PENA DE MUERTE-EEUU Abu-Jamal se niega a bajar los brazos Entrevista de Adrianne AppelBOSTON, 14 feb (IPS) - El periodista y activista
negro que expuso la corrupción en la policía de
la ciudad de Filadelfia, Mumia Abu-Jamal, es, tal
vez, el más conocido de los 3.500 condenados a
muerte que languidecen en las cárceles de Estados Unidos.
Su defensa ha intentado, hasta ahora en vano,
que la justicia anule la declaración de
culpabilidad por asesinato, dispuesta en 1982.
Argumentan que Abu-Jamal fue condenado, en
realidad, por el color de su piel y por presiones policiales.
Abu-Jamal, de 53 años, aguarda que la Corte
Federal de Apelaciones en Filadelfia resuelva
favorablemente su solicitud de un nuevo proceso.
Si eso sucede, muchos abogados prevén que será el
juicio más sensacional en la historia estadounidense.
En esta inusual entrevista que el condenado
concedió en la prisión de Pennsylvania a IPS y al
periodista radial John Grebe, dijo: "Nunca dejé
de escribir desde un punto de vista radical,
populista y de liberación negra. Realmente
vivimos tiempos asombrosos, tiempos desafiantes,
tiempos peligrosos, pero también tiempos inspiradores."
Abu-Jamal comenzó su carrera periodística en
su Filadelfia natal a los 14 años, a fines de los
años 60. Desde entonces, se dedicó a informar
sobre la violencia policial contra la comunidad negra de la ciudad.
En 1981, cuando se cometió el asesinato del
policía Daniel Faulkner, Abu-Jamal también
trabajaba como taxista. Su defensa afirma que,
luego de intentar defender a su hermano de la
golpiza del agente, el activista se vio envuelto
en un tiroteo, del que salió herido en el pecho.
También asegura que no salieron del arma de
Abu Jamal las dos balas que dieron muerte a
Faulkner, y que no existen informes técnicos que lo confirmen.
Aun en las penosas condiciones de vida de la
cárcel, este veterano periodista se mantiene
activo. Sus artículos se publican en periódicos y
sitios web de todo el mundo y también produce una
columna de radio que concluye siempre con la
misma frase: "Desde el corredor de la muerte, soy Mumia Abu-Jamal."
-- Con su trabajo periodístico, en el que aborda
cuestiones políticas, raciales y de derechos
humanos, usted mantiene un espacio de liderazgo
para la izquierda estadounidense. ¿Su labor
también resulta inspiradora para otros presos y condenados a muerte?
-- A decir verdad, recibo cartas de presos y
condenados literalmente de todo el país y de todo
el mundo. Algunos expresan solidaridad, muchos
piden una contestación, otros me preguntan
cuestiones históricas, porque se enteraron de mi
actuación con el movimiento por la liberación negra.
Sé que muchos residentes en el corredor de la
muerte son retratados como monstruos, como gente
realmente perversa. La verdad es que la mayoría
de la gente en esta condición que conocí o de la
que escuché está aquí a causa de su pobreza. Si
hubieran sido hombres o mujeres pudientes,
capaces de solventar una defensa judicial
decente, no estarían en el corredor de la muerte.
-- El apoyo que se le ha brindado desde Europa es
considerable, pero no es así en Estados Unidos. ¿A qué se debe esa diferencia?
-- Los medios de comunicación estadounidense han
sido adversos. No han ayudado nada. Pero la lucha
crece y mengua, tiene sus flujos y reflujos.
-- El público estadounidense parece en vías de
dejar de apoyar la pena de muerte, especialmente
por los 126 condenados exonerados hasta ahora al
hallarse pruebas de su inocencia, seis de ellos
en Pennsylvania. ¿Usted y su equipo de abogados
perciben algún cambio en la actitud hacia su
caso, por ejemplo, una mayor disposición a creer que su juicio no fue justo?
-- No podría contestarle eso. ¿Cómo se mide un
cambio así? Es más, mucha gente que cree a pie
juntillas que ya no estoy condenado a muerte,
porque así lo leyeron en los diarios. Yo mismo he
leído artículos que dicen eso.
Desafortunadamente, esos informes están
errados. Nunca dejé el corredor de la muerte, ni
un día. Vivo en el corredor de la muerte.
-- ¿Cree que esta vez tendrá un juicio justo?
-- Aprendí a evitar las predicciones. Predecir es
un negocio peligroso. Por cierto, estamos
trabajando para que eso suceda, y tengo
esperanzas. Pero no voy a entrar en ese juego.
-- Las condiciones de vida en el corredor de la
muerte de Pennsylvania son de las peores frente a
los otros 34 estados donde existe la pena
capital. Los 228 condenados están 23 horas
diarias en pequeñas celdas solitarias. Los
obligan a usar grilletes fuera de la celda,
incluso en las duchas. Se les prohíbe el
contacto físico hasta con los familiares que los visitan. ¿Como lo soporta?
-- Todo esto te afecta en el modo en que
interactúas con familiares y amigos, con
funcionarios, con mujeres. Afecta todo.
Hace tiempo, en otra prisión, la de
Huntington, me llevaron al dentista. Cuando
regresaba a la celda, cientos de presos pasaban
caminando cerca de mí hacia el comedor. Hacía
muchos años que no veía tanta gente. Me congelé.
El guardia me empujó por la espalda y me dijo
"vamos, Jamal", pero no podía moverme.
Estaba tan aturdido por la presencia de esos
cientos de muchachos... No había visto un grupo
de gente en muchos años. No sabía cómo actuar en
esa situación. Había vivido en una celda o en una
jaula solo por tantos años...
-- ¿Qué lo inspiraba cuando era un joven periodista?
-- El equipo del periódico de los Panteras
Negras. La gente del "ministerio de información"
del Partido de los Panteras Negras de los que
aprendí. Ellos me inspiraban entonces. Incluso
cuando dejé el partido, cuando me ganó la confusión.
Nunca dejé de escribir desde un punto de
vista radical, populista y de liberación negra.
Aprendí lecciones importantes. Cuando hablo con
periodistas, digo que me alegra no haber ido jamás a la escuela de periodismo.
-- Usted escribió cinco libros en el corredor de
la muerte y produce comentarios semanales para
radio. ¿Por qué aún quiere expresarse?
-- Todavía me interesa. Realmente vivimos tiempos
asombrosos, tiempos desafiantes, tiempos
peligrosos, pero también tiempos inspiradores.
Tenemos un gobierno para el cual la tortura es
algo estupendo, y lo dice. Tenemos cárceles
secretas, a las que denominan "sitios negros",
donde prisioneros de todo el mundo, cuyas
identidades no pueden conocerse, quedan detenidos
en nombre de los Estados Unidos de América. Y que son torturados.
Me siento obligado a escribir porque me
emocionan. Me sacuden. Sería negligente de mi
parte no escribir sobre ellos. Todavía soy un
escritor, un periodista. ¿Se acuerdan lo que
sucedió después del 11 de septiembre de 2001? La
mayoría de los periodistas del país adherían a la
guerra, la apoyaban. Le hacían una especie de
servicio de mimeógrafo al Estado. Y decidí no asumir esa función.
-- ¿Tiene hoy algún contacto con gente del movimiento de liberación negra?
-- Recibo noticias de muchos veteranos. Hay
hermanos y hermanas maravillosas allí. Muchos no
están más con nosotros, pero algunos sí. Me
complace tener contacto con muchos de ellos.
-- El corredor de la muerte de Pennsylvania tiene
el doble de negros que de blancos, algo que no
refleja la composición demográfica del estado.
-- Eso dice mucho de los tribunales de la ciudad
de Filadelfia, no de los del estado de
Pennsylvania. Filadelfia es líder nacional en el negocio de la pena capital.
Muchos casos que en otros condados se
considerarían homicidio en tercer grado o
culposo, o incluso terminarían con fallos de
inocencia, se vuelven homicidios de primer grado
punibles con la muerte en Filadelfia. Esto es así
porque todo el sistema político de la ciudad se
constituyó alrededor de la pena capital.
Cualquier jurado que manifieste reservas
sobre la pena de muerte es excluido
automáticamente. Es una situación injusta desde
los cimientos. Y si seleccionas un jurado
básicamente injusto, sólo puedes obtener resultados básicamente injustos.(FIN/2008) Envíe sus comentarios al editor |