ALIMENTACIÓN-ESTADOS UNIDOS De la granja de al lado a la mesa Por Enrique GiliSAN DIEGO, Estados Unidos, oct (IPS/IFEJ) - La
esencia de los hongos de portobello inunda el
aire mientras dos de los tres propietarios del
restaurante Roots (Raíces) se preparan para atender a los clientes matinales.
Heather Weightman y Jaime Reed instalaron su
comercio en el barrio hippie de Ocean Beach de la
ciudad de San Diego, en el occidental estado estadounidense de California.
La comunidad sirve como laboratorio de prueba
para la cultura progresista californiana. Y el
último concepto es un restaurante de comida para
llevar que se especializa en platos vegetarianos
elaborados en base a productos frescos cultivados en la zona.
Con 27 metros cuadrados, Roots es un
restaurante diminuto con un gran mensaje,
probablemente uno de los pocos con una misión
declarada en su sitio web: "Centrarse en la
comunidad, cultivar la paz, el activismo, la
responsabilidad social y las prácticas sustentables".
Cinco por ciento de las ganancias de la
empresa se dona a organizaciones humanitarias y ambientales.
Los copropietarios caminan o se trasladan en
bicicleta, y esperan que la mayoría de sus
clientes vivan a una distancia que les permita
llegar a pie. Comer liviano tiene toda una nueva
connotación para ellos. Lo que realmente importa
es que los alimentos viajen menos.
Los estudios señalan que, en general, los
alimentos son trasladados a lugares muy
distantes, sacando al cultivador local de la
ecuación. En Estados Unidos, los productos
frescos a menudo viajan 2.400 kilómetros desde el
establecimiento rural al plato --alrededor de 25
por ciento más lejos que en 1980--, según el Instituto Worldwatch.
Los propietarios esperan capitalizar la
última tendencia gastronómica entre consumidores
con conciencia ecológica, a fin de generar estilos de vida con poco carbono.
Al obtener los productos de agricultores
locales, se logran varios objetivos nobles para
ambientalistas manifiestos: reducir millas de
tierra desde la granja al plato, apoyando a los
cultivadores de la zona y eliminando la
dependencia de los combustibles fósiles, por nombrar algunos.
Vegetariana practicante, Weightman se fue de
la costa este luego de trabajar en una hacienda
familiar en el nororiental estado de Pennsylvania
durante tres años. Abrir un restaurante era una
idea muy arraigada en ella, quien pone en
práctica sus antecedentes profesionales como
dietista diplomada con un posgrado en salud pública.
"Trabajar en un establecimiento rural me
proporcionó lo que faltaba en mis antecedentes
gastronómicos", dijo a este cronista.
Más allá de los ideales, ellos tienen en su
agenda más que crear unas pocas ensaladas. Entre
los temores por los alimentos con la bacteria
Escherichia coli y la epidemia de obesidad, la
gente está prestando más atención a cómo se
cultiva y produce lo que ingiere. Incursionar en
la tendencia de apoyar a los movimientos por los
alimentos locales es una manera de diferenciarse
y administrar un negocio exitoso.
"Estamos intentando mantener las cosas lo más
cerca de la comunidad que sea posible, y vemos
muchos beneficios a partir de eso", dijo Reed.
La histórica tradición del área de apoyar a
los cultivadores locales y a los productos
orgánicos marca toda una diferencia para Roots.
La comunidad abastece a un mercado agrícola
semanal y a una cooperativa de alimentos. Los
residentes establecen la conexión entre el
bienestar y los cultivadores con prácticas
sostenibles. Además, apoyan la idea de preservar
el espacio abierto en toda la región.
Aunque la definición de agricultura
sostenible es en cierto modo confusa, sus
componentes básicos incluyen satisfacer las
necesidades humanas y usar del modo más eficiente
los recursos naturales sin degradar la tierra.
Con la excepción de unos pocos elementos
almacenados, Root depende de productos obtenidos
directamente de agricultores que viven a pocas
horas en automóvil, en los condados vecinos de San Diego, Riverside y Orange.
Lo que hace posible esto es la alta
concentración de establecimientos agrícolas. San
Diego es la sexta ciudad más grande del país y
tiene el mayor porcentaje de granjas orgánicas de
Estados Unidos, vestigio de una histórica
tradición agrícola anterior al advenimiento de
las industrias turística y biotecnológica en la región.
El clima de San Diego, similar al del
Mediterráneo, lo vuelve un lugar ideal para la
agricultura y los productos ganaderos.
Más de 2,6 millones de personas viven en ese
condado, hogar de más de 6.000 cultivadores que
se ganan la vida allí en 6.565 pequeñas haciendas
familiares, 65 por ciento de las cuales no
superan las tres hectáreas, según datos del Buró Agrícola de San Diego.
El elevado costo del agua (más de 600 dólares
por unos 1.200 metros cúbicos) y de la tierra
vuelven la agricultura una actividad costosa en
esta zona, y alienta a los cultivadores a
dedicarse a productos con alto valor en dólares.
Robert Farmer, de Moceri Produce, disfruta su
trabajo conectando a agricultores con chefs y
brindando una plataforma para frutas y verduras
cultivadas en la zona. "Intento facilitarles las cosas a todos", dijo.
Miembro fundador de la Fundación Tierra
Miguel, un establecimiento agrícola apoyado por
la comunidad, Farmer pasó los últimos 12 años
refinando el proceso de poner productos frescos
en manos de los chefs lo más rápidamente posible.
Farmer atribuye a la publicación del aclamado
libro "The Omnivore's Dilemma" ("El dilema del
omnívoro", 2006), de Mark Pollan, el cambio en
las percepciones de los comensales sobre cómo se
obtienen y se producen los alimentos.
El libro desató una revolución, causando una
reacción en cadena. Los chefs buscan a los
agricultores locales a fin de crear cocinas regionales diferenciadas.
La exclusiva cadena de supermercados
orgánicos Whole Foods abrió sus puertas a
agricultores de pequeña escala de la región. La
gente hace preguntas, dijo Farmer.
En respuesta al creciente interés de los
consumidores, Farmer creó en julio el programa
Locals Only ("sólo habitantes de la zona"), que
envía cajas de productos directamente a los
vendedores de los condados de San Diego, Orange y
Los Angeles. Aproximadamente 80 por ciento de los
cultivadores a los que él representa usan prácticas orgánicas.
Como defensor de prácticas agrícolas
sostenibles, cree que los beneficios son tanto
comerciales como pragmáticos. Usar menos químicos
sintéticos les ahorra dinero a los productores a
largo plazo, y los cultivos orgánicos
certificados reciben precios elevados en el mercado, afirmó.
Según la analista de alimentos Gail Feenstra,
del Centro para la Agricultura Sostenible de la
Universidad de California, crear una red de
distribución alternativa es esencial para la
supervivencia de cultivadores de pequeña y mediana escala.
Las estadísticas son desalentadoras. Los
establecimientos agrícolas vienen decayendo desde
los años 50. Los alimentos se producen y empacan
de manera tal que los cultivadores reciben un
porcentaje cada vez menos del dólar pagado por el consumidor.
Segundo, los conglomerados agrícolas
controlan un segmento cada vez mayor del mercado.
Los supermercados, por ejemplo, poseen más de
30.000 productos, pero la mitad de ellos suelen
provenir de apenas 10 corporaciones multinacionales.
La actual economía agrícola alentó la
elaboración de "alimentos tan baratos como sea
posible para la mayor cantidad de personas, (y)
ahora estamos comenzando a ver el costo de eso en
términos de salud, sabor y ambiente", expresó Feenstra.
En respuesta a las preocupaciones de los
consumidores, una naciente red alternativa de
distribución de alimentos está surgiendo en
California, apoyada por agricultores, activistas alimentarios y empresarios.
* Este artículo es parte de una serie sobre
desarrollo sustentable producida en conjunto por
IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en
inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales).(FIN/2007) Envíe sus comentarios al editor |