DROGAS-PERÚ: Cocaleros llegan al Congreso Por Milagros SalazarLIMA, jul (IPS) - Después de Bolivia, Perú se ha
convertido en el segundo país de la región andina
con un movimiento cocalero representado en el
Poder Legislativo. Una de sus principales
dirigentes, Nancy Obregón, asumirá el 28 de este
mes como parlamentaria de Unión por el Perú
(UPP), junto a otros nueve congresistas que
apoyan la lucha de los cultivadores de coca.
La bandera cocalera en Perú empieza a izarse
en distintos bastiones de la política. Otra de
las dirigentes del movimiento campesino, Elsa
Malpartida, fue elegida para el Parlamento Andino
por la UPP, el partido que postuló a la
Presidencia al nacionalista Ollanta Humala.
Ambas campesinas dijeron a IPS que lucharán
desde sus respectivos cargos por "la
despenalización de la hoja de coca, su
industrialización" y el reconocimiento de este
cultivo como "patrimonio cultural".
Lo mismo defenderán los restantes
legisladores que representarán en el próximo
Congreso legislativo a las regiones de mayor
producción de hoja de coca de este país: Yaneth
Cajahuanca, Karina Beteta, Aníbal Huerta, Juana
Huancahuari, Elizabeth León y Roger Nájar
Kokally, todos ellos de UPP, así como dos
legisladores del socialdemócrata Partido Aprista
Peruano, Aníbal Huerta y José Macedo, y uno,
Rolando Reátegui, de Alianza por el Futuro, el
sector del ex presidente Alberto Fujimori.
Así, hay un bloque pro cocalero a punto de
instalarse. "Desde el Congreso, tendremos un
discurso más amplio sobre la hoja de coca.
Sabemos que el tema pasa por incorporar una
agenda clara en el sector agrario y por la
conformación de coaliciones con otros movimientos
cocaleros como Bolivia", expresó Obregón con una
argumentación fluida basada en su experiencia gremial.
La dirigente se reunió en La Paz en octubre
de 2005 con campesinos cocaleros de los países
andinos, como parte de la Confederación de
Productores Agropecuarios de las Cuencas
Cocaleras en el Perú (Conpaccp). Al cónclave
también asistió el líder de la otra facción del
movimiento, Iburcio Morales, del valle El Monzón,
en la selva amazónica de la oriental región
Huánuco. El nexo fue el ex diputado boliviano
Dionicio Núñez, del Movimiento al Socialismo
(MAS), que llevó este año a la Presidencia de Bolivia al indígena Evo Morales.
En la reunión se acordó luchar en bloque por
el retiro de la hoja de coca del Apéndice 1 de la
Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes
--que la considera sustancia sujeta a
fiscalización y control y califica su masticación
como toxicomanía--, lo que comúnmente los
campesinos llaman "despenalización" del cultivo.
El uso medicinal, alimenticio y ritual de la
coca forma parte de la cultura ancestral de los
países andinos. Pero convertida en materia prima
de la cocaína, ha sido penalizada y estigmatizada.
Hasta ahora, desde la base social y sin
ninguna representación directa en el aparato
gubernamental, la posibilidad de poner el tema en
la agenda política resultaba imposible para los cocaleros peruanos.
A diferencia de los productores de Bolivia,
que hicieron su aparición en la política en los
gobiernos municipales, los del Perú decidieron
comenzar la carrera desde el Poder Legislativo.
Así, Obregón y Malpartida se postularon al
Congreso y al Parlamento Andino desde las filas
de Humala, con la venia del entonces encarcelado
líder de la Conpaccp, Nelson Palomino.
Palomino purgaba condena desde hacía tres
años y medio, acusado de secuestrar a un
campesino en 2003 durante una protesta. A inicios
de junio, las autoridades peruanas ordenaron su
semi-libertad, y ahora el dirigente acaba de
crear su propio partido bajo una palabra quechua
que intenta refutar las críticas sobre la
división del movimiento cocalero: Kuska, que significa "unidos".
El dirigente campesino presenta a Kuska como
"un proyecto pluralista que nace en el seno del
movimiento cocalero para luchar por los
excluidos". Palomino dijo a IPS que se encuentra
en reparativos para que la agrupación participe
en las elecciones municipales y regionales que se
realizarán el 19 de noviembre.
Su objetivo es ganar peso en las regiones
cocaleras del centro y oriente del país, como
Ayacucho, Huánuco, San Martín y Ucayali, además
de lograr que Nancy Obregón, Elsa Malpartida y
otros legisladores que apoyan esta lucha rompan
con Humala y se sumen a Kuska. Palomino busca un
movimiento cocalero representado en un solo
partido, lo que no pudo lograr desde la cárcel, y
así prepararse para los comicios presidenciales de 2011.
"A diferencia de Bolivia, que desde hace más
de 15 años tiene un movimiento cocalero con
representación política, en el Perú recién se
están sentando las bases para que los productores
de la hoja de coca dejen de ser actores políticos
en las calles para hacerlo desde el aparato
formal del Estado, ante la incapacidad del
gobierno de atender sus demandas", explicó a IPS
el especialista Ricardo Soberón.
Pero el presidente de la gubernamental
Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida Sin
Drogas (Devida), Nils Ericsson, consideró "una
barbaridad" la emergencia de los cocaleros en la
política. "Con enorme hipocresía piden que se
respete el excedente de la producción de hoja de
coca para industrializarla cuando saben que eso
no es viable. Esa defensa en el Congreso solo va
a generar el incremento del narcotráfico", dijo Ericsson a IPS.
Soberón, sin embargo, rescató que a través de
los nuevos parlamentarios se promuevan leyes que
permitan cambiar "la política represiva de
erradicación de los cultivos que es digitada
desde Estados Unidos y que hasta el momento demuestra ser un fracaso".
Según el último informe de la Oficina de las
Naciones Unidas contra la Droga y el Delito
(UNDOC, por sus siglas en inglés) publicado en
junio, en 2005 la producción de hoja de coca en
Perú fue de 106.000 toneladas métricas, ocupando
48.200 hectáreas, lo que convierte a este país en
el segundo productor más importante de este
cultivo en la región andina detrás de Colombia y
antes de Bolivia, que aparece con 25.400 hectáreas.
De las 106.000 toneladas producidas, solo
9.000 son consideradas para el consumo
tradicional, y su industrialización se destina
principalmente a bolsitas filtrantes para
infusión, de acuerdo con la encuesta nacional
sobre consumo de hoja de coca del Instituto
Nacional de Estadísticas (INEI). El resto de la
producción es catalogada como materia prima para
el narcotráfico, y por lo tanto, las autoridades trabajan en su erradicación.
La Empresa Nacional de la Coca, que desde
1978 tiene el monopolio de la compra y venta del
cultivo en las 14 cuencas cocaleras, el año
pasado solo adquirió 3.044 toneladas, de las
cuales apenas 111 fueron a la exportación y para
fines industriales, o sea, apenas uno por ciento de la producción total.
Sin embargo, Palomino señaló que existen más
de 9.000 toneladas de hoja de coca en el mercado
formal y reclamó al gobierno peruano que
realizara un censo en los valles. "Esas cifras
son manipuladas. Por eso los campesinos cocaleros
ya empezamos a hacer nuestra propia medición", comentó.
Soberón consideró que "Estados Unidos tiene
que hilar muy fino. Si en Bolivia su política de
represión ya generó un efecto contrario con la
aparición de Evo Morales, no vaya a suceder lo mismo con Nelson Palomino".
La presencia estadounidense en la lucha
contra el narcotráfico en Perú se revela en lo
que aporta económicamente. Devida informó a IPS
que de los 124 millones de dólares que el
gobierno invierte para este fin, 120 millones
proceden de la comunidad internacional, 90 por
ciento de Estados Unidos, y sólo cuatro millones
de dólares salen de las arcas del Estado peruano.
Ericsson señaló que mientras las autoridades
no incrementen su inversión para combatir el
narcotráfico, que mueve en este país 19.600
millones de dólares al año, se continuará
interviniendo en los valles cocaleros que elija Estados Unidos.
Lo curioso es que en el valle El Monzón,
considerado un enclave del narcotráfico y el
segundo productor más importante de coca con
15.633 hectáreas, no hay programas de cultivos alternativos en marcha.
La nueva bancada pro cocalera asegura que
presentará propuestas legislativas para que se
aplique un programa de lucha contra el
narcotráfico que también considere el desarrollo
de las regiones cocaleras por sus altos índices de pobreza.
Según el INEI, en la región de Huánuco ahora
representada por Nancy Obregón, 77,6 por ciento
de la población es pobre y 49,6 por ciento
extremadamente pobre. En Ayacucho, donde nació
Palomino, son pobres 64,9 por ciento de los habitantes.
Detrás de la aparición del movimiento
cocalero en la tribuna política, también hay una
demanda de presencia del Estado en esas regiones.
(FIN/2006) Envíe sus comentarios al editor |