, y otros 37 fueron heridos. Las cuentas de la Comisión de
Derechos Humanos del sindicato da cuenta de otras dos víctimas de
desaparición forzada y de dos secuestrados por derechistas paramilitares.
Cerca de 400 petroleros han sido desterrados por amenazas de muerte y
tres están en el exilio, mientras 34 sindicalistas de la USO han sido
encarcelados desde 1993 y cinco de ellos continúan bajo cargos judiciales.
En 2003, 87 sindicalistas murieron en atentados. La Central Unitaria de
Trabajadores (CUT), que agrupa a 80 por ciento de los sindicatos, perdió
desde su creación en 1986 a unos 3.800 líderes, todos asesinados.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha
responsabilizado internacionalmente al Estado colombiano de aquiescencia,
tolerancia o activa participación en algunos ataques paramilitares contra
militantes sindicales.
Sobre las detenciones, la CIDH apunta que el caso de la USO es ”un
ejemplo particularmente claro” de la ”coincidencia de ataques violentos de
organizaciones paramilitares con el comienzo de procedimientos penales
iniciados por el Estado contra sindicalistas”.
Los miembros de la USO están cubiertos por medidas cautelares ordenadas
por el organismo panamericano.
”En Colombia ejercer la actividad sindical es un riesgo sumamente alto
y, por supuesto, realizar una huelga política por la defensa del petróleo,
de la soberanía y de la empresa estatal significa también un riesgo muy
alto para quienes la estamos conduciendo”, dijo Hernández.
El asesor de la USO, Alvaro Vásquez del Real, observador y activista de
80 años, dijo a IPS que el respaldo de la población a la huelga está
creciendo a medida que se comprende su contenido.
Pero el momento ”es muy difícil. El movimiento sindical está muy
debilitado por la guerra sucia y con un desempleo de casi 20 por ciento,
hay mucho miedo a perder el puesto” de trabajo.
Mientras, la mediación católica cristalizó este fin de semana en una
”Mesa de conversaciones USO - Ecopetrol” en la sede del Episcopado
colombiano en Bogotá, presidida por el cardenal Pedro Rubiano, arzobispo de
Bogotá, y con la asistencia del ministro de Minas, Luis Mejía.
Un portavoz presidencial advirtió la semana pasada que el gobierno está
dispuesto a dialogar, pero ”no hay nada que negociar”, pues todas las
decisiones han sido legales y son hechos cumplidos.
El gobierno no descarta importar gasolina con el fin de evitar a toda
costa el desabastecimiento y advirtió que los despidos se detendrán sólo
cuando se levante la huelga.
”Mientras no quede despejado el panorama del futuro de Ecopetrol y de
nuestro sindicato”, la huelga se mantiene, replica Hernández.
A juicio de Vásquez, la tenaza de violencia, persecución patronal y
negativa gubernamental a negociar muestran que ”el golpe contra la USO está
en marcha”.
Por ahora, la medida es acatada por 78 por ciento de los 3.600
trabajadores convocados a la huelga, que son también los que tienen el
manejo de la producción, según el sindicato.
Además, la totalidad de los contratistas independientes apoya la
protesta. Mientras, la empresa cuenta con otros 2.700 empleados no
sindicalizados, a quienes reubicó en el ”plan de contingencia” para
enfrentar la paralización de actividades.
La pregunta es en qué proporción ha logrado la USO reducir la producción.
Hernández no aventura un dato exacto, pero está seguro de que el plan
de contingencia que hoy controla las actividades ”no tiene la capacidad
técnica ni la capacidad numérica para mantener en un alto porcentaje la
producción nacional”, si la medida de lucha se prolonga.
(FIN/2004) Envíe sus comentarios al editor |