AGRICULTURA-BRASIL En busca de un etanol sustentable Por Roberto Villar BelmontePORTO ALEGRE, Brasil, jul (Tierramérica) - Para
minimizar las críticas internacionales que recibe
la industria del alcohol de caña de azúcar, el
gobierno de Brasil anunció que prohibirá los
cañaverales en la Amazonia y en el Pantanal.
Además, investigadores y productores apuntan
a eliminar la quema de los cañaverales y
promueven la recolección de caña cruda, la
siembra directa y la rotación con cultivos de
alimentos para dar respuesta a los principales
temores que despierta una expansión descontrolada de la caña.
Tras la divulgación este año de nuevos datos
científicos sobre el grave impacto del
calentamiento global causado sobre todo por los
combustibles fósiles, el etanol o alcohol
carburante pasó a ser visto como alternativa para
reducir el consumo de gasolina, pues su
combustión emite menos gases de efecto invernadero.
Este atributo ecológico aceleró el boom de la
industria alcoholera brasileña y dio pie a
preocupaciones ambientales, voceadas con
insistencia por los presidentes Fidel Castro, de
Cuba, y Hugo Chávez, de Venezuela.
La quema de las cañas para eliminar las hojas
o rastrojos antes de la cosecha, que se practica
en la mayoría de las plantaciones, lanza a la
atmósfera casi 4.500 kilogramos de dióxido de carbono por hectárea.
Otro temor es que los nuevos cañaverales
ocupen áreas destinadas a alimentos, como ocurrió
en los últimos años en la zona de Monte Azul, en
el norte del sureño estado de São Paulo,
tradicional productora de naranjas que ha visto
reemplazadas muchas huertas frutales por caña.
Una posible mayor deforestación de la Amazonia
también desvela a los ambientalistas.
En parte para atajar esos argumentos, el
Ministerio de Agricultura de Brasil anunció el 17
de este mes que prohibirá los cañaverales en la
Amazonia y en el Pantanal, gigantesco humedal
ubicado en el oeste de este país. La prohibición
se hará efectiva mediante un ordenamiento
territorial de las áreas en las que podrán
practicarse nuevas siembras, y que estará listo en un año.
El propósito es incentivar el avance de la
caña en zonas agrícolas ya degradadas por
pasturas. Otra medida anunciada es la
certificación social y ambiental de toda la
cadena productiva azucarera, en la que trabajan
técnicos de la Empresa Brasileña de Pesquisas
Agropecuarias y que será discutida en breve con los empresarios del sector.
"La expansión de la caña en São Paulo ya se
da sobre todo en zonas de pasturas, e incluso
integrada a la agropecuaria. No hay necesidad de
ocupar bosques, pues este país tiene mucha tierra
degradada disponible", dijo a Tierramérica Marcos
Landell, director del Centro de Caña del
Instituto Agronómico (IAC por sus siglas en portugués).
Un estudio del IAC, vinculado al gobierno del
estado paulista, muestra que en los últimos 30
años la productividad pasó de 65 toneladas de
caña o 90 toneladas por hectárea. También creció
la cantidad de cosechas que admiten las plantas,
de tres a seis, lo que abatió los costos de
nuevas siembras y su impacto ambiental.
Aumenta asimismo la recolección mecánica de
la caña cruda. Así las hojas no se queman y caen
al suelo como abono. Según Landell, en algunas
zonas se depositan hasta 20 toneladas de
rastrojos por hectárea y por año, que representan
un gran retorno de material orgánico para los suelos tropicales.
La caña ocupa hoy siete millones de hectáreas
en Brasil, cuatro millones de ellas sólo en São
Paulo. Con la productividad de 30 años atrás, se
necesitaría el doble de superficie para obtener
la misma cantidad de alcohol que hoy se obtiene,
unos 7.000 litros por hectárea que los
empresarios esperan llevar hasta 11.000 litros en
los próximos años, mediante mejoramientos genéticos e industriales.
En 15 años más, el aumento del rendimiento en
todo el sistema productivo debería ser de 80 por
ciento. "De este modo, el área plantada no
pasaría de 30 millones de hectáreas", según el investigador Landell.
En la última década, los planes de
mejoramiento permitieron plantar más de 80 tipos
de caña azucarera, "el cultivo con mayor cantidad
de variedades en cada predio. Esta diversidad
crea resistencia y sirve como protección a las enfermedades", explicó.
Se usan por tanto menos plaguicidas, pues las
variedades desarrolladas son resistentes a muchas
enfermedades habituales de los cañaverales.
Según el IAC, el avance azucarero puede
impulsar la producción de alimentos. Del total
plantado en Brasil, 15 por ciento queda
disponible cada año para la rotación de cultivos
en función de la renovación de los cañaverales,
lo que representa millones de hectáreas que
pueden destinarse a plantar soja, cacahuete y otros cultivos.
En la zona paulista de Ribeirão Preto, la
siembra directa, sin remoción ni limpieza del
suelo, es cada vez más usada cuando se renuevan
cañaverales. Los cañeros siembran y cosechan
variedades precoces de soja y cacahuete sobre los
rastrojos de caña, antes de iniciar una nueva plantación.
En algunos establecimientos, la nueva caña se
planta inclusive sobre los residuos sin remover
de las leguminosas cosechadas. "Ésta es una
tendencia irreversible", afirmó Landell.
La siembra directa sin quema de las hojas
puede adoptarse en todas las regiones cañeras de
Brasil, afirma la Agencia Paulista de Tecnología de los Agronegocios (APTA).
Se estima que la cosecha de caña cruda
captura una tonelada de dióxido de carbono por hectárea.
"Cuando la recolección de caña cruda, cuyos
residuos aumentan la humedad y fertilidad del
suelo, se suma a la siembra directa, se potencian
los beneficios ambientales", dijo a Tierramérica
el investigador Denizart Bolonhezi, de la APTA.
En Ribeirão Preto, hay 40.000 hectáreas de
cacahuete plantadas con siembra directa y
tradicional en áreas de renovación de caña. Dos
cooperativas, Coopercana, en la zona de
Sertãozinho, y Coplana, en Guariba, reciben y venden la oleaginosa.
"Con la tecnología actual, se puede conciliar
la producción de alimentos y de caña" para etanol, aseguró Bolonhezi.
Los avances brasileños permiten que la
expansión del alcohol carburante tenga bases
sustentables, afirman sus promotores.
Resta saber si el gobierno conseguirá
establecer en los hechos criterios de producción
adecuados para el ambiente y, sobre todo,
fiscalizar las nuevas áreas plantadas fuera de su
territorio, que Brasilia impulsa en la búsqueda
de combustibles más ecológicos que los hidrocarburos.
* El autor es colaborador de Tierramérica.
Publicado originalmente el 21 de julio por la red
latinoamericana de diarios de Tierramérica.
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