BRASIL: Alcohol contaminado por etanol estadounidense
Por
Mario Osava
RÍO DE JANEIRO, 9 may (IPS) - El reciente esfuerzo
del presidente Luiz Inácio Lula da Silva para
disociar el etanol brasileño del estadounidense
reconoce el grave error político que fue para
Brasil firmar un acuerdo con Washington destinado
a promover un mercado mundial del biocombustible.
El alcohol carburante brasileño, de caña de
azúcar y que lleva más de 30 años sustituyendo
parte de la gasolina consumida en el país, era
reconocido como parte de la solución al
recalentamiento global, por reducir los gases del
efecto invernadero emitidos por los combustibles fósiles.
Pero en los últimos meses sufrió el alud de
críticas contra todos los biocombustibles, como
causa del alza de precios de los alimentos,
calificados incluso de "un crimen contra la
humanidad", por el ex relator de las Naciones
Unidas para el Derecho a la Alimentación, el suizo Jean Ziegler.
El memorando firmado en marzo de 2007, para
una alianza entre Brasil y Estados Unidos en el
fomento a la producción de etanol en otros países
tropicales, la cooperación tecnológica y la
definición de normas técnicas, fusionó los
biocombustibles de ambos países en términos de imagen internacional.
Además, la impopularidad mundial del
presidente George W. Bush y de su guerra contra
Iraq pudo haber contribuido al rechazo que sufre
el etanol, alcanzando también al producto brasileño.
Bush anunció en enero de 2007 la audaz meta
de reducir en 20 por ciento el consumo de
gasolina en su país, sustituyéndola principalmente por etanol en 10 años.
La brutal carestía de los alimentos desde el
año pasado, que causa protestas violentas en
decenas de países pobres, generalizó las
acusaciones contra el etanol y el biodiésel por
agravar esa tendencia, antes limitadas a sectores
ambientalistas y a líderes políticos como el
cubano Fidel Castro y el venezolano Hugo Chávez.
El único error en la promoción de los
biocombustibles fue "la decisión estadounidense
de producir alcohol de maíz", dijo Lula el mes
pasado de visita en Ghana, donde Brasil apoyará
proyectos de etanol con su tecnología. Desde
entonces viene insistiendo en las diferencias
entre los programas brasileño y estadounidense.
El etanol de Brasil, siempre referido como
alcohol, por derivar de la caña es mucho más
eficiente en reducir las emisiones invernadero
que el maíz, además de mucho más barato. El
mercado estadounidense no se ha visto invadido
por el producto brasileño gracias a fuertes
barreras arancelarias y a subsidios que abaratan
el etanol local para los consumidores.
El acuerdo con Estados Unidos fue un error,
según crecientes manifestaciones de analistas y
empresarios brasileños, como Rubens Ricúpero, ex
ministro de Hacienda y ex secretario general de
la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad).
"No creo que el memorando de entendimiento
entre Brasil y Estados Unidos pueda ser
responsabilizado" de las críticas que alcanzaron
al alcohol brasileño, reaccionó André Nassar,
director del Instituto de Estudios de Comercio y Negociaciones Internacionales.
La dificultad de la opinión pública para
distinguir entre los dos "etanoles" es inevitable
incluso sin esa asociación, que se limita a
cuestiones técnicas, cooperación e inversiones en
terceros países, dijo Nassar a IPS.
"El problema central es el modelo de Estados
Unidos", admitió. El impacto del etanol de maíz
sobre los precios sería mucho menor sin los altos
aranceles y los subsidios que protegen la
producción estadounidense, y muchos ya empiezan a
separar el etanol brasileño del estadounidense,
así que eso es "cuestión de tiempo", acotó.
"Fue un error, pero no irreversible", evaluó
Roberto Kishinami, consultor del Ministerio de
Medio Ambiente de Brasil como experto en energías
renovables. Recuperar el prestigio del alcohol
brasileño "exigirá un trabajo hercúleo", dijo a IPS.
Brasil tendrá que "crear una identidad" para
su etanol, porque el sector cañero está
envenenado también por la imagen negativa de su
pasado colonial y esclavista, y por los actuales
"usineros", empresarios del azúcar que persisten
en sus prácticas ilegales, de escaso respeto a
los trabajadores y al ambiente, diagnosticó
Kishinami, ex director de Greenpeace en este país.
Esa identidad exige apartarse de la imagen de
los "usineros", adoptando relaciones laborales,
sociales y ambientales ejemplares, beneficiando a
toda la cadena productiva con una parte de las
gigantescas ganancias que deja el precio actual
del petróleo, ya que producir alcohol en Brasil
cuesta menos de la mitad que el precio de la gasolina, destacó Kishinami.
Ese costo seguirá siendo inferior al del
etanol de celulosa, considerado de segunda
generación y cuya tecnología se busca viabilizar
sobre todo en Estados Unidos, pero también en Brasil, aseguró.
Sobre la ventaja ambiental de la caña frente
al maíz no hay dudas, ya que el etanol de maíz
provoca casi la misma cantidad de emisiones que
la gasolina, mientras el de caña evita 87 por
ciento de esa contaminación, apuntó.
El etanol estadounidense es menos eficiente y
causó grandes aumentos de precios alimentarios,
pero el brasileño "no es inocente" y también
contribuyó al problema, sostuvo a IPS el profesor
de relaciones internacionales Argemiro Procópio, de la Universidad de Brasilia.
"Ziegler tiene razón", la caña desplazó
también siembras de arroz, frijoles y soja,
empujando la frontera agrícola y agravando
indirectamente la deforestación en la Amazonia,
acotó Procópio, autor de "Subdesarrollo
sustentable", libro recién publicado sobre ese y otros males brasileños.
La promoción del etanol a escala
internacional, según Procópio, manchó la imagen
del presidente Lula, que inició su gobierno en
2003 con una "brillante" campaña contra el hambre en Brasil y en el mundo.
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