SALUD-COLOMBIA: La malaria canta victoria en el Chocó Por Constanza Vieira y Diana CariboniQUIBDÓ, Colombia, 29 oct (IPS) - "Esto está lleno de paludismo", dicen una docena de
hombres en botas de goma y metidos en el agua que
anega el poblado de Tanguí, sobre el río Atrato,
en el selvático noroeste colombiano.
Es la quinta inundación de este año, y se pierde
la cosecha de arroz. Los hombres, de brazos
cruzados, hacen un semicírculo para hablar con
Tierramérica. Las 120 familias de Tanguí viven a
veces de a dos y tres en las casas palafíticas.
Por la calle se avanza en canoa. Los niños juegan
dichosos en el agua estancada. No hay enfermeras,
las brigadas de salud llegan "de vez en cuando" y
porque las manda "el gobernador, que es amigo del
alcalde", relatan los hombres.
A media hora en lancha está Quibdó, capital
departamental de Chocó, corazón de esta selva
tropical húmeda ideal para los mosquitos que
propagan el paludismo o malaria. Llueve
torrencialmente casi todos los días. La vida se desarrolla entera frente a los ríos.
En la guerra colombiana, muchos de quienes
huyen de zonas infestadas llevan consigo la malaria.
Según la no gubernamental Consultoría para
los Derechos Humanos y el Desplazamiento, entre
1999 y 2006 casi 70.000 personas se desplazaron
en Chocó, de unos 440.000 habitantes.
"La malaria no nos ha disminuido. Y estamos
con problemas por pequeños brotes, incluso en
sitios donde hace dos o tres años no se
presentaban", dice a Tierramérica el técnico José
Dolores Palacios, del Programa de Prevención y
Control de Enfermedades Transmisibles por Vector
de la Secretaría de Salud del Chocó.
Hay 58 casos en comunidades del río Bebará,
municipio del Medio Atrato, más de 90 en Managrú,
cabecera del Cantón de San Pablo, y más de 50 en
Bellavista, 228 kilómetros al norte de Quibdó,
donde estalló un brote "justamente cuando fue el
presidente" Álvaro Uribe a inaugurar el nuevo
poblado construido por el gobierno, el 13 de este mes.
Hasta septiembre de este año se reportaron
19.971 contagios en Chocó y en 2006 notificaron
12.441, pero el aumento obedece al anterior
"subregistro". Las máximas anteriores se
registraron en 1998, con 31.713 casos, y en 2002,
con menos de 32.000, indica Palacios.
Ahora comenzó una recolección de datos en
zonas rurales, a cargo de 13 funcionarios que
detectan, suministran medicamentos y hacen
control de calidad de los puestos de salud, explica.
El paludismo, causado por parásitos
Plasmodium que pasan de una persona a otra por
picaduras de mosquitos infectados, es prevenible
y curable. Pero mata a más de un millón de
personas anualmente en el mundo, la mayoría en
África, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Fiebre, dolor de cabeza, vómitos y temblores
se manifiestan entre 10 días y un mes después de
contraída la infección. Si no es tratada
rápidamente, se vuelve grave y puede ser mortal.
También incapacita, agravando la pobreza,
dice a Tierramérica la epidemióloga María
Victoria Valero, del Departamento de Medicina
Interna de la Universidad Nacional. En Chocó,
78,3 por ciento de la población es pobre.
Un paciente con Plasmodium falciparum, el más
virulento de los cuatro tipos de paludismo, sufre
un episodio febril cada tres días y así no puede
trabajar, apunta el médico Carlos Agudelo,
director del Instituto de Salud Pública de la
Universidad Nacional. "Mientras dure la
enfermedad, la persona puede estar incapacitada
15 días por mes", agrega. Según la cepa, la infección puede durar años.
La gente se infecta una y otra vez en las
zonas endémicas y muchos se acostumbran a
trabajar con estados febriles más leves, añade.
Colombia tiene paludismo endémico en gran
parte de su territorio. Más de 25 millones de
personas viven en zonas maláricas, indican datos
oficiales. En 2004 se registraron 25 muertes
--según el Ministerio de Protección Social-- y
123.177 casos, más de 47 por ciento de ellos en la región occidental-Pacífico, donde está Chocó.
Además "están apareciendo muchos casos
complicados de P. vivax", advierte Valero.
La malaria "es una causa importante de anemia
infantil y de mujeres embarazadas, bajo peso al
nacer, partos prematuros y mortalidad infantil",
según el Informe Mundial sobre el Paludismo 2005, publicado por la OMS.
Para Valero la malaria está desatada no sólo
en Chocó, sino en toda Colombia. Agudelo opina que creció mucho hasta hace "cinco o seis años" y se estabilizó, con ocasionales brotes epidémicos.
Ambos expertos coinciden en que el desarrollo
es el único remedio efectivo. "La malaria es un
problema económico, social y cultural" que sólo
desaparece en las zonas con industrialización y
mejores condiciones socio-económicas, afirma Agudelo.
Colombia adhirió a la campaña mundial que
busca "Hacer retroceder el paludismo" a la mitad
para 2010, pero no parece en camino de lograrlo.
No han resultado ni las campañas nacionales
aplicadas por el desaparecido Servicio Nacional
de Erradicación de Malaria (SEM) ni los esquemas
adoptados desde 1993, cuando el país se embarcó
en una reforma que descentralizó el sistema de
salud y pasó la carga a los municipios, opina Agudelo.
Creado por decreto en 1956, el SEM adoptó una
estrategia antimalárica centralizada y vertical.
Tenía autonomía técnica y administrativa,
jurisdicción en todo el territorio y presupuesto propio.
Pero fue objeto de sucesivos recortes y no se
adaptó a nuevas realidades que incitan el avance
de la malaria, como la colonización de la selva,
el narcotráfico y la violencia rural, según el
libro "La Organización Panamericana de la Salud y
el Estado colombiano - Cien años de historia 1902-2002".
La epidemióloga Valero cree que con la
desaparición del SEM "se olvidó en el país la
búsqueda activa de casos y de contactos de cada
contagiado". Colombia se demora "hasta 15 días en
diagnosticar y tratar un caso. En ese tiempo, un
enfermo puede contagiar a muchas personas", apunta.
Los pobladores de Tanguí insisten con la
falta de enfermeras y con la inundación. "La
solución es buscar cómo rellenar el pueblo y
canalizar las bocas del Atrato" en el mar Caribe.
Doce de sus 14 desembocaduras están bloqueadas
por los sedimentos que genera la deforestación. "Hay
que canalizar abajo para que no se suba el agua",
explican con impecable lógica.
Pero la lógica no asoma en algunos servicios
del Estado. El único y paupérrimo hospital de
Quibdó, donde algunos pacientes tienen que dormir
en el suelo, no siempre atiende a quienes llegan
de comunidades alejadas, denuncia el defensor del
Pueblo de Chocó, Víctor Raúl Mosquera.
"Tienen que ir a otras clínicas que han ido
montando aquí, y en las cuales también se les
niega el servicio. Han muerto niños por ese tipo
de negación de servicio. Les hacen como una
especie de 'paseo de la muerte'", remitiendo a un
enfermo de un centro a otro hasta que fallece, afirma.
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"Este
artículo es parte de una serie de reportajes sobre Objetivos de Desarrollo
del Milenio en el Chocó. El proyecto que dio origen a este trabajo
fue el ganador de las Becas AVINA de Investigación Periodística.
Los abonados que lo reproduzcan deben incluir el logo correspondiente. La
Fundación AVINA no asume responsabilidad por los conceptos, opiniones
y otros aspectos de su contenido". |
Publicado originalmente el 27 de octubre por la red
latinoamericana de diarios de Tierramérica.(FIN/2007)Envíe sus comentarios al editor |