CAMBIO CLIMÁTICO: Un juego de avaros
Por
Stephen Leahy*
TORONTO, abr (IPS) - Cada vez hay más pruebas de
que el cambio climático puede instalar un caos en
el futuro como ningún otro fenómeno que se haya
conocido, según una original investigación
publicada en una prestigiosa revista científica estadounidense.
Tomar medidas colectivas a tiempo para evitar
lo peor significa recompensar acciones
sustentables, castigar a los que contaminan y
felicitar públicamente a aquellos que tratan de proteger el ambiente, prosigue.
Todas las naciones fijarán un objetivo y un
cronograma para reducir las emisiones de gases de
efecto invernadero liberadas por la quema de
combustibles fósiles cuando se reúnan en
Copenhague a fines de 2009 con motivo de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.
La mayoría de los científicos atribuyen el
recalentamiento del planeta a los llamados gases
invernadero como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso.
Numerosos científicos insisten en que el
objetivo que debe fijarse para 2020 debe ser una
reducción de entre 25 y 40 por ciento, respecto
de las cifras registradas en 1990.
¿Podrá la comunidad internacional alcanzar
ese objetivo colectivo mediante acciones
individuales cuando todo el mundo sufre de forma
individual las consecuencias de no lograr la
meta? La respuesta sencilla es: no.
Al menos ése fue el resultado de un
experimento realizado para evaluar la capacidad
de las personas para lidiar con ese tipo de situación.
"La gente no actúa con racionalidad, ni
siquiera para proteger a sus propios intereses",
observó Manfred Milinski del Instituto Max Planck
de Evolución Biológica en Plon, Alemania.
El experimento de Milinski es un juego sencillo.
Seis jugadores reciben 40 euros (poco más de
62 dólares) en sus cuentas privadas. En cada
jugada deben transferir de forma anónima entre
cero, dos y cuatro euros (alrededor de tres y
seis dólares) a una "cuenta climática" colectiva.
Después de 10 jugadas, el juego termina y la
cuenta climática debe tener al menos 120 euros
(más de 187 dólares). Si se alcanza o se supera
esa cifra, el clima se salva y cada jugador puede
quedarse con la cantidad que quedó en su propia cuenta.
Pero si no llegan a depositar los 120 euros,
hay 90 por ciento de posibilidades de que el clima y los jugadores pierdan.
Diez grupos jugaron y sólo cinco alcanzaron
el objetivo, y éstos lo hicieron por poco. Un
resultado sorprendente si se tiene en cuenta que
a todos se les mencionó los graves riesgos que supone el cambio climático.
Si en cada jugada todos contribuían con dos
euros (poco más de tres dólares), se lograba el
objetivo, se salvaba el clima y los jugadores se
llevaban 20 euros (unos 31 dólares) en el
bolsillo. Simple. Todo el mundo ganaba.
"Todos los grupos debieron logar el
objetivo", dijo Milinski a IPS, al explicar el
estudio publicado por la revista científica
estadounidense Proceedings of the National
Academy of Sciences, (conocida por sus siglas en inglés PNAS) el 19 de febrero.
¿Qué pasó entonces?
Los jugadores comenzaron aportando dos o
incluso cuatro euros, pero luego se detuvieron
con la esperanza de que otros aportaran por ellos
y así quedarse con más dinero en sus cuentas
personales. Al parecer, la actitud avara de una
persona fue imitada por las otras.
Pero hacia el final del juego, al ver que no
se llegaba al objetivo y todos perderían, las
contribuciones se dispararon. Para la mitad de
los grupos ya era demasiado tarde y por unos pocos euros no alcanzaron la meta.
"Fue el experimento más frustrante que haya hecho", indicó Milinski.
Los resultados lo llevan a preocuparse de los
problemas graves que afronta la humanidad.
El juego fue con pequeños grupos de
universitarios con conocimientos de la situación
a quienes se dio una consigna clara y reglas
simples para salvar el clima. Aun así, sólo la
mitad pudo dejar sus propios intereses de corto plazo de lado para lograrlo.
"Cuanto más grandes son los grupos, menor es
la cooperación", apuntó Milinski. "Y muchas
personas desconocen la amplitud del problema
climático. Es mucho más complicado en el gran
juego de las negociaciones" políticas al respecto.
En la realidad es obvio que Canadá y Estados
Unidos son los "free-riders" ("usuarios
abusivos"), en tanto Gran Bretaña hace un "juego
limpio" y otros países como Suecia son
"altruistas", aportan más de lo que les corresponde para reducir las emisiones.
La cooperación mejora con el aprendizaje,
indicó Anna Dreber, investigadora de la
Universidad de Harvard y coautora de un
comentario acerca del estudio de Milinski
publicado también en la revista científica PNAS.
"Si los grupos que perdieron vuelven a jugar,
podrán aprender y obtener un mejor resultado", dijo Dreber a IPS.
Dreber saca esperanzas de otra versión del
juego de Milinski con menos posibilidades de
salvar el clima, pero algunas personas
invirtieron igual su dinero. Posiblemente fue el
resultado de haber recibido instrucciones previas
acerca del peligro que supone el cambio climático.
"Estas observaciones también sugieren que las
personas están dispuestas a apostar por el clima", escribió Dreber.
Pero si a la gente se le hace creer que el
riesgo es pequeño, entonces no colaborarán. Las
personas deben estar bien informadas de los
peligros que supone el cambio climático y
entonces se sentirán más inclinadas a colaborar, concluyó Milinski.
También es muy importante reconocer y
felicitar a personas, organizaciones y países
como Suecia que luchan para proteger el ambiente, indicó Dreber.
Ellos son miembros valiosos de la comunidad
mundial. De esa forma aumenta la posibilidad de
que otros cooperen y sigan su ejemplo. Los
"usuarios abusivos" no son bienvenidos y entonces
tienen menos probabilidades de recibir ayuda de otros actores.
La prensa tiene un papel importante que
desempeñar, no sólo informando de los graves
peligros que conlleva el cambio climático sino
mejorando la reputación de aquellos que abordan el problema, remarcó.
"Todavía no hay un liderazgo firme en
cuestiones climáticas por parte de intereses
filántropos, empresariales y de los medio de comunicación", añadió Dreber.
Las acciones contaminantes deben ser
señaladas como tales. Dreber sugiere que algunos
vehículos pueden llevar autoadhesivos que
adviertan: "Este automóvil es altamente
ineficiente. Sus emisiones inciden en el cáncer
de pulmón y en un cambio climático peligroso".
No es realista esperar que los dirigentes
políticos del mundo vayan a resolver el problema
en la Convención Marco de las Naciones Unidas
sobre Cambio Climático del año que viene en Copenhague, subrayó Milinski.
Las personas deben darse cuenta de que el
dióxido de carbono en la atmósfera se eleva con
rapidez y que al igual que sus hijos están en
peligro. Tenemos que cambiar nuestra forma de
vivir a fin de reducir el uso de combustibles fósiles, señaló.
* Este artículo es parte de una serie de cuatro
sobre los cambios psicológicos y de
comportamiento necesarios para reducir la temperatura del planeta.
(FIN/2008) Envíe sus comentarios al editor |