DESAFÍOS 2006-2007 Occidente, un infierno para los musulmanes Por William FisherNUEVA YORK, dic (IPS) - La "islamofobia" deja un
rastro de acoso, discriminación y acusaciones
injustificadas contra millones de confundidos
árabes y musulmanes radicados en Estados Unidos y el resto de Occidente.
Las últimas encuestas señalan que casi la
mitad de los ciudadanos estadounidenses
entrevistados tienen una percepción negativa del
Islam, y que uno de cada cuatro asumen posiciones antimusulmanas "extremas".
Uno de los sondeos, realizado por el Consejo
de Relaciones Islámico-Estadounidenses (CAIR),
indica que la cuarta parte de los encuestados
creen con fuerza en estereotipos según los cuales
"los musulmanes aprecian menos la vida que otra
gente" y "la fe musulmana predica la violencia y el odio".
Entre 2004 y 2005, las quejas por agresiones
a los derechos civiles contra los musulmanes
--hostigamiento, violencia y trato
discriminatorio-- recibidas por CAIR aumentaron
29,6 por ciento, de 1.522 a 1.972. Es un récord
histórico desde que esta organización lleva su registro.
"Uno a veces se siente asfixiado por estar
hoy en Estados Unidos", dijo a IPS un musulmán
que solicitó no ser identificado.
"No podemos prender la televisión de noche,
ni mirar la CNN, la MSNBC o los otros 'canales de
noticias' sin toparnos con conductores como Glenn
Beck, que se pasan sembrando persistentemente el
odio, el disparate y la desinformación sobre el
Islam y los árabes en hora pico."
"Y si tratamos de mirar teleteatros o
comedias, nos bombardean con programas sobre el
terrorismo árabe o islámico... Programas como
'24', 'Sleeper Cell' ('Célula Dormida'), 'The
Agency' ('The Agency')... Es muy difícil ser
árabe o musulmán en estos tiempos", se lamentó.
Después de los atentados que acabaron con
3.000 vidas el 11 de septiembre de 2001 en Nueva
York y en Washington, el Departamento de Justicia
lanzó una campaña de detenciones y vigilancia
contra árabes y musulmanes, o contra cualquiera
que se les pareciera, incluidos sijs de Asia meridional.
En los meses siguientes a los ataques, unos
5.000 hombres sufrieron detención sin ser
acusados, la mayoría sin acceso a abogados ni a familiares.
El propio inspector general del Departamento
de Justicia confirmó que muchísimos de ellos
fueron mantenidos en confinamiento solitario y sufrieron abusos físicos.
No hubo acusaciones ni condenas contra
ninguno de los detenidos. Algunos, que residían
en Estados Unidos con visa vencida o que habían
cometido otras infracciones a las leyes migratorias, fueron deportados.
Desde entonces, se sumó una agresión tras otra.
Ahmad Al Halabi se graduó del instituto de
enseñanza media de Dearborn, en el estado de
Michigan, centro de la comunidad musulmana
estadounidense. Se enroló en la Fuerza Aérea y
trabajó como intérprete de los sospechosos de
pertenecer a la red terrorista Al Qaeda reclusos
en la base naval de Guantánamo, en Cuba.
Pero fue acusado de espionaje y pasó 10 meses
en confinamiento solitario antes de que se le retiraran los cargos.
Osama Abulhassan y Alí Houssaiky, ambos de 20
años y nativos de Dearborn, fueron acusados de
terrorismo en la ciudad de Marietta, en Ohio. Las
sospechas surgieron porque compraron gran
cantidad de teléfonos celulares. Una semana
después del arresto la acusación fue levantada.
Farooq Al-Fatlawi, quien viajaba en autobús
rumbo a Chicago, fue obligado a apearse con su equipaje en
Toledo, Ohio, después de decirle
al chofer que había nacido en Iraq.
Al activista Raed Jarrar, nativo de San
Francisco, se le impidió abordar un avión por
lucir una camiseta que rezaba, en árabe y en inglés, "no nos callaremos".
Seis clérigos musulmanes fueron retirados
esposados de un avión de la compañía US Airways
porque otro pasajero le indicó al sobrecargo que
actuaban de manera sospechosa en el aeropuerto de
Minneapolis, donde habían estado rezando.
Las autoridades de seguridad del aeropuerto
los interrogaron y luego los liberaron. La
compañía aérea opinó que su tripulación actuó de
manera adecuada y se negó a entregarles pasajes
para el día siguiente. Los imanes iniciaron una
demanda judicial a la aerolínea.
El caso más notorio es el del canadiense
Maher Arar, secuestrado por funcionarios
estadounidenses en el aeropuerto neoyorquino
Kennedy en 2002 y trasladado a una prisión en
Siria, su país de origen, donde fue aislado
durante más de 10 meses en una celda que parecía, más bien, una tumba.
Fue golpeado, torturado y obligado a confesar
inexistentes vínculos suyos con Al Qaeda. Una
comisión oficial canadiense investigó el caso
durante dos años y concluyó que todas las acusaciones eran infundadas.
Pero el gobierno estadounidense bloqueó una
demanda judicial de Arar al asegurar que la
celebración de un juicio derivaría en la divulgación de secretos de Estado.
Con la intención de bloquear el
financiamiento de las organizaciones radicales
islámicas, el Departamento del Tesoro (ministerio
de hacienda) de Estados Unidos apeló a la Ley
Patriótica para calificar instituciones humanitarias de terroristas.
Una vez que una de esas asociaciones recibe
tal sello de desaprobación, todas sus propiedades
pueden ser requisadas y sus cuentas bancarias, congeladas.
Hasta ahora, las autoridades clausuraron
cinco organizaciones humanitarias. Pero no hubo
ni un procesamiento, ni un juicio, ni una
condena. La única acusación formal presentada
hasta ahora no derivó aún en un proceso.
Hace tres meses, agentes federales
registraron las oficinas de una de las
instituciones de caridad islámicas más
importantes del país, Life for Relief and
Development. Se incautaron de computadoras y
registros de donantes. Pero no hubo acusaciones,
y la organización sigue funcionando.
Muchos musulmanes revistan en filas de las
fuerzas armadas estadounidenses, pero resulta
difícil que alguno obtenga trabajo en agencias
civiles del sistema de seguridad nacional.
Cuando el Buró Federal de Investigaciones
(FBI), la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y
el Departamento (ministerio) de Seguridad
Interior solicitaron nuevos analistas,
traductores e intérpretes, muchos árabes y musulmanes acudieron al llamado.
Pero tuvieron poco éxito, pues se les niega
el certificado de seguridad porque tienen
amistades y familiares en Medio Oriente y el mundo islámico.
La histeria desatada por el 11 de septiembre
no se restringe a Estados Unidos.
En Gran Bretaña, el parlamentario del
gobernante Partido Laborista y ex secretario de
Relaciones Exteriores (canciller) Jack Straw
sugirió a sus votantes musulmanes quitarse el
velo islámico para poder interactuar mejor con ellas.
Luego de la bomba contra el tren subterráneo
de Londres el 7 de julio de 2005, los intentos
del gobierno de Tony Blair por aliarse con la
comunidad musulmana fueron infructuosos.
"En lugar de aislar a los elementos
extremistas, las iniciativas del gobierno
tendieron a poner una cuña entre la población
musulmana y la población en general", según la
organización de investigaciones Demos.
En Holanda, considerada otrora la sociedad
más abierta y tolerante de Europa, el gobierno
centroderechista se propone prohibir por ley el
velo islámico en la mayoría de los lugares
públicos, incluidos tribunales, escuelas, trenes y hasta en las calles.
Francia, conmocionada el año pasado por
revueltas en áreas de las afueras de París donde
viven gran cantidad de inmigrantes de Medio
Oriente y el Magreb, ya prohibió el velo en las escuelas públicas.
El ministro Nicolas Sarkozy, quien aspira a
la presidencia francesa, tomó medidas duras tanto
contra la inmigración como con la enorme
comunidad musulmana. En ese sentido, dijo que se
opone al "Islam en Francia", pues pretende un "Islam de Francia".
El director de la División de Derechos
Civiles del Departamento de Seguridad Interior de
Estados Unidos, Daniel Sutherland, admitió que el
combate al terrorismo implica "desafíos
difíciles" en lo que respecta a los principios que defiende su oficina.
En cambio, para Samer Shehata, profesor de
política árabe de la Universidad de Georgetown,
la situación es "muy simple" de comprender.
"La islamofobia se da de bruces con los
fundamentos nacionales de Estados Unidos, como el
valor de tratar a todos con justicia y no
discriminar por color de piel, raza, religión,
género, etcétera", dijo Shehata a IPS.
"Esto es perjudicial para todos los
estadounidenses, y también para la reputación de
Estados Unidos en el exterior", agregó. "Una de
las preguntas que más me hacen cuando viajo a
Egipto y otros países de Medio Oriente es: ¿Cómo
es hoy para un árabe vivir en Estados Unidos? ¿Ha
sido usted víctima de discriminación o abuso?"
(FIN/2006) Envíe sus comentarios al editor |