ENERGÍA-BRASIL: Pasto elefante, nuevo campeón en biomasa Por Mario OsavaRÍO DE JANEIRO, oct (IPS) - La caña de azúcar
pierde poco a poco su liderazgo en eficiencia
bioenergética. Estudios del Centro de
Agrobiología de la estatal Empresa Brasileña de
Investigación Agropecuaria (Embrapa) apuntan al
capín elefante como una especie de potencial inmensamente superior.
Su biomasa seca puede generar 25
unidades de energía por cada una de origen fósil
consumida en su producción. En cambio, la caña
convertida en etanol alcanza una relación de sólo nueve por una.
Pero esos dos líderes en balance energético
enfrentan desafíos y caminos distintos antes que
puedan competir, por ejemplo, en generación de
electricidad. El capín o pasto elefante, cuyo
nombre científico es Pennisetum purpureum, recién
despertó el interés de los grandes consumidores y
empresarios de energía, después de décadas de investigación científica.
Se trata de una gramínea similar a la caña,
traída de África hace por lo menos un siglo y
usada como alimento ganadero. El interés
energético fue despertado, por su alta productividad.
Mientras el eucalipto, el árbol más sembrado
en Brasil para producir celulosa y carbón
vegetal, da 7,5 toneladas de biomasa seca por
hectárea al año, en promedio, y hasta 20
toneladas en las mejores condiciones, el capín
elefante alcanza 30 a 40 toneladas, destacó a IPS Vicente Mazzarella.
Este técnico estudia esta especie desde 1991
en el Instituto de Investigaciones Tecnológicas
(IPT), del gobierno estadual de Sao Paulo.
Además, el eucalipto necesita siete años para
alcanzar un tamaño conveniente para la tala,
mientras el capín ofrece dos a cuatro cosechas
anuales, por su rápido crecimiento.
Y su productividad puede ampliarse, ya que se
trata de una especie poco estudiada y sin
mejoramiento genético. Tiene cerca de 200
variedades y cuesta identificar las que se
desarrollan mejor en las distintas condiciones de
clima y suelo, señaló Mazzarella.
La firma Embrapa Agrobiología identificó,
tras 10 años de estudios, tres variedades
interesantes para fines energéticos, por su buena
productividad sin fertilización nitrogenada. La
investigación en ese caso busca el capín menos
nutritivo posible, el opuesto de lo que se hizo
tradicionalmente con el objetivo de alimentar el ganado.
Es que la presencia de muchos nutrientes,
como sales minerales, genera cenizas que pueden
dañar los hornos siderúrgicos, explicó a IPS
Bruno Alves, agrónomo que participa en el equipo
de investigación del capín elefante en Embrapa
Agrobiología, encabezado por Segundo Urquiaga.
Por ello las pruebas se hicieron con
variedades que pueden crecer en suelos pobres,
tratando de usar el mínimo de fertilizantes, pero
sin sacrificar la productividad de biomasa.
El balance energético de la gramínea puede
mejorar con la fijación biológica de nitrógeno
disponible en el aire, área en que el centro
agrobiológico de Embrapa acumuló mucho
conocimiento en las últimas décadas, inoculando
bacterias en leguminosas y caña de azúcar.
La fijación se limita al nitrógeno que la
planta necesita, se elimina el riesgo del exceso,
explicó Alves, recordando que ese fertilizante es
el que más exige energía fósil en su producción.
Eliminando su aplicación en las plantaciones se
evita la emisión de gases del efecto invernadero.
Pero el pasto elefante presenta también
dificultades. "Le gusta mucha agua", por eso hay
que estudiar su tolerancia a los estiajes largos
del Cerrado, la sabana brasileña donde están
las mayores extensiones de tierras disponibles
para el cultivo, y si mantiene su productividad
con menos humedad, reconoció Alves.
Secar y compactar su biomasa son otros desafíos, admitió Mazzarella.
El pasto elefante verde contiene 80 por
ciento de agua y no se deshumedece en el
ambiente, como el eucalipto, debido a que
amontonado puede pudrirse. Su secado exige ser
cortado en pedacitos y algún tipo de energía.
Además, la compactación es indispensable para el
almacenaje y el transporte, ante el gran volumen del pasto seco.
Por esas razones, la industria de cerámica
aparece como el sector inicial que impulsará el nuevo insumo energético.
Sus plantas medianas demandan menos de 100
hectáreas cultivadas en las cercanías,
dispensando el transporte y la compactación, y
pueden usar el capín directamente en sustitución
de la leña o el gas natural. Otras actividades
que sólo necesitan calor o vapor también podrán
adherir a esa alternativa pronto.
Pero una mediana empresa de electricidad,
Sykue Bioenergía, se adelantó al proceso y
contrató la construcción de una primera central
termoeléctrica que se alimentará de capín elefante.
La planta se levantará en Sao Desiderio, en
el interior del estado de Bahía, ubicado en el
nordeste de Brasil, según divulgó en julio
Dedini, la empresa industrial más conocida por
producir centrales azucareras y destilerías de alcohol.
La central de Sykue costará 80 millones de
reales (unos 43 millones de dólares) y deberá
iniciar sus operaciones en diciembre de 2008. Su
capacidad será de 30 megavatios y se abastecerá
de capin elefante cultivado en 4.000 hectáreas.
La empresa piensa hacer 10 de esas centrales y obtener créditos de carbono.
Producir carbón a partir del capín elefante,
para sustituir el coque mineral o el carbón
vegetal tradicional, hecho de la madera, aún
exigirá mucha investigación. Pero la presión
ambiental y la amenaza de déficit energético en
Brasil pueden acortar el tiempo de su desarrollo,
estimulando inversiones de grandes empresas siderúrgicas y energéticas.
La demanda potencial para esa alternativa
energética es inmensa, según Mazzarella, que
apuntó cinco grandes mercados. Además de la
siderurgia interesada en un nuevo carbón vegetal
que no provoca deforestación, están el grupo de
grandes consumidores de energía, como la
industria de aluminio, química y de cemento, y
las distribuidoras de electricidad.
Para estos dos últimos sectores, la energía
de biomasa representa un ahorro clave, porque se
trata de suplir el consumo en las horas de mayor
consumo, el que más encarece sus gastos. A la
minería, que importa carbón para transformar el
hierro en pellets (lignograno), especialmente
para exportación, también sería una solución económica y ambiental.
Además, en Europa está en franca expansión el
consumo de biomasa seca y compactada, en la forma
de briquetes (pequeños trozos), por ejemplo.
Considerado en serio, puede abrir, para Brasil,
exportaciones comparables al del etanol, sostuvo Mazzarella.
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