DESMOND TUTU: ''Nacerá una nueva era con Obama' Bankole Thompson entrevista a DESMOND TUTUDETROIT, Estados Unidos, 31 oct (IPS) - El
arzobispo Desmond Tutu es el primer obispo
anglicano negro de Sudáfrica. Su acción contra el
régimen racista de su país fue decisiva para
derrotarlo en 1994, diez años después de recibir el premio Nobel de la Paz.
Hoy patrocina negociaciones internacionales
de paz. Líderes y gobiernos buscan su consejo, y
enseña los caminos de la justicia y la no
violencia en las principales universidades del mundo.
IPS dialogó con el hombre en quien el ex
presidente Nelson Mandela confió para sanar las
profundas heridas a la sociedad sudafricana tras
el infame apartheid (régimen de segregación
racial institucionalizada en perjuicio de la
mayoría negra) a través de la Comisión de Verdad y Reconciliación que encabezó.
La estadounidense Universidad de Michigan
entregó esta semana a Tutu la medalla Wallenberg por su labor humanitaria.
La actual crisis financiera mundial muestra
que algo está mal con el sistema de libre
mercado, dijo a IPS, en esta entrevista
exclusiva, el líder sudafricano, quien reclamó
una revisión profunda de los principios fundamentales del capitalismo.
Tutu señaló que los gobiernos africanos
deberían formar carteles para proteger sus
instituciones, así como las naciones occidentales
protegen a sus propias empresas financieras.
Además, lamentó que los líderes políticos y
religiosos de África no atendieran la situación
de Zimbabwe en los primeros años de su
independencia, en la década del 80, y manifestó
su optimismo ante la perspectiva de que el
candidato opositor Barack Obama llegue a la presidencia de Estados Unidos.
IPS: ¿Cómo cree que afectará la crisis
financiera mundial el avance hacia los Objetivos
de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio?
DT: Si no hay dinero de los países ricos,
será muy difícil que el mundo en desarrollo los
alcance. De todos modos, espero más atención
hacia el sistema económico internacional, porque
es lo que está en el fondo del problema en muchos aspectos.
Los países ricos deben revisar los principios
fundamentales del capitalismo. Creo que el
capitalismo tiende a alentar algunos de los
aspectos menos nobles del carácter humano.
IPS: Occidente le hace frente a la crisis
financiera mediante intervenciones de gobiernos y
bancos centrales. Pero la Unión Europea continúa
prescribiendo para África más liberalización
comercial y menos acción estatal. ¿Los gobiernos
africanos tienen la voluntad de resistirse a esas políticas?
DT: Estamos destinados a vivir en una
comunidad de interdependencia. Si continuamos
tratando a otros como marginados --y cuando son
marginados tienden a quedar colgados del lado más
fino de la rama--, estaremos en problemas. Aunque
nuestros países dialoguen desde una posición de
debilidad, quisiera que dijéramos: "No, queremos
una reforma fundamental del sistema económico."
Ellos dicen: "Liberalicen, no impongan
barreras comerciales." Pero, ¿qué hacen? En la
Unión Europea ofrecen todos esos subsidios
agrícolas masivos, de dos dólares al día por cada
vaca. En el mundo hay millones de personas que viven con menos de eso.
Ellos no dicen nada de esas barreras que le
dificulta a los países en desarrollo una
competencia justa con sus productos en esos
mercados. Pero a los países ricos les resultará
ahora incómodo decir que los gobiernos no deben
intervenir, pues intervinieron masivamente y aun
así dicen tener "empresas libres". Y no sé cuán "libres" son, realmente.
IPS: A los Acuerdos de Asociación Económica
(EPA) que negocia la Unión Europea con sus
antiguas colonias africanas se las percibe como
un límite al potencial de crecimiento y
desarrollo de África. ¿El continente debe imponer
salvaguardas en esos acuerdos internacionales?
DT: Los africanos tenemos ahora muchas más
posibilidades de hacerlo. Pero admitamos que,
hasta cierto punto, somos culpables, pues le
hemos abierto camino a líderes corruptos, a
personas que se preocupaban por sí mismas y no estaban para servir al pueblo.
Veamos, por ejemplo, lo que ocurrió en Zaire
(actual República Democrática del Congo), un país
muy rico. Sabemos, sin embargo, que los
gobernantes se embolsaron buena parte de esa
riqueza depositándola en bancos suizos o con otros mecanismos por el estilo.
Por lo tanto, también debemos decirles a
nuestros líderes: "Ustedes serán llamados a
rendir cuentas ante el pueblo. No usarán sus
cargos para enriquecerse. Ustedes están en ellos por el interés del pueblo".
IPS: Los gobiernos africanos han sido
criticados por no pararse con firmeza frente al
presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe. El acuerdo
político alcanzado allí entre el gobierno y la
oposición es muy frágil. ¿Qué sugiere usted?
DT: He dicho, desde el comienzo del
conflicto, que el modo en que actuamos como
líderes me mucha vergüenza. No me refiero sólo a
los líderes políticos. Los líderes religiosos y
de otros sectores no han visto el gran
sufrimiento de buena parte del pueblo sólo para
mantener en el poder a alguien que, por cierto,
tiene destacables antecedentes como combatiente por la libertad.
Durante los primeros 10 años de independencia
de Zimbabwe (en 1980) ni siquiera pensamos en las
masacres que ocurrían allí. Ayudamos a convertir
al país en un gran productor de cereales, pero lo
que sucede ahora (la hambruna) es horroroso.
Espero que (los gobiernos africanos) alcen más la voz.
IPS: La mayoría de las compañías estatales
africanas se vendieron a corporaciones
multinacionales. En la crisis en curso, Occidente
protege sus empresas. El presidente francés
Nicolas Sarkozy propuso la semana pasada al
Parlamento Europeo crear fondos soberanos para
proteger a sus compañías de "depredadores"
extranjeros. ¿Cuál es la lección para África?
DT: Bueno, espero que nuestros líderes hayan
aprendido que quizás deban formar… carteles, tal
vez. Que unan fuerzas y digan: "Nos negamos a que
sigan abusando de nosotros." Muchos de nuestros
países producen recursos que demanda el mundo
industrializado. Y debemos ser capaces de
decirles: "Queremos un trato más justo del que hemos tenido hasta ahora."
IPS: ¿Qué consecuencias tendría para África
una eventual presidencia de Barack Obama en Estados Unidos?
DT: Rezo para que los votantes
estadounidenses hagan lo correcto. Eso será,
creo, algo fantástico para los negros de todo el
mundo. Los que lo aclamaron en Alemania no eran
solo negros. Eso augura una nueva era. Nacerá una
nueva era cuando Obama se mude a la Casa Blanca.
A veces se habla de sentimientos
antiestadounidenses fuera de Estados Unidos. No
es ésa mi experiencia. Hay, por cierto,
resentimiento en muchas partes del mundo contra
un Estados Unidos arrogante y unilateral, al que
se ve como un niño pendenciero. Un país que se
niega a firmar el Protocolo de Kyoto cuando el
resto del mundo es consciente de que el cambio
climático es una amenaza muy real contra la mera
existencia de la humanidad. Un país que invade a
Iraq, algo que muchos ni siquiera imaginaban y
que se convirtió en un horrendo desastre.
Esperamos que el nuevo gobierno se quite de
encima la fea mancha de Guantánamo, que deje de
ser el país que hace posible que sucedan cosas
como (las torturas en la cárcel iraquí de) Abu Ghraib.
IPS: Sudáfrica volvió a captar la atención
mundial en los últimos meses. Usted ha sido muy
crítico del renunciante presidente Thabo Mbeki.
¿Qué espera de la actual transición?
DT: Uno de los hechos remarcables es que el
cambio fue pacífico. Es muy inusual que un
presidente africano renuncie antes del fin de su
mandato, como lo hizo Thabo Mbeki. Normalmente,
llaman a los militares y hay una gran masacre.
Nuestro nuevo presidente (Kgalema Motlanthe)
es una figura muy atractiva. Es un hombre
modesto, agradable. Algunos de los cambios que ha
hecho el nuevo gobierno son muy importantes.
Debíamos tener en el Ministerio de Salud a
alguien que diga cosas sensatas sobre el VIH/sida
(la nueva ministra es Barbara Hogan).
De todos modos, la brecha entre ricos y
pobres se profundiza. Habrá resentimiento. El
público se preguntará dónde está el dividendo de
la paz. Una de las primeras cosas que sacuden a
quien llega a Sudáfrica, cuando el avión vuela
sobre Ciudad del Cabo, son los tugurios.
Podría hacerse algo similar al Plan Marshall
(de ayuda económica, así llamado por el general
estadounidense George Catlett Marshall), gracias
al cual Europa volvió a ponerse de pie después de
la devastación de la Segunda Guerra Mundial.
Tenemos un gobierno que debe lidiar con el
legado del apartheid, pero también con demandas,
necesidades y expectativas actuales de la ciudadanía. Y eso es difícil.
Debo seguir recordándole a la gente que hemos
sido libres por apenas 14 años. Estados Unidos
logró la independencia en el siglo XVIII y aún
está luchando con las desigualdades. Los niveles
de pobreza en este país son chocantes.
Por eso, decimos: dennos tiempo, porque ya es
sorprendente que Sudáfrica tenga la estabilidad
que hoy tiene. Muchos leen en la portada de los
diarios titulares sobre disturbios raciales y
creen que la noticia procede de Sudáfrica. Pero
no: siguen leyendo y se enteran de que los
disturbios son en Manchester, Gran Bretaña.
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