ARGENTINA: La justicia evita los barrios pobres Por Marcela ValenteBUENOS AIRES, dic (IPS) - El acceso a la justicia
es un derecho humano garantizado en la
legislación argentina. Pero la falta de dinero o
de tiempo inhibe muchas veces a los sectores más
pobres y vulnerables de llegar a los tribunales a presentar una querella.
"Es un problema grave en Argentina. Los
pobres no tienen tiempo ni dinero para contratar
abogados y el sistema los deja afuera", alertó a
IPS el abogado Ezequiel Nino, de la Asociación
Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ).
La Constitución asegura a todos los
habitantes del país el derecho de peticionar ante
las autoridades y consagra además la garantía del
"debido proceso", es decir la potestad de ser
oído por un juez imparcial y de contar con un abogado defensor.
Pero eso se cumple sólo para el caso de estar
imputado en una causa penal. Si lo que se busca
es presentar una demanda o querella el sistema
exige el pago de una tasa ûsalvo excepciones-- y
requiere un profesional patrocinante a quien hay que pagarle honorarios.
La tasa de justicia es de 70 pesos (unos 25
dólares) y, si lo que se reclama es llevar
adelante un "recurso de queja" ante la Suprema
Corte de Justicia por una sentencia que viola un
derecho constitucional debe hacerse un depósito de 1.000 pesos (333 dólares).
"El Estado debería proveer asistencia
jurídica a todos, del mismo modo que brinda
servicios en hospitales o escuelas. Sin embargo,
lo hace de manera muy limitada a través de
defensores de pobres, ausentes y menores", explicó Nino.
Argentina tiene más de 37 millones de
habitantes y la pobreza afecta hoy a casi 40 por
ciento de ellos. Ante esta magnitud, las
defensorías, que son escasas, se volcaron casi
por completo a representar a menores o ausentes.
"No hay un sistema estatal de atención para pobres", remarcó el letrado.
Para suplir en parte esa ausencia, diversas
organizaciones sociales se dedican a brindar
servicios de asesoría y representación legal
gratuita. Pero según explicó a IPS la abogada
Daniela Lovisolo, de ACIJ, están concentrados en la capital del país.
Agrupaciones que trabajan en derecho de
interés público, iglesias, organizaciones de
mujeres, universidades estatales y colegios de
abogados ofrecen voluntariamente este tipo de
servicios, aunque el acceso está limitado a sus zonas de influencia.
Lovisolo coordina el Centro de Apoyo Legal
Comunitario de ACIJ en la localidad de Moreno, en
la zona oeste del área metropolitana de Buenos
Aires y con unos 500.000 de habitantes, de los
cuáles la mitad viven en la pobreza o en la
indigencia. Sólo un tercio tiene agua potable y
12 por ciento sistema de cloacas.
Los tribunales más cercanos a Moreno están a
60 kilómetros de distancia. Por eso, la apertura
del centro legal, que funciona junto a otras
organizaciones de la sociedad civil, fue recibida
como una bendición por los pobladores del lugar.
El centro consiguió llevar adelante numerosos
reclamos de los vecinos, no mediante demanda,
sino simplemente a través de gestiones
administrativas en las que se pide que se
garanticen derechos básicos, como por ejemplo el de la educación.
En noviembre, el centro acompañó una petición
de los vecinos para que el municipio pavimente
las calles de acceso, construya veredas y coloque
luminarias en la Escuela Rural número 5 "El
Vergel", a la que asisten unos 300 niños.
La petición, que fue cumplida por el
municipio, se basó en que los días de lluvia los
caminos de tierra en esa zona se vuelven
intransitables y 70 por ciento de los alumnos no
puede llegar al centro educativo.
No obstante, en otros casos las
organizaciones van más allá de los reclamos y
presentan verdaderas demandas para exigir que se
respeten derechos contemplados en la constitución
nacional y las leyes pero que se violan cotidianamente.
Después de cuatro años de trámite, un juez
federal de Argentina hizo lugar hace un mes a una
demanda de ACIJ "para que cese el trato
discriminatorio" contra los usuarios del servicio
de trenes de la línea Sarmiento, que une Buenos Aires con Moreno.
La firma concesionaria del servicio es la
empresa Transportes de Buenos Aires (TBA), que
administra también el ramal Mitre, que une la
capital argentina con el norte del área
metropolitana. Los usuarios pagan el mismo
pasaje, pero el servicio es muy distinto en calidad.
Los pasajeros del Sarmiento, una línea que
recorre la periferia más pobre de Buenos Aires,
viajan hacinados, sin aire acondicionado, en
vagones viejos, con los asientos y los vidrios
rotos. Las formaciones ferroviarias se detienen
muchas veces por roturas y se cancela el servicio.
En cambio, la línea Mitre, que cubre un área
residencial y pintoresca de los suburbios de la
capital donde viven sectores de mayor poder
económico, goza de vagones limpios, asientos
sanos, aire acondicionado, sitios para que viajen
personas discapacitadas y posee baños en condiciones higiénicas.
"Hay que empujar para subir y si te caes te
pisan", contó a IPS un empleado bancario que
viaja desde hace 35 años por la línea Sarmiento
desde su casa al empleo todos los días de semana.
"Hasta los animales viajan mejor que nosotros", se lamentó el hombre.
Una enfermera que viajaba en el mismo tren
contó a IPS que no es raro que las mujeres deban
subir por las ventanas. "Los hombres tienen
fuerza para empujar, pero nosotras o subimos por
la ventana o nos quedamos abajo" en el andén, aseguró
"La desigualdad y el maltrato al que son
sometidos los usuarios del Sarmiento respecto del
Mitre revela un tratamiento secundario y
peyorativo hacia los pasajeros de condición
social más pobre", estableció el juez en su sentencia.
La empresa TBA y los organismos del Estado
encargados de supervisar los servicios de
transporte apelaron el fallo. Pero Nino confía en
que la demanda llegue en el mediano plazo hasta
la Corte Suprema de Justicia y siente un precedente.
"Si se comprueba el daño será la primera vez
en América Latina que una acción colectiva por
discriminación generada en la condición
socioeconómica llega a esa instancia y se imparte
justicia para los más pobres y vulnerables", advirtió.
Nino sostuvo que para los estados es mucho
más fácil responder a las demandas de derechos
civiles y políticos que a los económicos y
sociales, porque "los primeros no dependen de las
asignaciones presupuestarias y los segundos sí".
Pero el recurso de la acción colectiva, que
es relativamente nuevo en este país, podría
derribar el muro que hoy margina a los más necesitados de justicia.
Si acaso la demanda prospera, ACIJ ya tiene
iniciadas otras causas por trato desigual en el
servicio de recolección de residuos en barrios de
clase alta y baja de la capital, y otras contra
la provisión de agua, gas y electricidad a los
usuarios. ((FIN/2005) Envíe sus comentarios al editor |