AMBIENTE-COLOMBIA: La riqueza inverosímil del Chocó Por Constanza Vieira y Diana Cariboni, enviadas especialesQUIBDÓ, Colombia, oct (IPS) - "Vamos pa'l
mar, vamos pa'l mar", corre cada tanto una
nerviosa voz en el municipio de pescadores de
Bahía Solano, sobre el Pacífico colombiano.
Avistaron un bulto en las aguas y se embarcan
tras una captura no tradicional: paquetes de
cocaína arrojados por narcotraficantes en fuga.
La paradoja: esa práctica "ha permitido que
haya todavía una oferta pesquera muy alta",
explica a Tierramérica el ingeniero forestal
William Klinger, director del Instituto de
Investigaciones Ambientales del Pacífico (IIAP),
con sede en Quibdó, capital del departamento colombiano del Chocó.
Los pescadores artesanales dan tregua a los
peces durante esa "ventaja momentánea". Si tienen
suerte, encuentran y venden la droga, y ganan lo
que en décadas de faena en el mar.
Como el pescado es la base de la alimentación
en la zona, por esos días para muchos no hay qué
comer, y a los turistas les toca dieta de carne y pollo.
Así lo constató un estudio del IIAP en Cabo
Marzo, jurisdicción del municipio de Juradó,
vecino de Bahía Solano, para conocer la
biodiversidad marino-costera del Chocó
biogeográfico, una región de 145.000 kilómetros
cuadrados que comprende el sur de Panamá, la
parte del noroeste de Colombia y su costa Pacífica, y el norte de Ecuador.
El corazón de esta región trinacional es el
departamento colombiano del Chocó, 46.530
kilómetros cuadrados de enormes riquezas y la población más pobre de este país.
Otra "pesca" fuera de lo común ocurre cuando
las comunidades "atrapan" buques, casi siempre
atuneros, que violan el millaje mínimo
establecido, pescan por arrastre y arrasan con todo.
La comunidad los retiene un tiempo, luego se
van. "Son barcos de aquí mismo, los dueños son
los senadores, por eso no pasa nada", cuenta el funcionario.
El IIAP culmina este año el trabajo de campo
en Bahía Solano-Juradó para plantear, a mediados
de 2008, un plan de manejo integral del área.
Habrá iniciado entonces una investigación similar
en el sureño puerto de Tumaco, departamento de
Nariño, en alianza con Conservación Internacional.
A diferencia de otros centros científicos, el
IIAP, creado en 1993, tiene como misión promover
el desarrollo y autonomía de las comunidades
negras e indígenas, habitantes característicos del Chocó biogeográfico.
Cada investigación busca tener muy rápida
aplicación. Su director es elegido por una
asamblea delegataria de 24 personas, entre ellas
ocho representantes de las comunidades negras y
ocho de las indígenas, con territorios colectivos.
El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)
menciona entre 7.000 y 8.000 plantas y 100 aves
que sólo se encuentran en el Chocó biogeográfico,
pero "no hay inventarios contundentes", apunta
Klinger, "lo que no conocemos es mayor".
Hay sitios no explorados, "en los que no ha
sido capaz de penetrar el narcotráfico, ni las
fuerzas armadas irregulares" del conflicto colombiano, asevera.
Ésta es una de las zonas más lluviosas del
mundo, con hasta 12.000 milímetros anuales, lo
que descarta la quema del bosque para ampliar la
frontera agrícola, usual en otros meridianos.
Según WWF, el Chocó biogeográfico mantiene
intacta "cerca de 58 por ciento del total del área" boscosa.
Sus metales preciosos --oro, plata y
platino-- atrajeron la ocupación española que
introdujo a africanos esclavizados para explotarlos.
Para Klinger, la relativa conservación
natural se debe sobre todo "a la dinámica
cultural de los negros e indígenas, que "no
tienen cultura de acumulación de capital", y
toman del bosque o del agua sólo "lo que se necesita para sobrevivir".
Los procesos de titulación colectiva de
tierras de las comunidades negras, a partir de la
Constitución de 1991, afianzaron su pertenencia al territorio.
Cuarenta años atrás, ésta era "una zona
prístina, con pocos asentamientos urbanos y
escasísima intervención", dijo a Tierramérica el
empresario Paolo Lugari, el primer director de la
entonces llamada Corporación Nacional para el
Desarrollo del Chocó (Codechocó), fundada en 1968.
Una tarea de Lugari era identificar opciones
económicas para el departamento, pero "ninguno de
los modelos de desarrollo existentes es apropiado para el Chocó", dijo.
Para el empresario, el aprovechamiento del
bosque debe basarse en cosecharlo, "no en
talarlo. Se necesita un manejo sustentable, que es mucho más que sostenible".
En esa búsqueda, el centro de investigación
Gaviotas, fundado por Lugari, hizo un estudio
conjunto con el etnobotánico estadounidense
Richard Evans Schultes sobre la palma de seje o
milpesos (Jessenia polycarpa), de cuyo fruto se
extrae un aceite "de la misma calidad que el de
oliva", con aplicación en oleoquímica y como biocombustible.
Schultes, de la Universidad de Harvard,
"dirigió una tesis doctoral sobre la palma de
seje y terminó montando una extractora de aceite
en Gaviotas", que aportó la tecnología.
El botánico concluyó que la experiencia era
aplicable al Chocó, pues su resultado fue "el
ideal de todo proyecto industrial: factibilidad
social, económica y ambiental al mismo tiempo", relató Lugari.
A inicios de los años 70, el Chocó tenía "la
mayor población silvestre de seje del país",
según Lugari. Hoy ya casi no se la ve, apunta Klinger.
La propuesta pionera nunca prosperó. En
cambio, a partir de 1996 se expande desde el
norte del territorio la plantación masiva de la
exótica palma africana (Elaeis guineensis Jacq.).
"El cambio de uso de la tierra no debería
darse por un monocultivo de palma africana",
estima Klinger. La biodiversidad de estas selvas
produce un "reciclaje de nutrientes" que
"garantiza que aparezcan otras especies". Por
eso, cualquier monocultivo "que le quite la
riqueza de nutrientes al bosque, va a sufrir deterioro a mediano plazo".
Klinger impulsa una investigación llamada
"Valoración integral de bosques en territorios
colectivos del Chocó biogeográfico", que se
propone medir esa riqueza desde diferentes perspectivas.
La primera son los productos maderables del
Chocó, famoso por sus árboles finos como el
choibá (Oleiocarpon panamense), la caoba (familia
Meliaceae) y el guayacán (Centrolobium paraense Tul., var Oriniocense Benth).
En línea con Lugari, y segundo aspecto a
estudiar, el IIAP ve más valor en productos no
maderables: taninas, resinas, gomas y plantas medicinales.
Se hará además un inventario de la poco
investigada fauna, y otro sobre servicios
ambientales que presta la selva, como captura de
carbono, protección de márgenes hídricas,
aprovechamientos turísticos y de investigación.
Las comunidades indígenas y negras "están
completamente de acuerdo en que tienen que saber
el valor económico de lo que tienen", asegura el director del IIAP.
Obtener ingresos por deforestación evitada
permitiría que las comunidades del Chocó
recibieran ingresos en el marco del combate global al cambio climático.
Pero, además, "muchos macroproyectos (de
explotación forestal o minera y tendido de
infraestructura vial y energética) podrían pasar
por territorios colectivos". "Si eso ocurriera
hoy, no tendríamos ni idea" de cuál es el valor
de la compensación, explica el ingeniero.
El Consejo Comunitario Los Riscales, dueño de
Nuquí, en el Golfo de Tribugá, y la comunidad de
San Luis de los Robles, en Tumaco, ya están
aliados con el IIAP para que empiece esas investigaciones en sus territorios.
Además hay técnicas para hacer que ciertos árboles crezcan más rápido.
En seis estaciones ambientales, técnicos del
IIAP dosifican la apertura de claros en bosques
maduros, para que entre la luz, "que pone a
crecer a los árboles y aumenta la regeneración
natural". Esto también posibilita el "crecimiento
y desarrollo a clases diamétricas (de árboles) que vienen de abajo", explicó.
"Patentes médicas" es otro proyecto del IIAP,
"nuestra mayor novedad", dice Klinger: la
validación del conocimiento tradicional del
bosque chocoano de los "chinangos", médicos de la cultura negra.
Eso sí, "previo contrato con los médicos
tradicionales sobre cómo estaría distribuida la
patente. Ellos le echan a uno bendiciones, pero
no van soltando información así como así. La
relación con los médicos tradicionales es
dificilísima", y dos galenos occidentales han
sabido llevarla, reveló Klinger a Tierramérica.
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"Este
artículo es parte de una serie de reportajes sobre Objetivos de Desarrollo
del Milenio en el Chocó. El proyecto que dio origen a este trabajo
fue el ganador de las Becas AVINA de Investigación Periodística.
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y otros aspectos de su contenido". |
(FIN/2007)Envíe sus comentarios al editor |