DROGAS-PERÚ: Qué cocaleros son nuestros valles
Por
Ángel Páez
LIMA, jun (IPS) - Autoridades de las poblaciones
de los valles de los ríos Apurimac y Ene
expresaron su frustración al comprobar que el
narcotráfico en esa vasta zona del sur de Perú se
ha fortalecido en lugar de retroceder.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la
Droga y el Delito (Onudd) indicó que en esa área
se produce 50 por ciento de la hoja de coca que
se destina a la producción de cocaína. En esos
valles, conocidos por las siglas VRAE, confluyen
los andes y la selva amazónica. Abarca las
regiones de Apurimac, Ayacucho, Cusco y Junín.
Aunque el gobierno de Alan García anunció la
aplicación de una política decidida para expulsar
a los narcotraficantes, mediante un programa
combinado de lucha contra la pobreza y de
enfrentamiento a las mafias de la cocaína, las
cifras del estudio de la Onudd son desalentadoras
y las autoridades no les han dado demasiada publicidad.
Entre 2006 y 2007, señala, los cultivos de
coca crecieron 27 por ciento en Colombia, cinco
por ciento en Bolivia y cuatro por ciento en
Perú. Pero, al mismo tiempo, la producción
potencial de cocaína cayó en ese período cuatro
por ciento en Colombia, mientras que aumentó 11
por ciento en Bolivia y cuatro por ciento Perú.
La diferencia radica en que la producción
boliviana es de 104 toneladas frente a las 290 de Perú, indica el informe.
Los narcotraficantes han establecido en el
VRAE sólidas bases para asegurarse entre cinco y
seis cosechas de hoja de coca al año, frente a un
promedio de tres a cuatro en los otros valles cocaleros peruanos.
Existe la esperanza de que quizás para fines
de este año comiencen a manifestarse los
resultados de la inversión realizada por el
gobierno de García. A fines de 2007, anunció la
ejecución de un presupuesto de 51,7 millones de
dólares en proyectos de desarrollo social, con
especial énfasis en la construcción de carreteras
y la electrificación de las poblaciones.
Se estima que 80 por ciento de los habitantes
del VRAE viven en la pobreza. La gran mayoría son campesinos cocaleros.
Pero la prioridad del Poder Ejecutivo,
aparentemente, es la lucha contra la más
combativa columna remanente del maoísta Sendero
Luminoso, que ha convertido al VRAE en su
santuario en alianza con el narcotráfico. Para
2008, el Ministerio de Defensa requirió una
ampliación de presupuesto de 62,7 millones de
dólares exclusivamente para las acciones militares en esa región.
Los fondos destinados a la estrategia
antisubversiva superan en 17,5 por ciento a los
dedicados a los programas para erradicar la
pobreza en el VRAE, el principal centro de
producción de cocaína en Perú. Y esa diferencia
es notada por las autoridades locales.
Eduardo Urbano Méndez, alcalde de Ayna y
presidente de la Asociación de Municipalidades
del VRAE dijo a IPS que "en educación hay poca
asistencia del gobierno, mientras que en transporte y salud no hay nada".
En educación, "nosotros como alcaldes pagamos
a los maestros y es un problema, porque tenemos
otras necesidades que cubrir. Pero es el Estado
nacional el que debe pagar a los profesores", agregó.
"Tenemos infraestructuras educativas
antipedagógicas, falta de mobiliario y apoyo
presupuestario para las escuelas. Nuestros
docentes no tienen acceso a cursos de
capacitación y carecemos de instituciones de
enseñanza superior para nuestros hijos", se quejó.
Méndez dijo que la atención de la salud se
encuentra en peores condiciones. "No hay
ambulancias ni material quirúrgico y mucho menos
especialistas. Los hospitales han perdido
categoría por falta de equipos médicos. Los que
fueron hospitales ahora son centros de salud.
Existen altas tasas de mortalidad de madres y
niños y una alta incidencia de enfermedades como
el paludismo y la fiebre amarilla. Tomamos agua
del río, de allí las infecciones", afirmó.
En el VRAE se pagan en promedio 850 dólares
por kilogramo de cocaína, precio que trepa hasta
1.500 dólares en Lima, 25.000 en Estados Unidos y
hasta 35.000 dólares en Europa.
Dado que en la región se produce 50 por
ciento del total de la cocaína peruana, y que en
2007 se elaboraron alrededor de 290 toneladas,
las mafias del narcotráfico locales embolsaron en
ese año alrededor de 123,2 millones de dólares.
"Por eso la gente se dedica a la actividad
ilícita. No hay otra salida ante el total
abandono en que nos encontramos", dijo Méndez.
El presidente de la Federación de Productores
Agrarios del VRAE, Isdras Villar Quispe, señaló a
IPS que "el Estado tiene una estrategia militar,
pero no para el desarrollo agrario y sin embargo
es un punto clave. Sin estrategia agraria nada funciona".
El gobierno peruano, con la cooperación de
Estados Unidos y la Unión Europea, ha aplicado en
el valle del Huallaga un eficaz programa de
erradicación de cultivos de hoja de coca
concertado con los campesinos cocaleros, quienes
a cambio reciben fondos para dedicarse a la
siembra de productos agrícolas de exportación,
con mercados garantizados. En 2007 vendieron al
exterior por valor de unos 70 millones de dólares.
En el VRAE no existen programas de
erradicación de los cultivos ilegales, debido a
la presencia de Sendero Luminoso y los grupos
armados del narcotráfico, que por cierto también
existen en el valle del Huallaga.
"Los precios de los productos alternativos
son muy bajos y ningún programa del Estado nos
presenta opciones atractivas que
puedan suplantar nuestros cultivos de hoja de
coca. El cacao, café y achiote, una planta que se
emplea como colorante, no tienen precio fijo", argumentó Quispe.
"El año pasado los productores del VRAE
obtuvimos el primer lugar a nivel nacional por la
calidad del café y el cacao, pero aún así no hay
recompensa para el sacrificio de los campesinos.
Por el contrario, nos castigan con el abandono
absoluto. Por ejemplo, no tenemos carretera para
trasladar los productos que cosechamos. El
transporte es un sueño postergado por muchos años", agregó.
El presidente de la Comisión Nacional para el
Desarrollo y Vida sin Drogas, el organismo
nacional para la lucha contra el narcotráfico,
Rómulo Pizarro, señaló a IPS que "la
responsabilidad no es exclusivamente del Estado".
Según Pizarro, "en localidades del Huallaga
como Tocache y Uchiza, donde virtualmente no se
podía ingresar, se trabajó coordinadamente con
las autoridades locales y se compartieron responsabilidades".
"No sólo se trata de concentrar a militares,
policías y fiscales en las zonas de cultivo de
hoja de coca, sino también de aplicar programas
de desarrollo con una coalición de autoridades
locales y estatales y, por supuesto, con la cooperación internacional", apuntó.
Gran parte de la producción de cocaína "se
debe a la presión que ejercen los consumidores,
especialmente los de Europa", afirmó.
(FIN/2008) Envíe sus comentarios al editor |