DESARROLLO-AMÉRICA LATINA: Eliminando pobreza a bajo costo Por Mario OsavaRÍO DE JANEIRO, abr (Tierramérica) - El éxito de
países pioneros en reducir la desigualdad y la
pobreza con recursos relativamente bajos,
expandió en América Latina los programas de ayuda
directa en dinero, con foco en las familias más
vulnerables, especialmente rurales.
La llamada "transferencia condicionada de
ingresos" oculta muchas diferencias en las
estrategias adoptadas en más de una docena de
países latinoamericanos. Son masivas en Brasil y
México pues llegan, respectivamente, a 11,1
millones y cinco millones de familias pobres,
mientras se limitan a sólo 1.500 en Colombia.
Chile Solidario, usualmente incluido en la
misma categoría, "no es comparable ni en monto ni
en objetivo a otros programas", como el brasileño
Beca-Familia y el mexicano Oportunidades, señaló
Verónica Silva, secretaria ejecutiva del Sistema de Protección Social chileno.
El programa chileno, creado en 2002, atiende
hoy a 290.000 familias, casi 40 por ciento
rurales. "La incidencia es mucho mayor en zonas
rurales porque si quieres encontrar al más pobre
entre los pobres de Chile sólo tienes que buscar
a una mujer jefa de hogar de una zona rural y que
además sea indígena", explicó Silva a Tierramérica.
El foco es la extrema pobreza, que afectaba a
5,6 por ciento de la población chilena en 2000,
sector tan marginado que desconoce las redes de
protección social, a las cuales se trata de
sumarlo con apoyo psicosocial y un bono mensual
para costear los trámites, que declina de 28 a
ocho dólares durante los dos años del proceso.
"La reducción en pobreza e indigencia fue de
20 por ciento para los hogares rurales
beneficiarios del sistema", según la última
evaluación del Banco Mundial, que provee
asistencia técnica a Chile Solidario. Datos
oficiales indican que en 2006, "por primera vez,
la incidencia de la pobreza en áreas rurales fue
inferior a la de áreas urbanas (12,3 y 14 por ciento)".
El Banco Mundial estima que Chile Solidario
es responsable de 18 por ciento de la reducción
de la indigencia y de 35 por ciento de la pobreza.
La brasileña Beca-Familia, creada en 2003
unificando programas sociales de los años 90,
alcanzó su meta de atender a 11,1 millones de
familias en 2006. Ofrece mensualmente entre 10,5
y 100 dólares a cada grupo familiar,
condicionados a la asistencia escolar de los
hijos, cuidados de salud y nutrición.
El programa logró reducir 21 por ciento la
desigualdad entre ricos y pobres entre 1995 y
2004, resultado idéntico al de Oportunidades en
México, según el Centro Internacional de Pobreza
del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Entre 1993 y 2006, los pobres brasileños
pasaron de 35,3 por ciento a 19,3 del total de
habitantes. La Beca-Familia y el programa
Beneficio Continuado, una pensión a ancianos y
minusválidos, tuvieron "un papel fundamental" en
ese logro, dijo a Tierramérica el experto en
políticas sociales Marcelo Neri, de la Fundación Getulio Vargas.
Sólo en 2006, cerca de 5,8 millones de
personas dejaron de ser pobres en este país de unos 188 millones de habitantes.
La pobreza en el campo se redujo de 63,7 a
40,9 por ciento entre 1993 y 2006. La jubilación
social rural, asegurada constitucionalmente
incluso a los trabajadores informales, ofrece hoy
un salario mínimo (245 dólares) a 7,7 millones de
campesinos y también contribuyó a ese resultado,
pese a su costo fiscal elevado.
Como contrapartida, hay una carga tributaria
de 35 por ciento del producto interno bruto
(PIB), propia de países muy ricos, observó Neri.
Pero la Beca-Familia presenta los mejores
resultados con el costo proporcionalmente más
bajo, de sólo 0,7 por ciento del producto, destacó.
Ésta beneficia a los niños, en contraste con
los ancianos jubilados, y dinamiza la economía
local, ampliando un mercado de alimentos
producidos por pequeños agricultores, acotó.
Así se reduce también la pobreza rural. La
adquisición de alimentos es el principal destino
de la beca, lo que promueve la agricultura
familiar y el pequeño comercio local, apuntó
Rosani Cunha, secretaria de Ingreso de Ciudadanía
del Ministerio de Desarrollo Social.
De las familias atendidas por la beca el año
pasado, 30,8 por ciento eran campesinas,
proporción muy superior al 18 por ciento de la
población rural de Brasil, por la mayor incidencia de la pobreza en el campo.
Las estadísticas muestran más asistencia
escolar, especialmente en el norte y el Nordeste,
las regiones más pobres, reduciendo el riesgo de
pobreza de futuras generaciones y desmintiendo
"el efecto pereza" que señalan los críticos, sostuvo Cunha a Tierramérica.
En Pombal, un municipio pobre del nordestino
Paraíba, una mujer que usó parte de la beca para
criar gallinas y así pudo renunciar a la ayuda,
se convirtió en ejemplo de iniciativas que
permiten "salidas" del programa, ejemplificó.
Pombal, con 3.710 familias beneficiadas en
una población de 33.000 habitantes, ha visto
varios centenares de grupos familiares que
salieron del programa. Su alcaldía se apresta a
iniciar un proyecto de avicultura con 25 familias iniciales.
El catastro, que incluye a todas las familias
pobres, es "un importante instrumento" de
integración y fortalecimiento de otras políticas,
como las de seguridad alimentaria y vivienda, lo
que genera sinergias, dijo a Tierramérica la
asistente social de la alcaldía, Cizia Romeu.
El programa brasileño se distingue por su
descentralización. Las autoridades locales asumen
buena parte de la responsabilidad, puesto que
algunas condicionalidades, como escuela y salud,
dependen de municipios y estados, observó Cunha.
Fue en México donde surgió en 1997 el primer
programa masivo de transferencia condicionada de
ingresos bajo el nombre de Progresa, luego
sustituido por Oportunidades, en respuesta a la
crisis económica de 1994 y 1995.
Entre 2000 y 2006 la pobreza mexicana cayó de
53,6 a 42,6 por ciento y la mortalidad infantil
disminuyó 11 por ciento, en gran parte gracias al
programa que empezó con 300.000 familias y hoy
ayuda a cinco millones en 96.000 localidades marginadas, 86 por ciento rurales.
Sin embargo, "no parece haber evitado la
migración ni se ve un impacto directo en los
problemas económicos del campo", que dependen de
otros factores, como crédito, riego y calidad de
la tierra, pero sí "ayuda a muchas familias a
mantenerse en la tierra", según Santiago
Fernández, consultor que evalúa proyectos sociales.
"Los jóvenes terminan migrando", debido a la
pobreza y a la atracción de las grandes ciudades
y Estados Unidos, si bien Oportunidades "ha dado
una mejora en la situación de muchas familias, y
los datos lo dicen", reconoció a Tierramérica.
En Colombia, el programa Familias en Acción,
nacido en 2001, tiene un impacto limitado a 1.500
grupos familiares con subsidios para alimentación
y educación de entre 8,5 a 27 dólares, entregados
casi exclusivamente a las madres.
Pero responde a una particularidad
colombiana, la población desplazada del
campo por el conflicto armado. "El beneficio fue
muy grande, como caído del cielo", dijo Fernando
Parra, desplazado en 2001 del sureño departamento
de Huila, con una familia de 11 personas, y hoy
líder comunitario en Ciudad Bolívar, suburbio
pobre de Bogotá, donde viven muchos que huyeron de la guerra.
"Me gusta mucho el programa, pero no hay
inscripciones ahora y hay mucha gente que lo está
necesitando", lamentó Rubiela Castro, de Usme, un
conjunto de barrios del sudoriente bogotano.
* Con aportes de Daniela Estrada (Santiago),
Diego Cevallos (México) y Helda Martínez (Bogotá). Artículo de la serie Voces de la Tierra, publicado originalmente el 19 de abril por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.(FIN/2008) Envíe sus comentarios al editor |