AMBIENTE: Haití no resiste más derrotas Por Stephen Leahy UXBRIDGE, Canadá, nov (Tierramérica) - El peor
desastre natural sufrido por Haití requiere
soluciones de fondo para reducir la fragilidad
ambiental de este país caribeño, señalan
funcionarios y trabajadores humanitarios.
Cuatro grandes tormentas azotaron Haití en
agosto y septiembre, dejando casi 1.000 muertos y
un millón de personas sin hogar. La asistencia
internacional se destina a la supervivencia y el
refugio básico de la población, pero el ambiente
necesita otro tipo de ayuda para sanar sus heridas.
"No creo que podamos estar peor. La de Haití
debe ser la crisis ambiental más desesperante del
planeta", dice a Tierramérica desde Puerto
Príncipe el coordinador humanitario residente y
director del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Joel Boutroue.
Boutroue se refiere al futuro de ese país, el
más pobre de América y ocupado por tropas de paz
de las Naciones Unidas desde 2004, y aclara que
"la respuesta internacional al desastre es bastante buena".
Aunque todavía hay zonas de desnutrición
grave, casi todo el mundo tiene acceso a agua
limpia y sólo unas 3.000 familias carecen de refugio, asegura.
Pero es imposible alimentar por mucho tiempo
a un país de 9,5 millones de habitantes en base a
la asistencia internacional. Una meta como el
autoabastecimiento de la mitad de los alimentos
está a años de distancia, según Boutroue.
Haití perdió buena parte de sus suelos
fértiles por la erosión que ocasionó la tala de
98 por ciento de los bosques para usar la madera
como leña. Una tormenta común causa inundaciones
devastadoras, porque no hay mecanismos naturales
de contención y absorción del agua.
Noventa por ciento de los niños haitianos
sufren enfermedades como diarrea, causadas por
agua contaminada, porque no hay bosques ni otra
vegetación ribereña que filtre y limpie las aguas.
Haití lleva muchos años en crisis ambiental,
según numerosos expertos, pero los esfuerzos por
mejorar la situación son muy lentos. La clave
para restaurar lo que alguna vez fueron selvas y
verdes valles es reforestar, construir terrazas
para cultivos y canalizar las aguas.
Se trata de la restauración de cuencas
hídricas, de altísima prioridad para Haití, pero
con muy poco trabajo en el terreno. Insumió tres
años iniciar un solo proyecto, se lamenta Boutroue.
Dos por ciento de la cuenca hídrica de la
norteña ciudad de Gonaïves se restauró a un costo
de entre dos y tres millones de dólares, dice
Boutroue. Pero las tormentas tropicales que
golpearon esa región arrasaron también buena parte del trabajo.
Otras regiones corrieron la misma suerte.
"Cuatro tormentas consecutivas devastarían
cualquier región, incluso en Estados Unidos",
apunta Brad Lewis, encargado de desarrollo de la
organización estadounidense cristiana Floresta,
que trabaja en Haití desde hace más de una década.
"Imaginemos que Nueva Orleans hubiera sido
golpeada por tres tormentas más en las semanas
posteriores al huracán Katrina (2005)", ejemplifica Lewis a Tierramérica..
Floresta trabaja en la plantación de 124.000
árboles y la construcción de casi 300 kilómetros
de barreras para conservar los suelos, pero buena
parte de ese esfuerzo se destruyó cuando la
tormenta tropical Fay fue seguida por los huracanes Gustav, Hanna y Ike.
"La reforestación y las barreras se
mantuvieron tras la primera tormenta, demostrando
que sirven para reducir la erosión del suelo e
impedir inundaciones", apunta Lewis.
Sus esperanzas se centran en que algunos de
sus esfuerzos funcionan, como el nuevo concepto
de "terrazas vivientes", plantando palmeras de
piña (ananás) o caña de azúcar que oficien de
barreras para evitar la dispersión de suelo y
agua. "Son tan eficaces como un muro de piedra y
a la vez son un cultivo alimenticio", explica.
En el círculo de pobreza en que viven, en
general los agricultores sólo pueden cultivar lo
suficiente para sus familias y con prácticas poco
aptas para conservar el suelo.
Esto les impide cambiar de técnicas, en un
país al que las organizaciones y agencias
internacionales llegan, dan un poco de ayuda y
apoyo a nuevas ideas, y se van en seis meses o
dos años, cuando se terminan sus fondos, sostiene Lewis.
Romper ese círculo, desarrollar la capacidad
de alimentar a su propio pueblo y crear
resiliencia ante los futuros impactos del cambio
climático es un desafío enorme, reconoce Boutroue.
El mes pasado, el presidente del Banco
Mundial, Robert B. Zoellick, recorrió el país y
anunció 25 millones de dólares en ayuda de
emergencia para reconstruir los principales
puentes y ampliar programas dedicados a reducir
la vulnerabilidad a los desastres naturales. Ese
monto se suma a 240 millones de dólares otorgados
por el Banco en donaciones y préstamos sin intereses desde 2005.
Pero "ese apoyo es apenas suficiente para
mantener la nariz fuera del agua", dice Boutroue.
La Organización de las Naciones Unidas, el
Banco Mundial y otras entidades desarrollan un
plan Marco para la Recuperación de Haití, trienal
y multimillonario, que será presentado antes de
fin de año para "poner al país de pie", en
especial en restauración de cuencas, servicios
básicos y seguridad alimentaria, agrega Boutroue.
"Sabemos cómo restaurar las cuencas, sabemos
que funciona y tenemos la gente y la capacidad
para hacerlo. Todo lo que necesitamos es más dinero", clama Boutroue.
(FIN/2008) Envíe sus comentarios al editor |