PERIODISMO-IRAQ: La noticia que IPS nunca quiso dar Por Aaron Glantz *SAN FRANCISCO, Estados Unidos, 5 jul (IPS) - El
iraquí Alaa Hassan, colaborador de IPS, fue
asesinado en Bagdad cuando se dirigía a su
trabajo el miércoles pasado. Tenía 35 años. Deja
a su madre, cinco hermanos y cinco hermanas y a
su flamante esposa, embarazada de su primer hijo.
Alaa no fue asesinado por ser periodista. De
hecho, apenas había comenzado a colaborar con IPS
recolectando información. Cuando hombres armados
lo emboscaron y ametrallaron su automóvil fue
simplemente por estar en mal lugar y en mal
momento, una manifestación más de la violencia
que se ha tragado a Iraq desde que fue invadido
por Estados Unidos, en marzo de 2003.
El mismo día en que Alaa fue asesinado, la
agencia de noticias Reuters reportaba otros 11
incidentes violentos en ese país, incluyendo
coches bomba que mataron a trabajadores en
Baquba, 50 kilómetros al noreste de Bagdad, y a
tenderos en el distrito bagdadí de Shia Qadamiya.
Al menos cuatro policías y un soldado
estadounidense murieron en diferentes ataques. En
Baquba, el ejército de Estados Unidos admitió
haber matado a un "no combatiente" en una redada a una casa de familia.
La mayor parte de las personas muertas ese
miércoles 28 de junio --como las decenas de miles
de civiles iraquíes que han muerto en los últimos
tres años-- pasarán a formar parte de las
estadísticas. Como conocíamos a Alaa, podemos contar su historia.
Alaa vivía en el vecindario de al-Tajiyyat,
en el noreste de Bagdad, cerca del río Tigris, en
unas viviendas reservadas para empleados del
Ministerio de Industrias cuando era presidente
Saddam Hussein (1979-2003). Administraba el
inventario de una tienda de artículos para
oficinas en la calle Mutanabbi, la zona del
famoso mercado de libros de la capital iraquí.
Su casa estaba al lado de lo que había sido
una fábrica de electrónica, y cruzando la calle
se encontraba la antigua sede del Instituto de
Estudios Árabes y Nacionales sobre Petróleo.
Ambas instalaciones fueron saqueadas tras la
invasión estadounidense en 2003. Más tarde, la
fuerza ocupante las convirtió en bases militares.
Por tanto, el vecindario de Alaa era
frecuentemente bombardeado por la resistencia.
El único camino entre su casa y el centro de
Bagdad es el puente al-Muthana sobre el Tigris,
sitio habitual de ataques insurgentes. Debido a
una curva y a un puesto de control policial, cada
vehículo que cruza el puente debe disminuir la
velocidad. Muchas veces por semana muere gente allí.
Cuando Alaa cruzó el puente, hombres armados
le dispararon con ametralladoras. Recibió seis
impactos. Otro pasajero fue gravemente herido.
Ese mismo día, se había quejado de tener que
cruzar el puente. Poco antes, su amigo Abu Laith
fue muerto en el mismo lugar. "Volvía a casa
desde el trabajo, y alguien apareció y lo mató", había dicho Alaa.
"Sé que es peligroso salir de casa. Pero,
¿qué puedo hacer? Debo seguir viviendo", le dijo
por teléfono a su hermano Salam.
Alaa estaba siempre en peligro. "Los
americanos (estadounidenses) construyeron una
base frente a mi casa, donde había un instituto
gubernamental, y otra al lado, en la fábrica al-Karrama", relató a su hermano.
"Cuando salimos, los americanos están en la
puerta de calle. El muro de su base está frente a
la casa. Ya no es seguro ir hasta la calle
principal, a medio kilómetro de distancia".
Alaa Hassan nació cerca de la antigua ciudad
de Babilonia, en el centro del país, en una
familia de 11 hermanos. Su madre era ama de casa
y su padre empleado de los tribunales. Ya joven
se mudó a las afueras de Bagdad y se empleó como
programador de computadoras en el Ministerio de Industria.
Se caso en 2000. Durante el régimen de Saddam
Hussein, nadie podía casarse (o abrir una tienda
o un negocio) sin un certificado de buena
conducta. Pero aparentemente Alaa se casó sin
seguir los procedimientos. Alguien denunció el
incumplimiento al gobierno, y Alaa fue encerrado
en un centro de torturas durante nueve meses.
"La familia tuvo que pagar un soborno para
encontrarlo", recuerda Salam. "Lo tenían
encerrado en un almacén cerca de la escuela de
derecho. Le golpeaban las manos y el
cuerpo. Tenía hematomas por todas partes".
Salam recuerda haberlo visitado en ese lugar.
"Era un gran almacén con muchos cuartos en el
piso superior. Las torturas se practicaban en un
área abierta para que los demás prisioneros
pudieran verlas. Finalmente decidieron llevarlo a
juicio. Lo sentenciaron a 25 años de prisión,
pero pagamos un soborno y redujeron la pena a tres".
Alaa cumplía su sentencia en la infame
prisión de Abu Ghraib, entre criminales
peligrosos y presos políticos. Allí permaneció
hasta poco antes de la invasión estadounidense en
2003, cuando Saddam Hussein anunció una amnistía general.
Alaa salió de prisión traumatizado. Se
divorció de su esposa y regreso a Babilonia.
Vivió con su familia hasta tres meses después
de la caída de Saddam. Entonces decidió buscar
trabajo nuevamente. Cuando un primo le consiguió
un empleo en una papelería en la calle Mutanabbi, regresó a Bagdad.
Volvió a casarse tres meses antes de morir.
La semana pasada apenas se había enterado de que su esposa estaba embarazada.
Como ocurre a muchas familias de víctimas de
la violencia iraquí, la de Alaa tuvo dificultades
para celebrar su sepelio y su entierro. Cuando
uno de los hermanos llamó a la morgue de Bagdad
para recuperar el cuerpo, un empleado le advirtió
que no fuera porque el área estaba controlada por insurgentes.
Entonces, sus familiares y amigos se
reunieron y, todos armados, caminaron hasta el depósito de cadáveres bajo fuego. Cuando llegaron, debieron caminar
entre los muertos para encontrar el cuerpo de Alaa.
Lo enterraron el miércoles en la ciudad sagrada
de Nayaf, centro del país. Fue una travesía
difícil, porque las carreteras no son seguras.
Los familiares consiguieron que milicianos del
Ejército Mahdi, del clérigo chiita Muqtada
al-Sadr, los escoltaran en la autopista y durante el funeral.
La familia de Alaa observará el luto
tradicional de 40 días en su hogar de Babilonia.
Todos sus parientes se están mudando de Bagdad.
"Las consecuencias de las personas muertas permanecerán en el futuro de Iraq, pues todas tienen familias. La nueva generación crecerá sin padres", dice Salam. "Si esto sigue por otros tres o cuatro años, cada familia de Iraq será afectada por esta guerra. Nos torcerá el rumbo, y será muy difícil volver el país a la paz".
*El autor y Alaa Hassan informaron de la
creciente violencia y las divisiones sectarias en
Basora, en el sur del país, sobre graves hechos
ignorados en la occidental localidad de Haditha,
bombardeada por el ejército de Estados Unidos el
año pasado, y sobre las reacciones locales al
asesinato en junio de Abu Musab al-Zarqawi, el
jordano que lideró la red Al Qaeda en Iraq.
(FIN/2006) Envíe sus comentarios al editor |