DAISAKU IKEDA Aun con sus limitaciones, la ONU es un foro único
Entrevista de Thalif Deen
NACIONES UNIDAS, abr (IPS) - En coincidencia con
el 60 aniversario de la ONU, que se cumple este
mes, una red internacional de la sociedad civil
llama a convocar a una conferencia que atienda la
educación como instrumento de promoción de los derechos humanos.
La no gubernamental Soka Gakkai International
(SGI), con sede en Tokio y más de 12 millones de
miembros en 190 países, considera que esa
conferencia debería tener como principales
protagonistas a organizaciones de la sociedad civil.
El presidente de SGI, Daisaku Ikeda, dijo a
IPS que los derechos humanos tradicionalmente han
sido, y deben ser, abordados por los gobiernos,
aunque "los esfuerzos no deben detenerse allí".
"En última instancia, tenemos que establecer
una cultura universal de los derechos humanos,
compartida por todas las personas y con raíces en
las realidades de su vida cotidiana", agregó
Ikeda, filósofo budista y activista por la paz.
El apoyo de los gobiernos es bienvenido, pero
"creo que es importante que la naturaleza
esencial de la conferencia como una iniciativa de
la sociedad civil no debe perderse", afirmó.
IPS: -- La Guerra Fría concluyó hace casi 20
años. Sin embargo, el mundo afronta cada vez con
más conflictos. ¿Por qué la comunidad
internacional, y en especial la ONU, no ha logrado asegurar una paz estable?
DAISAKU IKEDA: -- La ONU tiene sus obvias
limitaciones, que son suficientemente criticadas.
Pero el hecho es que constituye el único foro
para el diálogo sobre los asuntos mundiales en el
que participan prácticamente todos los países.
Por esta razón siempre he planteado que la ONU
debe estar en el centro de los esfuerzos para construir un mundo en paz.
En cuestiones como la ayuda a los refugiados,
la resolución de conflictos y la pacificación, la
ONU ha sido el escenario de esfuerzos poco
reconocidos para la creación de lo que podríamos
llamar una red global de seguridad. La pérdida de
estas funciones incrementará notablemente el
sufrimiento de las personas en todo el mundo.
Algunos años atrás, me reuní con el entonces
secretario general Boutros Boutros-Ghali
(1992-1996) para destacar que, en función de las
expectativas que genera y las tareas que se le
encomiendan, la ONU recibe apenas un mínimo
apoyo. No se trata de una institución que carece
de poder por naturaleza. Lo que es débil es la
voluntad de la comunidad internacional para
resolver los problemas en el marco de la ONU, lo
que limita su capacidad para ejercer sus funciones.
Siempre he tratado de contribuir a crear un
ambiente más estable para la ONU, urgiendo a los
líderes mundiales con los que me he reunido a que
le ofrezcan mayor apoyo. Por la misma razón,
todas mis propuestas de paz destacan los logros
de la ONU y sugieren nuevas vías para trabajar a través de ella.
Los miembros de SGI siempre han cooperado con
las agencias de la ONU y las organizaciones no
gubernamentales para despertar una mayor
conciencia en asuntos como el desarme y el
ambiente, y para promover una ética ciudadana
global. Nuestra actitud no es la de observar
desde un costado, esperando para ver si la ONU
tiene éxito o fracasa. Queremos desarrollar un
sentido de responsabilidad más profundo,
preguntándonos qué podemos y qué debemos hacer
para que el foro mundial funcione con eficacia.
Mahatma Ghandi dijo que la bondad viaja a la
velocidad de un caracol. No se logra nada
lamentándonos por las limitaciones de la ONU o
reaccionando cínicamente ante las duras
realidades del mundo. Lo que importa es el
esfuerzo sostenido para construir la clase de
solidaridad entre los pueblos que será una fuente
de apoyo consistente para las actividades del organismo mundial.
La experiencia acumulada y la sabiduría
obtenida por muchos países y personas que
trabajan a través de la ONU son de un valor
inmenso. Estoy convencido de que en el futuro
esto será visto como el mayor tesoro legado a la
humanidad por nuestra generación.
-- ¿Cuán imperativo es el diálogo entre las
naciones para poner fin al creciente fanatismo e
intolerancia que caracterizan hoy al mundo?
-- Es imposible contener, y mucho menos resolver,
las amenazas planteadas por el extremismo y la
intolerancia a través de la fuerza militar. Pero
la voluntad de dialogar, sobre todo si está
limitada exclusivamente a una de las partes, no
llevará por sí sola a una solución inmediata.
La vida no es tan simple. El hecho es que hay
casos en los que parece no haber un socio para el
diálogo, o que la carga del pasado hace que ese diálogo resulte imposible.
Pero, sin importar cuán justificado puede
aparecer, recurrir a la violencia y a la fuerza
no resuelve nada. Los odios de una generación se
reproducen en la siguiente, y el conflicto se profundiza y prolonga.
Si no logramos quebrar estos ciclos de odio y
venganza, las raíces de la violencia
permanecerán. Creo que, a pesar de la magnitud
del desafío, un persistente y valeroso esfuerzo
tendiente al diálogo es la única manera de
superar el extremismo y la intolerancia entre los pueblos.
-- ¿Qué grado de confianza tiene respecto de que
algunos, o la mayoría, de los objetivos de sus
propuestas de paz se concreten en la próxima década o en esta generación?
-- El segundo presidente de SGI, Josei Toda, de
cuya muerte se cumplen 50 años en 2008, decía con
frecuencia que su compromiso era eliminar la
palabra "miseria" del vocabulario humano. Durante
su vida fue mi maestro y su determinación para
concretar su sueño es el sustento de mis propios esfuerzos.
Hay en el mundo cientos de millones de
personas que sufren el impacto de la guerra y los
conflictos, la pobreza y el hambre, la
destrucción del ambiente. Mis propuestas se basan
sobre la aspiración a que se las fortalezca para
que puedan dejar atrás los sufrimientos de sus vidas.
No soy un político ni un experto en política.
Estoy seguro de que mis propuestas son
incompletas. Continúo escribiendo y formulándolas
como un ciudadano común con la esperanza de que
ayudarán a profundizar el debate de temas de
vital importancia y servirán para la búsqueda de
una salida a nuestras presentes dificultades.
Tengo una profunda fe en la capacidad de los
jóvenes. Creo que no hay nada que no puedan
hacer, que no existe realidad que no puedan
cambiar, si se proponen hacerlo. Al formular mis
propuestas, mi mayor esperanza, mi determinación
y mi compromiso es sembrar la semilla del cambio en el corazón de los jóvenes.
(FIN/2008) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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