CINE-BRASIL: La triste sonrisa adolescente Por Mario OsavaRÍO DE JANEIRO, feb (IPS) - Con "Pro dia nascer
feliz" (Para que el día nazca feliz), que
comienza con estadísticas reveladoras, el
cineasta Joao Jardim pone el bisturí a fondo para
atacar con emoción el drama del fracaso educativo
y la adolescencia angustiada en Brasil.
En 1962, sólo 50 por ciento de las niñas y
niños brasileños concurrían a la escuela,
mientras que hoy lo hacen 97 por ciento, pero
casi mitad de éstos no logra completar la enseñanza primaria de ocho años.
Estos y otros datos estadísticos se encadenan
con numerosos testimonios de estudiantes,
profesoras y directoras escolares, mientras la
imagen revela sus rostros preocupados, aulas y
corredores claustrofóbicos, escuelas
semiderruidas e inmensas "favelas", como se les
llama a los barrios muy pobres en este país. Son
88 minutos, la mayoría de ellos sofocadores
El documental, en exhibición comercial desde
el 9 de este mes, ganó nueve premios en
festivales brasileños desde 2005, cuando aún
estaba en fase de conclusión (en construcción).
Es el segundo largometraje de Jardim, también
muchas veces premiado por su primer trabajo,
"Janela da alma" (Ventana del alma), un éxito de
taquilla con 141.000 espectadores en 2002,
excelente para un documental sobre la ceguera.
"Pro dia nascer feliz" parece un título
sarcástico para la desesperanza que transmiten
casi todos sus personajes, pero es sólo una
manifestación de deseo, dijo el director en una de sus entrevistas.
"No creo más en la escuela", se trata de una
institución "del siglo pasado" que "ya no tiene
unción", "el mundo afuera es más interesante",
sentenció una profesora en un diagnóstico basado
en larga experiencia, hace suponer su edad
aparente. Hay que repensar toda la enseñanza, sostuvo.
Una colega, muy joven pero ya desilusionada,
justifica el ausentismo de los profesores en el
trabajo, una queja constante de los alumnos. A
veces ella también falta a la clase por
incapacidad sicológica de soportar las agresiones
morales de los estudiantes, confesó.
La violencia escolar es uno de los aspectos
destacados en el filme por varios episodios.
Uno es el asesinato de una alumna a manos de
una de sus compañeras, quien relata fríamente el
ataque a cuchillazos y el motivo, que fue haberle
impedido entrar a una fiesta. La consecuencia de
su acción, como dice ella, es "sólo tres años,
que pasan rápido", en una entidad reeducadora
para "infractores" graves con menos de 18 años de
edad, según lo indica la ley brasileña.
Sobre la vida de la víctima mortal, la
atacante dice que de todos modos "acabaría un
día, solo adelanté". Su testimonio es
exclusivamente hablado, no aparece su imagen ni
ella es identificada, tampoco la escuela en que ocurrió el crimen.
Otros actos de violencia entre alumnos y
entre éstos y profesores son temas de otros
testimonios y quejas de ambas partes. "Hay un
abismo" entre trabajadores docentes y
estudiantes, impartir clases representa "una
carga sicológica insoportable", según la joven
maestra que justificó sus ausencias.
La legislación permite a los profesores y
profesoras faltar al trabajo cierta cantidad de
días al mes, y ellos aprovechan esa tolerancia
como si fuese un derecho, señaló una directora.
La falta de motivación es común a profesores
y alumnos en las dispares realidades en que
Jardim buscó testimonios, desde Manarí, ciudad
extremadamente pobre en el interior del
nororiental estado de Pernambuco, a una escuela
privada para ricos en Sao Paulo, pasando por
otras en la periferia pobre y violenta de la
misma capital paulista y de Río de Janeiro.
Cuatro adolescentes, todos de 16 años, son
elegidos por el director para realzar las
contradicciones y el desinterés de la escuela. En
Manarí, Vanessa es acusada de plagio, porque sus
textos son excepcionalmente bien escritos, y
tratada como fuera del normal, por consumir mucha
literatura y escribir poesías ingenuas.
En Duque de Caxias, una ciudad cercana a Río
de Janeiro, Douglas encara la vida con cierto
cinismo y vive la tentación de adherir al narcotráfico con el que convive.
Siendo un pésimo alumno, su promoción de
grado es largamente discutida en el consejo
docente, porque reprobarlo representaría
prácticamente entregarlo al crimen organizado.
Finalmente se salva de la delincuencia por formar
parte de la banda de percusión de la escuela.
En Itaquaquecetuba, a 50 kilómetros de Sao
Paulo, vive Keila, pobre y sin horizontes, quien
pensaba suicidarse. Su talento poético para
expresar esa depresión fue reconocido por una
profesora y de ese modo comenzó a participar en
publicaciones escolares, recuperando así su
autoestima y las ganas de concurrir a la escuela,
Ahora Keila sobrevive como obrera y ya no
escribe sus poemas, sorprendentemente complejos para una adolescente.
Cissa estudia en un colegio privado y no
conoce la pobreza, pero comparte dudas
existenciales con sus iguales de clase media y
expuso en medio de llantos su drama personal de
sentirse discriminada por "estudiar mucho".
La enseñanza, condenada en Brasil por su
pésima calidad, baja remuneración de maestros y
precarias condiciones en la mayor parte de las
escuelas tampoco estimula los talentos, sino que los desperdicia.
El documental de Jardim no es sólo una visión
crítica de la educación de Brasil, sino que le da
voz a la juventud para manifestar sus inquietudes
respecto del futuro y de los problemas de la sociedad, como la desigualdad.
Una de las adolescentes del colegio de elite
reconoce que ella y los pobladores de favelas
viven en "dos mundos distintos", pero a la vez es
consciente de que comparten "un mismo mundo", y
eso si es grave, contrarresta una compañera.
(FIN/2007) Envíe sus comentarios al editor |