POLÍTICA: 1968 y la década del caos Análisis de Mario OsavaRÍO DE JANEIRO, may (IPS) - 1968 es un año símbolo,
pero no necesariamente un año síntesis.
Acontecimientos espectaculares, violentos y
multitudinarios le imprimieron el sello de
revolucionario, pero definir la naturaleza de esa
revolución es lo arduo. Los enigmas y las polémicas se han hecho interminables.
Ampliar el foco a la década ayuda a entender
el contexto en el que 1968 ingresó a la historia,
con la insurrección estudiantil de mayo en
Francia, la invasión de tropas soviéticas a
Checoslovaquia, y la ofensiva del Tet que
determinó la derrota de la intervención
estadounidense en Vietnam. Algunos autores
franceses se refieren a los "años 1968".
Años más o menos, en la década de 1960 surgió
en Italia la reacción contra los manicomios, se
vivió el auge de las luchas negras por los
derechos civiles en Estados Unidos, nacía el
movimiento de los homosexuales, el feminismo se
volvía más complejo, ampliando sus objetivos de
la simple igualdad a la equidad de género y los
derechos reproductivos. El ecologismo daba sus
primeros pasos, despertando a la importancia vital de la diversidad biológica.
El reconocimiento de la diversidad como valor
y principio vital, contrariando siglos de
entronización de la homogeneidad --"masificación"
era el término de la época-- fue una
transformación que el mundo sufrió en aquella década.
Pasó a estar a la orden del día el respeto a
la diversidad étnica, sexual, humana, biológica,
de pensamiento, religiosa, cultural. En este
aspecto, el tropicalismo brasileño estuvo más
acorde con los nuevos tiempos que otras
corrientes artísticas y que los propios militantes revolucionarios.
La industrialización de las sociedades había
exacerbado la esquematización de casi todo, en
nombre de la productividad. La familia debía
tener padre, madre y dos hijos (desde el salario
mínimo hasta los automóviles fueron concebidos
para cuatro personas), la escuela era una fábrica
de profesionales calificados. Casas, ropas,
comidas, carreras, todo lo más parecido posible,
hecho en una línea de producción.
El ideal de uniformización no tenía
ideología, de allí que el comunismo lo llevara
más a fondo, con la vigencia de partidos únicos
que intentaban extirpar las ideas disidentes.
Esta tendencia se hizo más evidente en la
alimentación, por ejemplo. En el transcurso de su
historia, la humanidad se alimentó de unas 10.000
especies vegetales, hoy reducidas apenas a 150, y
con más de la mitad del volumen consumido
concentrado en sólo cuatro: arroz, papa, maíz y
trigo. Este es uno de los factores de la actual crisis alimentaria.
Las nuevas perspectivas de supervivencia de
los indígenas con sus lenguas y culturas, como
pueblos con identidad propia, también son
producto de la "revolución de la diversidad" que
puede ubicarse en los años 60, así como la libre
opción sexual, la ciudadanía de las personas con
deficiencia y la idea de inclusión en general.
El ser indígena ya no es, como se creía, un
estadio prehistórico que se supera con la extinción o la asimilación.
No se trata sólo de valores o derechos
reconocidos, sino también del enriquecimiento de
la humanidad, de mayor creatividad y, a menudo,
de nuestra supervivencia. Pero son ideas que
demoran en arraigar. Sólo ahora, Bolivia y
Ecuador buscan definirse como estados
plurinacionales, y en Brasil aún hay generales
que ven los territorios indígenas en la frontera
como amenazas a la soberanía nacional.
América Latina obtuvo su potencial de
agitación política con la Revolución Cubana y el
"Ché" Guevara asumiendo la misión de diseminar
guerrillas, hasta ser asesinado en 1967 en
Bolivia. Los grupos insurgentes se volvieron
habituales, inclusive en la próspera Europa.
La rebelión de 1968 devino pandémica sobre
todo por el movimiento estudiantil. En Brasil
desafió a la dictadura con la "Passeata dos Cem
Mil" en Río de Janeiro y con otros choques
callejeros con la policía, hasta la captura y
prisión de toda su dirigencia en octubre de aquel año.
En México, los estudiantes tuvieron como
respuesta la masacre de la plaza de Tlatelolco,
con decenas o cientos de muertos, nunca se ha
sabido con certeza. Alemania, Estados Unidos,
Italia, Japón y otros países ricos y democráticos
también reprimieron con violencia a sus jóvenes.
El mayo francés fue emblemático por la
amplitud de la sublevación y de los
cuestionamientos. Las barricadas de París
contagiaron a millones de trabajadores que
paralizaron el país, ocupando unas 300 fábricas.
"Prohibido prohibir", "abajo el Estado", "la
imaginación al poder", "sé realista, pide lo
imposible" o "no confíes en nadie mayor de 30
años" fueron lemas imperativos de los manifestantes.
La furia del rechazo a todo fue el grito de
libertad de una juventud emergente que ya no
podía tolerar las camisas de fuerza heredadas.
La píldora anticonceptiva existía desde 1960,
pero la moral vigente reprimía el sexo. Nada de
relaciones sexuales antes del casamiento. Las
religiones eran omnipresentes y castradoras. Ser
ateo era casi un crimen. Y el pelo largo una
señal de delincuencia. El orden jerárquico era
absoluto, casi militar, en las relaciones
familiares, laborales y escolares y entre el Estado y la sociedad.
Europa prosperaba, con un sistema de
protección social sin precedentes. Pero era una
euforia de reprimidos, al menos para los estudiantes.
Hoy cuesta imaginar que la segregación racial
era legal en muchos estados estadounidenses hasta
1964, cuando se aprobó la Ley de Derechos
Civiles, reivindicación del movimiento negro
cuyas protestas se volvieron masivas a partir de
1955. En aquel año, Rosa Parks se negó a ceder su
asiento en el autobús a un blanco, iniciando una
rebelión contra la ley segregacionista de
Alabama. En 1968 fue asesinado Martin Luther King, el principal líder negro.
La intolerancia reinante se agravaba por la
guerra fría, que aterrorizaba al mundo con la
inminencia de una conflagración nuclear y
cercenaba la actividad y las ideas políticas con las "fronteras ideológicas".
En Brasil o se era parte de la " civilización
occidental, cristiana y democrática" o comunista,
y por tanto sujeto a prisión y torturas a partir de 1964.
La cosa no era muy diferente del otro lado de
la "cortina de acero". La invasión de
Checoslovaquia en agosto de 1968 sofocó un
intento de flexibilizar el régimen con un
"socialismo de rostro humano". Muchas
insurgencias de entonces fueron esfuerzos para
crear un socialismo distinto del soviético, y en
ese aspecto la Revolución Cubana fue una esperanza frustrada.
Pero fue también una época extremadamente
creativa. No sólo dio origen a los más diversos
movimientos, sino a una gran variedad de nuevas
ideas y creaciones artísticas. Los grandes
compositores populares brasileños surgieron en
aquellos años, así como el educador Paulo Freire,
la iglesia progresista, la Teología de la Liberación.
Era un período de utopías, esperanzas y
generosas entregas. En África nacían nuevos
países independientes, algunos luego de
sangrientas guerras anticoloniales, como Argelia
--con un millón de muertos--, y con promesas
revolucionarias. También se intentaban
"revoluciones pacíficas", como la elección de
Salvador Allende en Chile, en 1970.
Fueron ilusiones, en la mayoría de los casos.
Allende murió en el golpe de Estado de Augusto
Pinochet, en 1973. Los gobiernos africanos
autoproclamados marxistas eran una imposibilidad
que acabó en guerras internas y corrupción.
Muchos manifestantes del mayo francés saludaron
la Revolución Cultural china, ignorando que ella
entrañaba la negación del espíritu libertario de los estudiantes.
No por casualidad, también en los años 60 se
desarrolló la "teoría del caos", o de los
sistemas dinámicos no lineales. Esos estudios
constataron que pequeñas alteraciones en un
sistema, antes consideradas despreciables, pueden
alterar por completo el resultado. Es el llamado
"efecto mariposa", el aleteo que puede provocar
tempestades del otro lado del mundo, un grado de
incertidumbre que fue incorporado a las ciencias.
"Todos somos sujetos" fue uno de los gritos
de 1968. El estudiante no es un "pre-ciudadano"
aún en formación. Las minorías, las mujeres,
todos son actores relevantes y con causas propias.
Se rompieron también las amarras de la
izquierda. La revolución y la lucha por
conquistas sociales dejaron de ser privativas de
los obreros y los sindicatos, como postulaban los
marxistas. Los movimientos sociales se
multiplicaron y ganaron las calles, desembocando
en la fragmentación actual. El mundo siempre fue
un mosaico no lineal, sólo que hasta entonces no era reconocido como tal.(FIN/2008) Envíe sus comentarios al editor |