ELECCIONES-BOLIVIA: Un indígena camino al poder Por Franz ChávezLA PAZ, 15 dic (IPS) - Los desplazados de la
economía formal en Bolivia, cada vez más
numerosos tras dos décadas de vigencia de un
modelo excluyente, aspiran a llegar al gobierno
de la mano de Evo Morales, el líder indígena
favorito para ganar las elecciones el próximo domingo.
En la mitad de los años 80, Bolivia ingresó
en un turbulento proceso de cambios con la
recuperación de los derechos y libertades
ciudadanas arrebatados por las dictaduras
militares que se sucedieron desde 1964,
estabilizó su economía con la implementación del
modelo neoliberal y reordenó el funcionamiento de sus instituciones.
Sin embargo, 23 años después los resultados
son por demás negativos. Esa estabilidad no
alcanzó para mejorar la distribución de la
riqueza y los datos oficiales indican que 70 por
ciento de los 9,2 millones de bolivianos son
pobres, buena parte de los cuales dependen del
cultivo ilegal de la hoja de coca en la central
zona del Chapare, en el departamento de Cochabamba.
Precisamente, de los sectores marginados y
empobrecidos que buscaron una oportunidad de vida
en las tropicales y selváticas tierras del
Chapare surge Morales, primero como líder
sindical de los cultivadores de hoja de coca y
hoy, a los 46 años de vida, como postulante a suceder a Eduardo Rodríguez.
En caso de ganar, será el primer presidente
indígena en la historia independiente de Bolivia,
con 60 por ciento de su población identificada
con algún grupo étnico originario, según el censo nacional de 2002.
"El predominio de un reino de la impunidad,
las coaliciones partidarias, la subordinación del
parlamento, la justicia y otras instituciones al
poder económico, y la ruptura de la independencia
de poderes bajo un modelo represivo", abonaron el
camino para la consolidación del liderazgo
popular de Morales, dijo a IPS el sociólogo Juan
Ramón Quintana, un ex militar y hoy profesor en
universidades de La Paz, Lima y Quito.
La candidatura presidencial del sindicalista
por el izquierdista Movimiento al Socialismo
(MAS) nació marcada por la férrea oposición de
Estados Unidos, manifestada a través de su
embajada en La Paz, cuyos portavoces lo acusaron
de recibir financiamiento del presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
La postura fuertemente crítica de Morales
respecto de la política exterior, de seguridad y
comercial de Estados Unidos inquieta al gobierno
de ese país, que teme, en caso de que llegue a la
presidencia, la conformación de una alianza
estrecha con Chávez, el gobierno cubano de Fidel
Castro y de otros centroizquierdistas de la región.
En su visita a La Paz, el académico y
ambientalista italiano Giuseppe de Marzo,
activista por los derechos de los pueblos
originarios, comentó a IPS que las
transformaciones para beneficiar a las mayorías
pueden hallar buen cauce por el trabajo de
gobiernos con alto sentido social como el de
Chávez, el brasileño de Luiz Inácio Lula da Silva
y un probable mandato de Morales.
Pero la historia política de quien encabeza
la intención de votos, según todas las encuestas,
hay que rastrearla hasta fines de la década del
70 y principios del 80, cuando Morales era un
agricultor pobre en tierras poco fértiles de la
altiplánica y frígida población de Isallavi, en
el occidental departamento de Oruro.
Al comienzo de su campaña electoral, el hoy
diputado del MAS llevó a un grupo de periodistas
a enseñarles la casa que dejó en los años 80,
fabricada de barro, con paredes sin pintar y
techo de paja y madera rústica, en cuyo
dormitorio sólo había dos vetustos catres de
metal, cubiertos con frazadas de colores vivos tejidas con lana de oveja.
El viento y las condiciones climáticas
adversas apenas permitían a la familia de Morales
la cría de llamas, un camélido típico de la
región, y la siembra de escasos tubérculos para
el autoconsumo. Hoy, el parlamentario vive entre
La Paz, sede del Congreso legislativo, y el trópico cochabambino.
La crisis económica que llevó en 1985 casi a
la quiebra a Bolivia, con una inflación anual de
hasta 25.000 por ciento, empujó a miles de
campesinos y a unos 27.000 mineros desempleados a
buscar nuevas oportunidades y una esperanza de supervivencia en el Chapare.
Empero, el mercado estaba señalando otro
camino: la demanda en ascenso por parte de los
fabricantes y distribuidores de cocaína llevó
entonces a extender a límites nunca visto antes
los cultivos de la ancestral hoja de coca, con la
cual se fabrica la pasta base de esa droga, en la
tupida selva del Chapare y en las llanuras del departamento del Beni.
Eran los tiempos en que proliferaron las
bandas de narcotraficantes con conexiones en
Colombia, gran exportador de drogas, y en Estados
Unidos, el principal consumidor del mundo.
Un cálculo estimado de los errores y
omisiones del Banco Central de Bolivia a fines de
los años 90 señaló que unos 600 millones de
dólares ingresaban en ese entonces en la economía
formal, y algunos expertos lo atribuyeron al negocio ilícito de las drogas.
Los mineros que llegaron a las plantaciones
legales e ilegales de la región trajeron consigo
la tradición sindical y de organización social,
fuertemente influenciada por corrientes de
pensamiento marxista durante las décadas del 50 y del 60.
Ello, unido a la fortaleza y el carácter de
lucha de los propios campesinos del lugar, derivó
en la creación de combativos sindicatos en su
nuevo espacio de trabajo. Esa fue la cuna política de Morales.
Con una defensa abierta a los cultivos de la
hoja de coca, empleada como hoja medicinal y para
rituales como lo hacen desde tiempos remotos los
pueblos originarios, las organizaciones
campesinas protagonizaron acciones de resistencia
a programas de erradicación y sustitución de su principal producto.
La legislación antidroga de Bolivia, que es
considerado el tercer mayor productor de coca del
mundo detrás de Colombia y Perú, autoriza el
cultivo de sólo 12.000 hectáreas, que deben ser
destinadas a usos ancestrales y medicinales. Ello
fue producto de acuerdos internacionales en la materia.
Chapare está ubicado en el centro del país y
por allí atraviesa la vía principal que une
occidente con oriente. Ese fue el escenario donde
los agricultores protagonizaron sus acciones de
resistencia con bloqueos de rutas prolongados,
enfrentamiento con fuerzas militares y
policiales, y decenas de muertos en ambos bandos, en los últimos 15 años.
En el primer intento por acceder a los
gobiernos locales por vía democrática, la Corte
Nacional Electoral le negó la personería a los
agricultores de hoja de coca, al no reconocer la
totalidad de las 10.000 firmas para crear la
agrupación política. Por ello echaron mano a un
partido que se extinguía lentamente, como era el MAS.
Paradójicamente, el MAS había nacido de
disidentes por izquierda de una por entonces ya
desaparecida organización derechista, con rasgos
fascistas y denominada Falange Socialista
Boliviana (FSB). Pero este caballo de batalla con
nuevo jinete prometía mucho más.
Desde entonces, los municipios del trópico de
Cochabamba pertenecen, por el derecho ganado en
las urnas, al MAS de Morales, que en la última
elección municipal consiguió la mayor cantidad de
autoridades elegidas en los 327 gobiernos locales del país.
Morales llegó por primera vez al parlamento
como diputado nacional, pero la muerte de un
oficial de policía y su esposa en un bloqueo de
carreteras determinó el inicio de un proceso en su contra en
el Congreso legislativo, impulsado por los
derechistas Acción Democrática Nacionalista
(ADN), el Movimiento Nacionalista Revolucionario
(MNR) y la Nueva Fuerza Republicana (NFR).
Al líder campesino se le atribuyó la autoría
intelectual de esas muertes, pese a que las
pruebas para ello fueron insuficientes. En una
sesión que marcó el nacimiento de un nuevo líder,
Morales fue expulsado del Congreso y con ello
logró involuntariamente aumentar su popularidad
en 2002, durante el gobierno derechista de Jorge
Quiroga, ahora su principal competidor.
Ese año volvió a postularse a la Presidencia
de Bolivia y los resultados echaron por tierra
los cálculos políticos y las encuestas.
La adhesión de grandes sectores urbanos
empobrecidos, de clase media y de campesinos,
todos desencantados con la política tradicional,
le otorgó el segundo lugar al líder indígena,
detrás de Gonzalo Sánchez de Lozada, del MNR,
quien más de un año después se fugó del país tras
ser derrocado por un levantamiento popular.
Si los datos de las encuestas se confirman
este domingo en las urnas, sólo quedará averiguar
si la democracia boliviana es suficientemente
flexible como para aceptar por primera vez a un
líder indígena en la Presidencia. Esa decisión
estará en manos del Congreso, pues todo indica
que Morales no podrá reunir más de 50 por ciento
de los votos requeridos para llegar al gobierno
de modo directo. ((FIN/2005) Envíe sus comentarios al editor |